Migrantes varados en el sureste mexicano hallan en el bambú una forma de vida

Tapachula (México) – Varados en el sureste de México en plena pandemia, migrantes de Centroamérica, Suramérica y de África utilizan el bambú como materia prima para realizar artesanías y obras de arte, como parte de un programa de bienestar para personas vulnerables.

Son 300 migrantes originarios de Cuba, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Haití y el continente africano, según datos de la Secretaría de Bienestar del Gobierno de México, en su sede en el municipio de Tapachula, casi fronterizo con Guatemala.

Hoy tallan este otate o guadua (una especie de bambú) de manera artesanal para crear cuchillos, cucharas, tenedores, macetas, vasos, sillas y mesas, que después serán donados a familias vulnerables, o se utilizarán en un curioso proyecto cultural, y por el cual perciben un salario.

Este grupo de extranjeros desarrolla este empleo en una antigua nave hoy abandonada, y con este buscan cubrir sus gastos en vivienda y alimentos en lo que se regularizan sus documentos migratorios.

Se trabaja con esta especie de bambú porque es una materia prima local que permite fabricar todo tipo de productos.

BOMBONA DE OXÍGENO

Tapachula es tristemente conocida por su estación migratoria, la siglo XXI, donde se estima que hay centenares de migrantes hospedados. Pese al mayor control en la frontera sur de México, no han dejado de llegar ni con la pandemia.

El hondureño Gises Flores Valle es el coordinador del grupo de artesanías y tiene a su cargo otros sietes migrantes que elaboran cubiertos de cocina o cualquier artesanía que le soliciten.

«A veces un juego o dos juegos por día conforme vaya al diseño», resume el joven, quien asegura que son productos de mucha calidad que se pueden usar en cualquier  cocina.

Algunos de los migrantes llevan desde los 3 meses en este programa que recibe apoyo federal, mientras que otros acaban de ingresar. Reciben alrededor de 2.500 pesos (unos 125 dólares) a la quincena.

PROYECTO LABORAL… Y CULTURAL

Martín Eduardo Aguilar Reyna, coordinador de los talleres, informó que estos cursos son para trabajar con los migrantes también desde un enfoque cultural.

Ya que se cuenta con un director de cine, una antigua estación de tren donde se trabaja e incluso con la colaboración de un muralista.

Marco Ortiz es un migrante cubano que hoy trabaja haciendo manualidades y además tiene un bonito proyecto entre sus manos, busca contar la historia de los migrantes y el motivo por el cual huyen de su país.

«Todo lo que se usará en el largometraje es realizado por nosotros», desde los personajes hasta los elementos que se usarán.

Con este proyecto, que todavía está en proceso de creación y por el que también se emplean objetos reciclados, se busca dar otra imagen del migrante, mucho más positiva.

Tapachula es desde hace meses una de las ciudades con mayor presión migratoria y se busca que la población deje de lado el racismo, la discriminación e incluso la desconfianza empresarial a la hora de brindar oportunidades.

Saul Baños Castelleiros es cubano y jefe de carpintería. Desde su punto de vista, este proyecto les ayuda y les presta servicios a los migrantes como él que llegan a la frontera sur sin nada.

Y a toda la ciudadanía, refuerza el mensaje de unión y refleja que todos los países son iguales y deben de luchar por el mismo interés de estar bien y en un mundo mejor, explicó. Además, calificó a los migrantes que han trabajado en programas federales de «confiables y responsables».

JS

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