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La última princesa del palacio de Caravaggio: «Espero que lo traten con amor»

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Roma – La «última princesa» del palacio con el único mural de Caravaggio, Rita Jenrette, asume con cierta amargura que su villa romana será vendida en abril, a pesar de que en la primera subasta no recibió ninguna oferta de compra, lo que le da algo más de margen para permanecer en la que ha sido su casa durante 20 años.

Contemplando con añoranza el retrato de su marido, el aristócrata Nicolò Boncompagni Ludovisi, fallecido en 2018, la rubia actriz de Texas (EEUU) recuerda el desconcierto que sintió cuando recibió la orden del juez para sacar a subasta su «hogar».

«No pude dormir durante muchos meses, pero al final tienes que aceptar estas cosas: no quiero seguir luchando porque he hecho todo lo que podía», explica a Efe la tercera esposa del aristócrata italiano, de quien heredó el palacio y el título de «princesa».

Después de que se declarase desierta la puja por la villa, que salía a la venta por 471 millones de euros (unos 534 millones de dólares), la heredera podrá seguir viviendo en el palacio que compartió con su marido, un alivio que durará al menos hasta abril, cuando la subasta se volverá a repetir a un precio un 20 % menor.

Su gran sueño

«Solo espero que el comprador sea alguien con un verdadero sentido de la preservación del arte, de la historia y de la familia, y que trate este palacio con el amor y respeto que le dimos mi marido y yo», desea Jenrette, quien dice orgullosa que «su gran sueño» es un buen futuro para el palacio.

Con este objetivo en mente, la actriz y periodista texana explica que le gustaría que fuese el Estado italiano quien adquiriese la villa, aunque considera «difícil de justificar su compra» con el país en crisis por la pandemia.

La alternativa, «un particular adinerado», también agrada a Jenrette, quien confía en que, tras comprarlo, lo restaure para poder disfrutarlo y no solo «para revenderlo».

ABRIR LAS PUERTAS DEL PALACIO

La reducción de precio de salida en la próxima subasta del palacio afectará al bolsillo de la «princesa», que se quedará con la mitad de las ganancias, aunque ella prefiere ganar menos «y tener a alguien que cuide del lugar y lo mantenga abierto».

La Villa de la Aurora, un edificio de 2.800 metros cuadrados repartidos en seis plantas, con un maravilloso jardín en el corazón de Roma y un impresionante acervo artístico, ha podido ser visitada por el público desde hace más de diez años.

«Fui la primera persona que abrió las puertas de la villa en 500 años», afirma orgullosa esta apasionada del arte que relata con detalle a sus visitantes la historia de las estatuas y los cuadros que decoran las paredes de la villa.

Por esta pasión que profesa, espera que el comprador permita al menos una vez al año que los amantes del arte puedan admirar el único mural de Caravaggio, que se esconde en la bóveda de una de las pequeñas salas, así como los demás frescos de grandes maestros desde el «Cinquecento» que acoge.

Dejar atrás su legado

«Viví los mejores 20 años de mi vida con el hombre al que amé, y eso es una gran responsabilidad porque fuimos una pequeña parte de la historia de esta casa», relata emocionada la actriz texana.

En abril, con la probable venta, Jenrette deberá dejar su palacio y mudarse seguramente a otro palacete de Roma, pese a que se sentirá «muy triste».

«Será muy doloroso ver los cambios» que haga el comprador.

A pesar de atravesar un momento tan amargo, la «última princesa» de Villa de la Aurora cierra este capítulo de su vida satisfecha de todo lo que ha hecho por una joya en la que deja «parte del legado de su marido». (ag)

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