La vitimización como manipulación politica

Por: Pedro Gómez Nieto
Asesor y Profesor CISI

El concepto “victima” está ligado al de dolor y sufrimiento, pero no son sinónimos, como tampoco lo son emoción y sentimiento. Cuando desaparece la emoción el sentimiento permanece. El dolor físico, la desgracia, deja paso al sufrimiento interior manifestándose por signos de tristeza, aflicción, postración… “Duele el alma” es una expresión de ese sufrimiento insoportable que colapsa las emociones. Decía Buda que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Hay que buscar la forma de canalizarlo, darle una salida evitando se enquiste en el corazón y termine consumiéndonos, lo cual no significa que podamos hacerlo desaparecer.

En política, quienes se victimizan quejándose de su situación no buscan compasión sino aliados que les resuelvan los problemas. “Hay que cuidarse de algunas víctimas porque son muy peligrosas”, advierte el filósofo Bert Hellinger, alumbrando los partidos de oposición. Este modelo de fenotipos son manipuladores, inducen a la gente para que tomen partido, se solidaricen e impliquen en su causa contra el gobierno, arrogándose la vocería. Quienes no los apoyen serán tachados de colaboracionistas, por tanto culpables, crucificados en los tribunales mediáticos. Simplifican lo complejo para que parezca fácil, generando la ilusión de que todos los problemas y necesidades tienen una solución rápida y sencilla, a cambio del voto para agarrar el poder. 

Cuaderno de bitácora. Cuando el pasado año los próceres abanderaron un paro nacional, el locutor amenazó explícitamente a los empresarios advirtiéndoles que, si no se implicaban en la huelga, el pueblo los acusaría de apoyar al gobierno en la narcoactividad. Tremendo error porque trabaja en una Corporación cuyas empresas nunca apoyaron el paro, ¿entonces? Manuel Zelaya mantiene el discurso victimista a cuenta las consecuencias de su «Cuarta Urna», “una simple consulta popular” como la califica para bajarle perfil. Pero silencia que tenía preparado el decreto presidencial, fechado el 27 de junio 2009, que vinculaba el resultado de la encuesta con la instalación de una Asamblea Constituyente. El locutor se queja porque el gobierno le robó “su” PAC, ocultando que trató de impedir nuevos movimientos que le hicieran sombra, para finalizar con aquello de “no acataré ningún llamado del TSE”. Visceral su frase: “Pongámonos el taparrabo y sigamos con la ley de la selva”, cuando precisamente eso fue lo hizo al violentar la ley, para terminar victimizándose.

La victimización es seña de identidad de la oposición. La frase “persecución política” es su trinchera mediática. Cualquier investigación sobre actividades, escandalo personal, familiar… automáticamente lo interpretan en clave política quedando contaminada, desvirtuada por “interés manifiesto”. La victimización es un atajo a la impunidad, un salvoconducto para situarse al margen de la ley eludiendo responsabilidades. Como señala Hellinger, la victimización es un cáncer para las democracias. 

Políticos y empresarios están detrás de la difusión en las redes fecales de videos donde se hace explicita apología del odio, combustible para incendiar el país. Estos descerebrados creen que cuanto peor le vaya a Honduras, cuanto más sufra la gente, más posibilidades tienen de agarrar poder. Sus acciones recuerdan las técnicas de manipulación del nazi Goebbels para justificar el exterminio judío. Pueden injuriar, pisotear la dignidad de personas impunemente, pero respingan cuando se convierten en noticia por problemas personales o familiares, divulgados en los medios por los protagonistas no por el gobierno. Victimizarse diciendo que es una campaña orquestada por el poder es una grosera mentira que no hace desaparecer el hecho ni la implicación personal, solo muestra hipocresía sublime. Ser político conlleva vivir bajo un techo de cristal para que la sociedad observe comportamientos, valores, honestidad… Al que no le guste que ponga una pulpería.  

Un nuevo ordese abre paso, la ética del pensamiento dogmático, la neoinquisición. Las jaurías tienen listas las antorchas para incendiar Roma, solo falta que los próceres encuentren su Nerón. Al comportamiento fanático lo llaman “democracia popular”, siendo la victimización el estercolero donde ocultar limitaciones y justificar incapacidades. Utilizan las emociones y la ofensa para rehuir un debate franco, democrático y libre, apuntala el analista Axel Kaiser. No necesitan rebatir ideas, solo destruir reputaciones. No los veremos en foros presentando sus propuestas construidas sobre sus idearios políticos, rebatiendo las del adversario. No tienen, no saben, no les interesa. Su mérito es haber institucionalizado el insulto en el lenguaje político.

“Las sociedades son manipuladas por una supuesta libertad de expresión detrás de la cual se esconden intereses de dominación”. -Hugo Chávez-

 

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