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La vergonzosa encerrona de los sandinistas al Papa Juan Pablo II

Mis Personajes inolvidables – 6

Miami, (EEUU) – (Especial para “Proceso Digital” – Por Alberto García Marrder).

No creo que tenga que justificarme por haber elegido al Papa Juan Pablo II, ahora un santo de la Iglesia Católica, en mi lista de diez de “Mis Personajes Inolvidables”, tras haberlo seguido como periodista en sus giras por América Central (1983) y Cuba (1998).

Y sobre todo, por haber sufrido con él “aquel” 4 de marzo de 1983 en Managua (Nicaragua).

Fue repudiable, vergonzoso, cruel y grotesco. Fue cuando turbas sandinistas profanaron una misa al aire libre del Papa Juan Pablo II en el momento cumbre de la consagración.

Yo estaba esa tarde, como corresponsal de la Agencia Española de Noticias EFE, en la Plaza 19 de Julio de Managua, junto a más de medio millón de nicaragüenses y sentí una tremenda vergüenza ajena.

Las manipulaciones del gobierno comenzaron cuando pusieron detrás de la improvisada plataforma donde daría el Papa la misa una enorme pancarta con las imágenes del líder sandinista  Augusto César Sandino y otros líderes de la revolución. Y con letras grandes, este texto: A 20 AÑOS DE LUCHA, JURAMOS DEFENDER LA VICTORIA. La Iglesia Católica Nicaragüense y la Nunciatura protestaron en vano. El gobierno dijo que no la quitaba.

Los jóvenes radicales sandinistas, en el poder tras derrocar al dictador Anastasio Somoza Debayle, querían montar su “show”, aunque este rayara en lo infame y ridículo.

Estaba muy cerca de la plataforma donde estaba el Papa y observaba sus expresiones y un enfado mal controlado. De nada servían sus constantes “Silencio”.

Las turbas, bien dirigidas y con un sistema de sonido que les favorecía gritaban sin parar “Queremos la paz”.

Los ánimos estaban caldeados tras la muerte de 19 jóvenes sandinistas en enfrentamientos en la frontera norte con los llamados “Contras” nicaragüenses que se habían alzados en armas, con la ayuda clandestina de Estados Unidos, para derrocar al gobierno sandinista de izquierdas.

Varias decenas de madres nicaragüenses, que habían ocupado desde muy temprano los puestos de las primeras filas, gritaban sin parar “Queremos la Paz”, que se escuchaba nítidamente en toda la plaza, gracias a las manipulaciones en una mesa de control del sonido, escondido en una caseta que si podíamos mirar los periodistas.

El Papa, sorprendido por este desafío a su autoridad, contestaba con la voz ya ronca: “La Iglesia también quiere la paz”. De nada servía, seguían los gritos.

Su Santidad había enfurecido a las turbas cuando, saliéndose del discurso oficial y claramente refiriéndose al sandinismo, recordó el pasaje del Evangelio de de San Mateo 7:15-27: “Cuídense de los falsos profetas. Se presentan con piel de cordero, pero por dentro son lobos feroces”.

Juan Pablo II no pudo acabar la misa y esta terminó de prisa y corriendo.

Yo había estado esa mañana presente en el Aeropuerto de Managua cuando llegó el Papa y tuvo el primer encontronazo con el gobierno sandinista. Una gran pancarta estaba colocada en la terminal:

“Bienvenido a la Nicaragua libre, gracias a Dios y a la revolución”.

El Papa escucha el discurso de bienvenida del Comandante Daniel Ortega, Jefe de la Junta de Reconstrucción Nacional.

El máximo líder sandinista, Daniel Ortega, y la mayoría de su gabinete vestían uniformes verde olivo. Cuando Ortega le iba introduciendo a sus ministros, Su Santidad se paró frente al de Cultura, el cura y poeta Ernesto Cardenal. Este se hincó y trató de besarle su anillo, lo cual no lo permitió el Papa.

Y amenazando con un dedo acusador, le dijo dos veces. “Tiene que regularizar su situación con la Iglesia”. En referencia a que la Iglesia no aprueba que los sacerdotes trabajen para un gobierno.

Esa foto fue la que se publicó en todo el mundo al día siguiente.

El Papa amonesta al cura Ernesto Cardenal, Ministro de Cultura  del gobierno sandinista. (Foto Barricada Files).

Que contraste de esa tormentosa visita del Papa a Nicaragua con la que él realizó a Cuba en 1998. La Agencia EFE me encargó cubrir la parada en Santiago de Cuba, donde estaba Raúl Castro. Y en la Habana, Fidel Castro. No hubo, en ningún momento nada parecido a las grotescas ofensas sandinistas.

Juan Pablo II hizo un segundo viaje a Nicaragua, en 1996, pero ya no estaban los sandinistas en el poder.


Mañana, el séptimo tema de la serie:«He entrado tres veces al Corredor de la Muerte en Florida…con el corazón encogido».

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