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Fiesta cívica

Luis Cosenza Jiménez

El pasado 28 de noviembre, los hondureños convertimos el proceso electoral en una verdadera fiesta cívica.  Demostramos que cuando nos proponemos algo, podemos lograrlo.  Un gran número de personas votaron masiva y pacíficamente, vencimos el abstencionismo y elegimos a una mujer como Presidente de nuestra nación.  A muchos nos sorprendió la magnitud de la derrota del Partido Nacional, pero todo indica que el voto de castigo a ese partido fue enorme.  En efecto, el partido se quedó solo con su voto duro.  El resto, los independientes y muchos de aquellos que normalmente votarían por otro partido, votaron por doña Xiomara. 

La corrupción, el narcotráfico, la ineptitud y la arrogancia le pasaron factura al Partido Nacional.  Su candidato, don Tito Asfura, no se desligó públicamente de don Juan Orlando y por tanto el electorado le castigó.  Distinto pudo haber sido el resultado si don Tito hubiera públicamente ofrecido derogar la legislación que dio origen a las Zedes y aquella que fomenta la impunidad de los diputados y si además hubiera públicamente declarado su intención de constituir otro ente similar a la MACCIH o la CICIG.  Al ponderar la madurez de nuestra gente es necesario resaltar el comportamiento de don Tito Asfura quien, de manera oportuna, visitó a doña Xiomara para felicitarle por su triunfo y desearle éxito en su gobierno.  Tito ha dado muestra de su altura y debemos agradecer su servicio público y desearle éxitos en su futuro.

Pero volviendo al tema de nuestras elecciones, pareciera que Libre, junto con el apoyo de PSH y del Partido Liberal controlará el Congreso, comenzando con el nombramiento de su Junta Directiva.  El tiempo se encargará de mostrar la factura que el Partido Liberal pasará por su apoyo.  Ahora solo resta que quienes dirigieron la campaña del Partido Nacional, y que resultó en una histórica paliza, se hagan a un lado y permitan que una nueva generación tome las riendas de ese Partido.  Nuestra democracia necesita de por lo menos dos partidos fuertes que puedan alternarse en el poder y a todas luces el Partido Liberal se debilita continuamente. 

Si bien cuenta con un importante grupo de alcaldes que gozan de gran apoyo popular, estos no tienen proyección nacional, ni peso en el Comité Central Ejecutivo de ese partido.  Todo indica que el proceso de recuperación de ese partido tendría que pasar por  la adopción de un mecanismo que brinde a esos alcaldes voz y voto en las decisiones del Central Ejecutivo.  Por otro lado, el voto ponderado de las personas en el ámbito presidencial y municipal revela que el sistema funciona muy bien cuando se trata de una elección uninominal. 

Es también evidente que nuestro sistema no funciona en cuanto a la elección de diputados. No es razonable, ni deseable, ni serio, pedir que las personas voten por veintitrés candidatos.  Muy pocas personas se tomarán el tiempo de investigar a ese número de candidatos presentados por cada partido político.  Lo que resulta es que se fomenta el voto “en plancha”, con todos los inconvenientes que eso tiene.  Además, cuando veintitrés personas representan a un ciudadano, nadie le representa.  El sistema actual también milita en contra de la rendición de cuentas de los diputados a los electores.  Ya es hora de dar un paso clave para fortalecer nuestra democracia.  Ya es hora de optar por los distritos electorales uninominales.  Comencemos en las próximas elecciones por elegir diputados por municipio, en lugar de hacerlo por Departamento.  Esto es muy fácil de hacer y no  incrementaría el costo del proceso electoral.

La experiencia me dice que el momento más feliz para un político es el período entre el triunfo electoral y la toma de posesión.  Después de eso viene la parte difícil y esta vez no será la excepción.  Don Mel Zelaya recibió el país en una situación radicalmente diferente a la que enfrentará la Administración de doña Xiomara.  La situación del país, particularmente el peso del servicio de la deuda y la crisis financiera de la ENEE, reclaman la atención inmediata del gobierno y le cierran, o al menos reducen drásticamente, el espacio fiscal para cumplir con varias de las promesas hechas al calor de la campaña.  El amplio margen de la victoria de doña Xiomara se presta para que algunos piensen que ella cuenta con el capital político necesario para implantar sus reformas controversiales o para emprender varias medidas populistas. 

Sin embargo, a mi juicio el apoyo a doña Xiomara de parte de quienes no figuran en el voto duro de Libre fue producto del deseo de esas personas de sacar al Partido Nacional del poder y no de su apoyo a doña Xiomara o a su plan de gobierno.  Dependiendo de las medidas que tome podría fácil y rápidamente perder el apoyo de esas personas y quedar sola con el voto duro de Libre, lo cual le haría difícil gobernar.  El uso prudente e inteligente de su capital político será el primer reto que enfrentará doña Xiomara.

Muchos recordamos el caos, la ineptitud, la polarización y la improvisación del gobierno de don Mel.  Le favoreció el hecho de contar con una situación económica mucho más bonancible que la que vivimos ahora.  Doña Xiomara puede optar por repetir los errores de don Mel, o por hacer su propio camino, con pragmatismo y solidaridad con los más pobres.  Roguemos a Dios que la ilumine para que tome la mejor decisión para nuestra Nación.  Después de todo, un buen gobierno de doña Xiomara favorecerá a todos, sin distingo de simpatía o militancia política.

Hemos superado una larga pesadilla.  Una pesadilla desgastante y polarizante. Dios quiera que estemos ahora en los albores de un nuevo futuro que brinde esperanza y bienestar a todos.  Como nación, decidimos tomar la medicina para poner fin al mal que nos aquejaba.  Dios mediante la medicina no será peor que dicho mal.  Tengamos fe y apoyemos al nuevo gobierno en todo lo que tenga sentido y beneficie a nuestra patria. 

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