Los cerdos y el despeñadero

Por: Pedro Gómez Nieto
Asesor y Profesor CISI

El pasado 30 de marzo escribía en la columna sobre las tres olas que provoca el tsunami de la guerra bilógica: contagio, economía, para terminar golpeando la ola social, cada una solapándose sobre la anterior. La ola económica rompe el tejido industrial, producción, transporte y distribución, destruyendo los puestos de trabajo, los recursos familiares, la alimentación… En diciembre de 2019, antes de escucharse el sonido de la trompeta del Apocalipsis, David Beasley, director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, había advertido que 135 millones de seres humanos estaban pasando hambre en el mundo. Iniciado el Armagedón, ante el Consejo de Seguridad, Beasley aseguró que esa cifra puede elevarse hasta golpear a 265 millones de personas por el Covid-19 y sus efectos colaterales. “Estamos ante una catástrofe humanitaria global, podemos enfrentarnos en pocos meses a múltiples hambrunas de proporciones bíblicas, el mundo debe actuar sabiamente y rápido”.

 

Cinco países encabezan esa lista negra, uno en Latinoamérica, Venezuela. Por ese motivo, iniciativas como el “Sistema de Abastecimiento Agroalimentario Regional” (SAAR), plataforma digital creada por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), junto a la Unión Europea (UE), para el comercio regional entre Centroamérica, República Dominicana y México, son buenas noticias. El objetivo es concretar en tiempo real la seguridad alimentaria en función de disponibilidades, excedentes y escasez. La pandemia ha evidenciado los desajustes de estructuras supranacionales, lentas para liderar estrategias conjuntas en beneficio de sus miembros. La globalización conlleva la dispersión de insumos que en esta crisis planetaria todos los países necesitan simultáneamente y con urgencia. Esa debilidad determinó que el presidente de la República expresara: “Esta crisis permite visualizar la necesidad de desarrollar una economía intrarregional autosuficiente”.  

En esta guerra biológica el gobierno asume un colosal desafío, porque a las debilidades endémicas del sector salud debe sumarle la falta de apoyo de una parte de la población, indolente, ignorante, contestataria, que ha hecho del irrespeto a la autoridad e instituciones su deporte nacional. Detrás de ellos están políticos fracasados, pesebristas y palmeros, que han entendido la pandemia en clave política y no como un problema de Seguridad Nacional. Decía el filósofo John Mill que el valor de una nación no es otra cosa que el valor de los individuos que la componen. Las declaraciones de Pedro Barquero, director de la CCIC, anunciando que se retira de las mesas técnicas para la emergencia por coronavirus, están en esa línea. No dijo que lo hiciera por haber observado irregularidades sino porque “otros (que no están en las mesas) han denunciado irregularidades”. Un despropósito porque la manera de verificar la existencia de anomalías es estando dentro, no marchándose para convertirse en vocero de intereses espurios y aspiraciones políticas de terceros. Poco tardó la socialista Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos, en posicionarse a favor de la izquierda contestataria ofreciéndose como caja de resonancia. Vomitiva tropelía que Bachelet coloque a Honduras al nivel de Venezuela, porque es injusto y falso. La historia de la humanidad confirma que el pueblo es siempre la ofrenda sacrificada en el altar de la democracia para conseguir el poder.

El Covid-19 será la “prueba del algodón” para que cada funcionario, político, y profesional, muestren a Honduras su altura moral, capacidades, y compromiso social. Decía Simón Bolívar que un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción. No existe infraestructura sanitaria que pueda hacer frente a irresponsables que no obedecen las indicaciones de las autoridades para permanecer en sus domicilios, que no implementan medidas de bioseguridad, que se infectan, automedican, y propagan el contagio antes de acudir a un centro de salud, para terminar culpando al gobierno de su propia negligencia.

El evangelio de Lucas 8,32, describe la presencia de Jesús en la comarca de los gerasenos, donde identificó a demonios que estaban atormentando a los habitantes. No queriendo ser descubiertos por el pueblo, los demonios le pidieron a Jesús poder esconderse en una piara de cerdos que hozaban por el monte. Finalmente el maligno sacrificó a los cerdos dirigiéndolos hacia un despeñadero y arrojándose con ellos, para evitar que se descubriera lo que son y lo que representan para el futuro de Honduras, la oscuridad. Repetir lo que otros repiten no significa que sea verdad significa que estoy en la piara.

“No hay tinieblas sino en la ignorancia”.   -William Shakespeare-

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