El adiós a Gilberto

Por: Jacobo Goldstein

Por: Jacobo Goldstein (Tomado del diario La Tribuna)

Una enorme pena y sumo dolor sentí cuando recibí la llamada de Alice, mi cuñada, para informarme que Gilberto, mi hermano menor, había fallecido después de 12 años de estar batallando contra la E.L.A., La Esclerosis Lateral Amiotrópica, conocida también en los Estados Unidos como la enfermedad de Lou Gehrig, uno de los más grandes atletas que ha tenido el beisbol de grandes ligas. La enfermedad es mortal, te paraliza el cuerpo, no puedes tragar, te alimentan con un tubo, tu musculatura deja de funcionar y tienes que estar bajo estricto cuidado las 24 horas del día para evitar que te ahogues con tu propia saliva. A Gilberto le encontraron esa enfermedad en el 2008 y los medicos le dieron máximo dos años de vida, pero él dejó a todo mundo pasmado cuando duró 12 años.

Gilberto nació en San Pedro Sula, el 15 de abril de 1937. Nuestros padres, Boris y Gustava, también se casaron en S.P.S. un 15 de abril de 1934. Este servidor se casó con Frances el 15 de abril de 1961 en México. Su abuelo paterno también nació el 15 de abril de 1898. Y mi tía Ana se casó con José Brandel el 15 de abril de 1934.

Jacobo Goldstein, la exembajadora de EEUU Lisa Kubinski, Jim Lamp, Deanna Goldstein, Gilberto y Alice Goldstein. Foto: Diario La Tribuna

Yo era un año y 10 meses mayor que mi hermano. Él fue conmigo al Kindergarden Mondragón y él estudió en el Instituto José Cecilio del Valle. A mí, mis padres me mandaron a estudiar a la escuela militar Augusta Military Academy en Virginia, Estados Unidos, y dos años después llegó Gilberto a la misma academia. Posteriormente él estudió en la Universidad de Pennsylvania, en la Wharton School, considerada como una de las tres escuelas de finanzas y de economía más importantes de los Estados Unidos. Cuando se graduó, Gilberto se casó con Alice en Filadelfia, en 1958, con quien tuvo tres hijos, Mark (QDDG), Lori y Deanna.

“Picho”, como todo mundo le decía, era una persona muy especial, de gran talento en todo lo que le tocó hacer, un hombre que jamás tuvo ínfulas. Él era bondadoso y exitoso, con un enorme sentido social. Triunfó en el deporte con el equipo Olimpia; en la empresa privada Gilberto terminó siendo presidente de la junta directiva del Banco Atlántida.

También fue una figura de gran peso dentro del Partido Nacional. Fue diputado por el Departamento de Cortés y luego fue el secretario privado del presidente Callejas (1990-1994). Con la corriente política que él bautizó con el nombre PUMA (Por una mejor alternativa) y que él fundó, buscó la nominación presidencial de su partido, pero esa vez la ganó el presidente del Congreso Nacional, Porfirio Lobo Sosa.

Gilberto fue un extraordinario padre, esposo, abuelo y amigo. Foto: Diario La Tribuna

Gilberto también fue presidente del Partido Nacional por un tiempo y también fue presidente del Club Olimpia. Además, incursionó en la televisión, con su propio programa en Canal 11 llamado “De cara al Pueblo”.

En los últimos años, mientras batallaba con la enfermedad, él asistía al mercado del Agricultor y el Artesano frente al Estadio Nacional y constaté el gran cariño que la gente le tenía y comprobé como muchas personas se acercaban a saludarlo y abrazarlo de forma muy sincera.

No es porque es mi hermano, pero la verdad es que Gilberto era querido en todas partes, tanto en Honduras como en el exterior. Muchas veces le tocó, con Mario Rivera López, cumplir misiones especiales representando a Honduras en la Casa Blanca, en el congreso estadounidense, y ante varios mandatarios de la región y de Cuba. Lo que siempre admiré de Gilberto era su forma de comportarse y su forma de proceder en cuanto a cómo se debe tratar a la gente y su forma de ayudar a quienes podía. También se destacó en la política (yo siempre pensé, no por ser mi hermano, que él hubiese sido un gran presidente). Y me consta personalmente que siempre quiso a Honduras desde que nació. Fue exitoso en el sector privado, tuvo éxito en su programa en la televisión y fue un gran presidente del Olimpia.

Gilberto junto al expresidente George Bush en la Oficina Oval. Foto: Diario La Tribuna

Sufrió con Alice y la familia con la trágica muerte de su hijo Mark, y con sumo valor aprendió a vivir con su larga y penosa enfermedad incurable. Su valor sufriendo del E.L.A. fue algo sensacional. Es una gran verdad que su partida al más allá deja un enorme vacío en la historia de Honduras durante su vida de 83 años y medio.

Como hermano, agradezco de todo corazón a Alice y Deanna y Lori que lo cuidaron con tanto cariño y esmero en Tegucigalpa. Agradezco muchísimo a todos los enfermeros y enfermeras que lo cuidaron con tanto esmero y cariño durante tantos años. Y agradezco de corazón a los médicos y enfermeras que lo atendieron en sus numerosas visitas al hospital.

Con mis hijos Vicky, Pepe y sus hijos, con mi yerno Eduardo y mi nuera enviamos nuestro pésame a toda mi familia en Honduras y en el exterior. Picho se habrá ido físicamente de la patria que lo vio nacer, pero vivirá para siempre en nuestros corazones. Honduras pierde a un gran hombre, Dios en el cielo tendrá a su lado a un patriota, a un hombre de gran nobleza, un personaje de enorme corazón y un ser humano que vino al mundo a dar todo lo que tenía que dar.

Descansa en paz, mi querido hermano, le agradezco a Dios el haberte mantenido a mi lado durante toda una vida.

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