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Elecciones y preocupaciones

Por: Luis Cosenza Jiménez

El pasado domingo 12 tres partidos políticos celebraron elecciones, internas o primarias, en nuestro país. 

Las elecciones fueron precedidas por una campaña abundante en tonaditas y en fotografías de guapas candidatas.  Este proceso electoral se dio tan solo unos días después que uno de los jefes del grupo conocido como “Los Cachiros” señalara a varios políticos, y a algunos funcionarios públicos, por participar en el narcotráfico.  Lamentablemente, la clase política optó por ignorar las preocupantes declaraciones de dicho personaje y decidió proceder como si nada hubiera ocurrido.  A la luz de lo acontecido, me atrevo a decir que estamos destruyendo la credibilidad de nuestro sistema político y fomentando el abstencionismo.  Seguramente que la clase política nos dirá que hubo una masiva votación, con una afluencia de votantes jamás vista, y seguramente nadie les creerá.  Basta analizar los resultados de las últimas elecciones generales para comprobar cómo el abstencionismo ha venido creciendo, y con lo que estamos viviendo y experimentando, me parece que seguirá aumentando.  Pero veamos la situación en más detalle.

Me atrevo a decir que hemos presenciado una campaña insulsa y desabrida, carente de propuestas y discusiones serias.  Solamente en el Partido Liberal se dio un breve debate entre los precandidatos.  Siendo eso así, ¿cómo podría un votante seleccionar un candidato?  En el Partido Nacional y en LIBRE, ni siquiera había competencia por la candidatura a la presidencia de la República.  Si nos centramos en las candidaturas para diputados al Congreso Nacional, ¿cómo escoger al candidato?  Recordemos que los diputados no representan a nadie, salvo aquellos casos en los cuales hay tan solo un diputado por Departamento.  En Francisco Morazán son 23 candidatos a diputado por partido, y yo pregunto, ¿cuál de esos 23 le representa a usted, amiga lectora?  Los 23 nos representan a todos, y por tanto representan a nadie.  La clase política se ha negado a considerar la adopción de distritos electorales uninominales, donde  solo un diputado representa a la población de su distrito.  En ese caso seguramente que el lector se sentiría representado y por tanto interesado en votar.  Con su tozudez la clase política fomenta el desinterés, la apatía y el abstencionismo.  Para entender la ceguera de la clase política debemos recordarque los dueños de los partidos prefieren que los diputados sean fieles a ellos y no a quienes los elegimos.  Ellos piensan que solo así podrán mantener su poder.  Poco les importa que en el proceso destruyan la democracia.

Igualmente difícil resulta aceptar que la clase política simplemente ignore las impactantes declaraciones de uno de los jefes de Los Cachiros.  Ya antes han ignorado las revelaciones de un periodista del New York Times sobre la conspiración para asesinar a Arístides González.  Al parecer piensan que la estrategia del avestruz, quien frente al peligro entierra su cabeza en la tierra, les ha servido bien, ya que, según ellos, el pueblo tiene una corta memoria y además no tiene la capacidad de procesar varias crisis simultáneamente.  Si algunas personas mencionadas en las declaraciones del jefe de Los Cachiros buscan ser candidatos a cargos de elección popular, es posible que resulten beneficiados en los recién celebrados comicios.  ¿Quiere esto decir que iremos a las elecciones generales con algunos candidatos señalados por Los Cachiros?  ¿Es que la clase política no se percata del grave daño que le causa a nuestro país?  Por otro lado, todos sabemos que los juicios en Estados Unidos continuarán, y por tanto es probable que haya más señalamientos y que estos podrán abarcar a otras personas.  ¿No debería la clase política limpiar la mesa antes de proponer candidatos para las elecciones generales?

Para finalizar, permítanme señalar que aunque la clase política no lo crea, estamos frente a una difícil situación que podría conducir a otra profunda crisis en nuestra nación.  Si no se depura las listas de candidatos y si no se adoptan las reformas electorales que demanda la población, estaremos propiciando el abstencionismo.  Son varias las reformas políticas necesarias, pero las dos más importantes son la segunda vuelta para elegir al Presidente de la República y la adopción de los distritos electorales uninominales.  Es evidente que tales reformas ya no podrán implantarse para las elecciones de noviembre, pero la ausencia de esas reformas, más los señalamientos del jefe de Los Cachiros y un cuestionado proceso para reelegir al actual Presidente conforman un preocupantepanorama para la democracia en nuestro país.

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