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Tegucigalpa. – El libro “La teoría del crecimiento” (2018) del premio Nobel de Economía Robert Merton Solow, contiene tanto lo que el autor llama la vieja teoría exógena del crecimiento (1969), como seis capítulos adicionales en los que Solow contrapone su trabajo con la llamada nueva teoría del crecimiento o teoría endógena del mismo (1992). A la vez, los dos últimos capítulos del libro “Desenmascarando la mentira keynesiana” (2018), escrito por el actual presidente de Argentina, Javier Gerardo Milei, abordan los modelos de crecimiento (Capítulo 5) y especialmente el crecimiento endógeno (Capítulo 6), mediante los cuales no solo critica duramente al modelo keynesiano y ataca la postura neoclásica de Solow, sino que también declara ganadora a la escuela Austriaca.
El desarrollo exógeno y el desarrollo endógeno son dos enfoques teóricos que explican el crecimiento económico diferenciándose principalmente en la manera en que se considera la tecnología y otros factores impulsores del crecimiento.
El Desarrollo Exógeno explica el crecimiento económico a partir de factores externos al modelo. Uno de los ejemplos más conocidos es el modelo de crecimiento de Solow, en el que la tecnología se trata como un factor exógeno, es decir, que mejora a un ritmo determinado y ajeno a las decisiones internas de la economía.
En el Desarrollo exógeno, la tecnología actúa como un “impulso” externo que aumenta la productividad, pero su avance se considera independiente de las políticas económicas, inversiones en Investigación y Desarrollo (I+D) o la acumulación de capital humano. En este sentido, aunque la tecnología es crucial para el crecimiento, la economía no tiene control directo sobre su progreso.
En contraposición a lo anterior, el Desarrollo Endógeno plantea que el crecimiento económico es resultado de factores internos. Se enfatiza el papel de las decisiones, inversiones en capital humano, educación, investigación y desarrollo (I+D), y la innovación como elementos clave que generan crecimiento.
En los modelos endógenos (como los desarrollados por Paul Romer, Robert Lucas, Philippe Aghion y Peter Howitt), la tecnología es vista como un producto de la actividad interna de la economía. La inversión en innovación y en la creación de conocimiento permite que la tecnología se desarrolle de manera continua, haciendo que las políticas y decisiones internas tengan un impacto directo en el crecimiento económico.
Una aproximación teórica que integra componentes exógenos y endógenos, y que centra las bases del crecimiento en factores distintos a la tecnología, es el enfoque híbrido basado en instituciones y capital humano.
En el Modelo Híbrido los componentes exógenos se refieren a condiciones históricas y geográficas, como la ubicación, el clima o la herencia histórica que permiten configurar un entorno inicial que influye en la capacidad de desarrollo de un país, pero sobre los cuales la política económica tiene poca o ninguna influencia directa. Comprende además las instituciones fundacionales, como ser normas, leyes y estructuras de gobernanza que se establecen en etapas tempranas de la evolución de un país, constituyendo un marco exógeno que delimita las posibilidades de acción futuras.
En el Modelo Híbrido los Componentes endógenos se vinculan con tres elementos. Capital humano: La educación, la formación y la salud son resultado de decisiones internas y políticas públicas que pueden potenciar la productividad y la capacidad de innovación de la población, independientemente de avances tecnológicos específicos. Reformas institucionales y organizativas: A través de políticas y reformas, es posible mejorar la calidad de las instituciones, lo que a su vez fomenta la eficiencia en la asignación de recursos, la inversión y el desarrollo de capacidades propias de la sociedad. Inversión en innovación no tecnológica: Se entiende que la innovación también puede referirse a nuevos métodos de organización, mejoras en la gestión o en la forma de relacionarse social y económicamente, sin centrarse únicamente en el progreso tecnológico.
En este enfoque híbrido, la tecnología se reconoce como un factor complementario pero no central. Las instituciones robustas y un alto nivel educativo permiten aprovechar de forma más eficiente los recursos y responder a desafíos económicos, lo que a la larga se traduce en crecimiento.
Los enfoques antes mencionados han sido objeto de severos cuestionamientos. Entre las Críticas Principales al Modelo Exógeno se encuentran:
- Falta de explicación del origen tecnológico: Al considerar la tecnología como un “input” externo, no se aborda cómo ni por qué ocurre el cambio tecnológico, dejando sin respuesta la fuente real de la innovación.
- Limitaciones en el rol de la política económica: Dado que los factores que impulsan el crecimiento (como la tecnología) están fuera del alcance de las decisiones internas, el modelo ofrece poca guía sobre cómo las políticas de un país pueden incentivar el desarrollo.
- Incapacidad para explicar diferencias entre países: Al depender de choques tecnológicos aleatorios y exógenos, el modelo tiene dificultades para explicar las persistentes diferencias en los niveles y tasas de crecimiento entre distintas economías.
Entre los cuestionamientos al Desarrollo Endógeno destacan:
- Supuestos teóricos idealizados: Frecuentemente se recurre a supuestos de retornos crecientes o constantes en la acumulación de conocimiento que, en la práctica, pueden no cumplirse de manera generalizada.
- Medición y cuantificación compleja: Los efectos de las externalidades del conocimiento y las interacciones entre inversión en I+D y capital humano son difíciles de medir empíricamente, lo que complica la validación del modelo.
- Posible sobreestimación de la auto-reforzación: Al centrar tanto el crecimiento en los mecanismos internos, se puede exagerar el papel de la innovación endógena y pasar por alto la influencia de factores externos o estructurales (como instituciones o condiciones geográficas).
- Limitaciones empíricas: En algunos casos, las predicciones de los modelos endógenos no se ajustan plenamente a los datos reales, generando debates sobre su aplicabilidad a largo plazo.
Los señalamientos al Modelo Híbrido están centrados en:
- Complejidad en la integración: La combinación de variables exógenas (por ejemplo, factores históricos y geográficos) y endógenas (como políticas y capital humano) puede hacer que el modelo resulte complejo y difícil de aplicar o validar empíricamente.
- Problemas en la identificación de causalidades: Resulta complicado separar y cuantificar el impacto individual de cada grupo de factores, lo que puede llevar a problemas en el establecimiento de relaciones causales claras.
- Dilución del análisis: Al abarcar un espectro tan amplio de variables, existe el riesgo de que el análisis se vuelva demasiado amplio, perdiendo precisión en las predicciones y en la identificación de mecanismos específicos de crecimiento.
- Medición de variables intangibles: La calidad institucional y otros factores “suaves” son difíciles de medir de manera objetiva, lo que puede introducir incertidumbre en la modelización y en la interpretación de los resultados.
Cada uno de esos tres enfoques ofrece una perspectiva particular sobre el crecimiento económico, pero también enfrenta críticas relacionadas con supuestos, mediciones y la capacidad de explicar la complejidad real de los procesos de desarrollo. Mientras que el modelo exógeno es criticado por omitir el origen interno del progreso tecnológico, el endógeno puede sobrevalorar la innovación interna y simplificar la realidad. Por su parte, el enfoque híbrido, a pesar de su intento de integrar ambas perspectivas, sufre de problemas metodológicos en la integración y medición de múltiples variables heterogéneas.
En resumen, los profesionales de diferentes ramas del conocimiento humano no debemos olvidar, que las teorías y enfoques no pueden abarcar la compleja realidad socioeconómica de la sociedad en que nos toca vivir, y que los diferentes planteamientos doctrinales son apenas una sombra borrosa del mundo.