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Honduras: 46 mil muertes en once años, ¿nos acostumbramos a la violencia?

Tegucigalpa.- Han pasado 25 años desde que se suscribieron los Acuerdos de Paz centroamericanos, que pusieron fin al conflicto bélico en América Central y la guerra de baja intensidad con un saldo de miles de muertos para Guatemala, El Salvador y Nicaragua, países que protagonizaron el principal teatro de guerra. Honduras, Costa Rica y Panamá, aunque no tuvieron una guerra interna, no escaparon a la cresta del conflicto. Pero, ahora, tiempo después, la historia es otra: Honduras registra 46,450 muertes violentas en once años, una cifra impactante, de escalofrío y múltiples interrogantes sobre las causas.
 

¿En qué momento el país se fue de las manos? ¿Es tan común la violencia que los hondureños se acostumbraron ya a vivir en ella? ¿Se está frente a una guerra “no convencional” sin una estrategia clara de combate? ¿Cuándo comenzó esto? ¿Pasará el país la cresta de la ola o se está sobre ella?

El Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, que dirige el médico Ramón Custodio, nuevamente es la entidad que en base a cifras de Naciones Unidas y del Observatorio de la Violencia de la UNAH presenta al país una lectura de estos últimos once años, al hacer hincapié que en los años 2010 y 2011, más de 12 mil hondureños han sido asesinados en este país sin que se conozcan sus causas.

En el 2011, el país registró un total de 7,104 muertes violentas, con un promedio diario de 19 asesinatos, apunta el comisionado.

Acuerdos desatendieron problemas ancestrales

Honduras, sin proponérselo, parece que sigue la cresta de la violencia que asola a Guatemala, El Salvador y México, último país que en nueve años reporta un promedio de 124,792 homicidios, en su mayoría producto del enfrentamiento en los carteles de la droga, según cifras de Naciones Unidas. Esos carteles mexicanos ya se han instalado en América Central y su virulencia se hace sentir en el istmo, en especial en los países que conforman el “Triángulo Norte”: Guatemala, San Salvador y Tegucigalpa.

No obstante, la violencia y la inseguridad no parte sólo de la presencia de los carteles del narcotráfico. Tiene raíces más profundas que estas redes criminales han sabido explotar y acaparar, sostienen expertos.

Los acuerdos de paz, aseguran, garantizaron el retorno a una democracia formal, la construcción de institucionalidad, pero ello no fue suficiente para solventar graves problemas de pobreza, empleo, vivienda, acceso a tierra, equidad en la justicia, entre otros.

La socióloga y experta en temas de seguridad, Mirna Flores, declaró a Proceso Digital que las cifras de muertes presentadas por el Comisionado de los Derechos Humanos en estos últimos once años, sólo refleja “que nos hemos acostumbrado a la violencia, a vivir en ella, por eso no impacta, no genera un choque para trabajar en propuestas integrales que no sean solo represivas”.

“Estamos peor que cuando tuvimos el conflicto político de los años ochenta, el número de muertes en Honduras por homicidios es impresionante y el problema parece que ha pasado desapercibido. Hoy somos un país prácticamente en guerra y eso no es posible, por eso seguimos siendo vistos como una nación violenta”.

Flores indica que en este país, los brotes de violencia e inseguridad se registran a mediados de los años noventa. Los acuerdos de paz centroamericanos pasaron desapercibidos los problemas de empleo, de migración, de la falta de oportunidades a los jóvenes, la pobreza y la desigualdad, acotó.


El fracaso de la Policía en Honduras

Los países centroamericanos con la vuelta a la democracia, no pudieron desarrollar una capacidad institucional de dar respuestas a las demandas de la democracia. En el caso de Honduras, sostiene, la institucionalidad no solo es endeble, sino que ha demostrado que “la policía ha fracasado en darnos seguridad y por eso se acude a los militares”. La policía hondureña está en medio de una vorágine conflictiva que devela sus nexos con el crimen organizado y el proceso de depuración y reforma va muy lento.

“El problema de la violencia fue desatendido, no fue percibido porque ha existido una incapacidad del Estado para entender el problema y sus causas. En mis investigaciones, se ve que la violencia comienza a crecer a mediados de los años noventa y por ahora no han podido revertirlo”, dijo Flores, quien elabora su tesis de doctorado en materia de seguridad comparando las experiencias en varios países centroamericanos, que le ha permitido tener una visión global, regional y nacional del problema de la inseguridad.

De acuerdo al informe del Comisionado Nacional de Derechos Humanos, el cual fue entregado al Congreso Nacional como parte de sus funciones de rendición de cuentas, las cifras proporcionadas evidencian que esta nación centroamericana enfrenta una “epidemia” de inseguridad. La tasa nacional de homicidios para el 2011 fue de 86 muertes violentas por cada 100 mil personas, una tendencia que no disminuye, al contrario, tiende a aumentar, al margen de los operativos relámpagos combinados entre policías y militares.

Así, en el 2004, Honduras registró una tasa de homicidios de 30.7 por cada 100 mil personas, la cual en el 2011 se disparó a 86.5, con lo cual “supera casi 10 veces más la tasa mundial de 8.8 que establece la Organización Mundial de la Salud”, señala en su informe Ramón Custodio.

Homicidios se disparan 227 por ciento

El Observatorio de la Violencia de la UNAH registra que en los últimos ocho años, la tasa de homicidios se disparó en 227 por ciento, siendo los jóvenes varones las principales víctimas, acota la socióloga Flores, quien fue la primera directora de ese ente académico.

En ese mismo período de ocho años, el uso de armas de fuego anduvo por el orden del 92 por ciento, evidenciando así que el país tiene un tráfico de armas al cual no se le ha puesto el acento debido.

El Comisionado de Derechos Humanos informa también que de los 18 departamentos de Honduras, siete de ellos sobrepasaron la media nacional de 86.5 homicidios por 100 mil habitantes.

Los departamentos son Atlántida (147,47 homicidios por 100 mil), Cortés (125.68), Colón (123.73), Copán (115.51); Yoro (97.9), Ocotepeque (96.81) y Francisco Morazán (89.2).

Estos departamentos son parte de las llamadas zonas calientes de la inseguridad, en su mayoría colindantes con Guatemala y El Salvador, países en donde el tránsito no solo es de drogas, también de migrantes y trata de personas, según últimos estudios de entes no estatales.

Honduras vive así una especie de “ausencia de paz” matizada por una guerra no convencional que tiene su principal centro en la violencia y la incapacidad estatal por garantizar la seguridad y la vida de sus habitantes.

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