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Madres recuerdan su día entre lágrimas y lucha

Tegucigalpa – Honduras celebra hoy el día dedicado a las madres en medio de un clima incierto debido a la pandemia que azota el país y que ya deja más de un centenar de muertos y 1 mil 830 casos de contagios confirmados.

En Tegucigalpa, las calles solas en la víspera y las ventas de flores cerradas al igual que las pastelerías, los restaurantes y los sitios donde los detalles que tradicionalmente se exponen para agasajar a las madres, parecen ser solo frescos recuerdos, constató Proceso Digital en un recorrido por las calles capitalinas.

Tampoco la paz de los cementerios se ha alterado. Este sábado, no se ven las familias y amigos limpiando las tumbas para tenerlas listas y colocar las flores junto con las plegarias dominicales.

En ese contexto y con el dolor a flor de piel la fecha llega para mujeres como doña Digna Emérita Elvir, quien perdió a su hijo mayor hace cinco días en medio de la emergencia nacional provocada por la pandemia de COVID-19.

“Siento un dolor grande por haber perdido a mi hijo el martes de esta semana. Es algo horrible lo que estoy pasando”, fueron las primeras palabras que entre lágrimas pronunció la apesarada madre.

En entrevista con Proceso Digital, doña Digna contó que desde que comenzó la emergencia por la pandemia de COVID -el pasado 15 de marzo- su hijo entró en depresión ya que no podía obtener dinero para llevar comida a su hogar y mantener a sus tres hijos.

Hijo dona dignaDoña Digna llora todos los días la muerte de su hijo.Su hijo, Héctor Adrián Elvir Bermúdez (33), se dedicaba a conducir una mototaxi en la colonia Sagastume, en la capital hondureña. De ahí sostenía a su familia con lo poco que podía conseguir cada día.

El prolongado toque de queda y sus consecuencias en la inmovilidad provocaron depresión en el joven. “Se deprimió tanto que tomó la decisión de quitarse la vida. Como madre es un gran dolor porque la verdad de las cosas es que ya no lo voy a volver a ver”, relató entre lamentos.

Insistió que “él estuvo con depresión desde que comenzó esta enfermedad (COVID 19), se desesperó tanto que tomó la decisión de matarse”.

Héctor Adrián tenía tres niños que sostener. “Lo que a él lo mató fue no tener trabajo, no tener ayuda, por eso se deprimió tanto”.

Familia destrozada

A doña Digna le quedan tres hijos, los que también sufren por la partida repentina del hermano. Todos están deshechos. “Es horrible lo que estamos viviendo”, expresó la madre, una mujer humilde que se gana la vida en trabajos de limpieza.

El hijo mayor (11 años) fue quien encontró el cuerpo sin vida del papá. Él llora todos los días y está descontrolado, contó Doña Digna Emérita.

Digna ElvirHéctor Adrián y su madre en una composición de fotos.Con dolor comentó que la pandemia les impidió en los últimos días una comunicación fluida, – “casi no los veíamos por esto de la pandemia, pero por mensajes de teléfono me decía que no aguantaba la situación, que se quería ir mojado a Estados Unidos, que le ayudara porque sin trabajo tenía a sus niños aguantando hambre”.

El ahora occiso fue enterrado en el cementerio de la colonia La Era el miércoles de la presente semana en un evento fúnebre supervisado, tras presentar un documento médico en el que se explicaban las causas de su muerte.

La madre relata que en su último mensaje el primogénito le hizo saber que él nunca la olvidaría, por ello, refirió, – este domingo que se celebra el día de las madres será un día amargo para toda la familia. “Será duro para mí, en estos momentos no sé ni qué pensar porque yo ya no tengo un hijo, ya no lo volveré a ver”, manifestó al soltar el llanto.

Concluyó enviando un mensaje a todas las madres: “Se me acaban las palabras, este es un dolor muy fuerte. Les digo a las madres que aconsejen a sus hijos porque a veces no sabemos cómo están ellos, hay que apoyarlos y no dejarlos, como madres tenemos la responsabilidad de entenderlos aun ya grandes y casados. Perder a un hijo es lo más duro que hay, es lo más horrible”. Doña Digna no puede más con su relato y remata la plática con la siguiente frase: “Voy a extrañar sus palabras y sus mensajes…”.

La fiesta que ya no es

La fiesta se ha trastocado como la normalidad misma.

Pero, más allá de ello, en medio de la anormalidad, las madres que hacen frente a las demandas de sus hogares desde distintas instancias, ellas tratan de poner su mejor esfuerzo para evitar que el contagio toque a los suyos.

Ello implica desde los trabajos domésticos para muchas, el teletrabajo para otras tantas y no son pocas las que salen a asumir sus responsabilidades en la primera línea de contención de la pandemia, ni son menos las que aun en cuarentena se ven forzadas a camuflarse para traer algo de pan a sus hogares.

Ellas, las madres hondureñas están allí, en primera fila para hacer menos pesado el inédito momento que envuelve a Honduras y al mundo.

Muchas son víctimas de esa ola indetenible de violencia que con la pandemia se ha recrudecido en todo el país, según lo reflejan las cifras de Observatorio de la Violencia de la UNAH.

Otras enfrentan la pena de la discriminación como las que son enfermeras o médicos y son vistas con desprecio, rechazo y hasta ataques violentos.

Están también las madres jefas de familia, que son más de 700 mil. Ellas sostienen el 33% de los hogares hondureños de acuerdo a datos del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh).

Mientras las madres adolescentes representan una tasa de 68.4 por cada mil mujeres entre 15 y 19 años, indica en su informe el Fondo de Población de la ONU (UNFPA).

Y así, el país discurre, la cuarentena mantiene  su ritmo, los muertos son cada día más, los contagios se incrementan y la falta de trabajos podría volverse otra pandemia no menos peligrosa…

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