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El poder de la palabra

Por: Pedro Gómez Nieto
Asesor y Profesor CISI

Hace tiempo que la palabra perdió su auténtico valor y sentido. Recuerdo cuando bastaba la palabra y un apretón de manos para cerrar cualquier contrato. Hoy estrechar la mano puede contagiarnos de muerte, la defensa es distanciarnos, la palabra virtual. Importan las imágenes más que las palabras, el “trending topic” sobre el contenido. Hechos y causas se subjetivan, se interpretan a conveniencia. De la palabra se valora la emoción que produce, el sentimiento que perdura. El apóstol Juan comienza su evangelio: “Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres”. “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Jesús es palabra de vida, luz para los hombres, abrazando la cruz nos rescató de la oscuridad. Seguimos sin entenderlo. La Creación cada cierto tiempo nos lo recuerda: Diluvio, Sodoma, Nínive, guerras, pandemias… Covid-19.

Desde que llegamos al mundo levantamos la mirada al cielo de donde procedemos. Nuestra diferencia con cualquier otra criatura es el conocimiento de la propia existencia, de la posibilidad de superación, de nuestra trascendencia. Trascender es traspasar el límite, que las consecuencias de nuestras acciones se extiendan más allá del tiempo y lugar. Trascendemos cuando entendemos que fuimos creados para alcanzar las estrellas. Como dice Russell Crowe en el filme «Gladiator»: “Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad”.

La palabra transforma, alumbra y da esperanza. Pero cuando procede de una boca infectada oscurece la vida sembrando incertidumbre. Decía Bernard Shaw: “Quien no sabiendo de nada cree saberlo todo apunta claramente a una carrera en política”. La pandemia machaca nuestra convivencia y desarrollo, pero la caterva de políticos fracasados y conspiradores “pesebristas” siguen utilizando medios y redes como retrete personalizado. Un periodista le preguntó al prócer trilero por sus actividades en favor del pueblo durante la pandemia. Alucinen: “Yo no puedo hacer nada porque no soy autoridad”. Siempre nos está recordando que él es el presidente electo por dos periodos consecutivos, jurando que le apoya el 90% de la población, ¿qué tal liderar un fondo de ayuda, convocar a sus seguidores para que aporten recursos, y entregar comida, mascarillas, y gel desinfectante en barrios marginales?

Karl Kraus, periodista, decía: El secreto de un demagogo es parecer tan tonto como su audiencia, para que ésta se crea tan inteligente como él”. Otro prócer da entrevistas asegurando que con Formula 44 se curó de los síntomas del Covid-19. ¡Guau! Lo siento por aquellos “palmeros” que teniendo los indicios le hagan caso en lugar de llamar al 911. “Ciegos guiando a ciegos, ambos caerán en el hoyo”, Mateo 15,14.

Steve Jobs, en 2005, mientras luchaba contra el cáncer de páncreas, dio un discurso en la Universidad de Stanford. Reflexionemos ante su mensaje: «No os dejéis atrapar por el dogma de vivir según los resultados del pensamiento de otros. Vuestro tiempo es limitado, no lo gastéis viviendo la vida de otro. Recordar que vas a morir es la mejor forma de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. La muerte posiblemente es el mejor invento de la vida, es el agente de cambio. No dejéis que las opiniones de los demás ahogue vuestra voz interior. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis». Jesús dice: “Donde este tu tesoro estará tu corazón”, Mateo 6,21.

En esta pandemia, observamos a periodistas-presentadores alumbrar el camino al pueblo, cual Moisés separando las aguas, a costa de criticar al gobierno. Opinologos discurseando con hueca palabrería, mirando a la cámara con la mano sobre el corazón: “es así como lo siento”, cual acto de contrición eximente de dolo y culpa. ¿Desde cuándo un sentimiento tiene soporte científico para cuestionar la toma de decisiones de especialistas y autoridades en el ejercicio de sus responsabilidades? Una vez, entrevistando a expertos que analizaban el aumento de suicidios entre los jóvenes, “Moisés” dijo: “siento que hace falta mucho valor para suicidarse”. Nunca entendió que con sus palabras estaba dando al potencial suicida el incentivo que necesitaba para decidirse. Además, no es cierto. El suicida es cobarde, egoísta, depresivo, un enfermo mental. ¿Cuál valor?

“Cualquier cobarde tiene sobre el valiente una ventaja: siempre encuentra una excusa”. -Albert Guinon-

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