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¿Dónde están buscando la felicidad?, cuestiona a hondureños cardenal Rodríguez

Tegucigalpa – Durante la homilía de este domingo, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez preguntó a los hondureños ¿dónde están buscando la felicidad? y recriminó a aquellos que encuentran respuesta a esta cuestionante en la saciedad y placeres sin reglas morales.   

“Vale la pena que nos preguntemos dónde estamos buscando la felicidad, para muchas personas está en tener más, en comprar más, en lograr más, para muchos el goce inmediato está en la saciedad y cualquier tipo de placeres sin reglas morales”, reflexionó el arzobispo de Tegucigalpa.

Exhortó a buscar la felicidad en Dios y en la Santa Eucaristía que nos acerca a él.

Al respecto invitó a seguir la “autopista al cielo” como el beato Carlo Acutis que a sus 15 años se santificó.

En ese sentido, reflexionó que miles de hondureños desterraron la Eucaristía de sus vidas después de cumplir con el sacramento de la Primera Comunión.

“Cuantos tal vez hicieron la Primera Comunión y después nada, la palabra de Jesús es clara el que coma de este pan vivirá para siempre y el que no, ahí está la pregunta”, agregó.

Jesús se encuentra sobre el altar y en el Santísimo Sacramento, recordó al tiempo que señaló que eso lo entendió el beato Carlos a sus 15 años de edad.

Pidió que cada uno pueda convertir su vida y la de los que están cerca en una fiesta donde reine la alegría y el amor verdadero.

Finalmente instó a aceptar la invitación de Dios a su banquete, la respuesta depende de cada quien y el sí, o el no, es lo que marca la diferencia.

 Dios es único que puede dar la felicidad plena -dijo- y acotó que los hondureños los tenemos cerca, en el altar y en el Sacramento de la Eucaristía.

 A continuación Proceso Digital reproduce la lectura del día tomada del Evangelio según San Mateo 22,1-14:

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas’.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;
y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.
Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren’.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
‘Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?’. El otro permaneció en silencio.
Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes’.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

(RO)

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