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COVID-19. ¿Vacunas, una escogencia de selección múltiple?

Humberto Cosenza Jiménez, PhD Inmunólogo Director, “Centro de Inmuno-Diagnóstico Especializado (CIDE)” 

Recuerdo que en marzo del 2020 nos preguntábamos; ¿Cuánto tiempo pasará entes de tener UNA vacuna  que reduzca las hospitalizaciones y las muertes por COVID-19 en por lo menos un 50% de los infectados?, la que según la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) seria una vacuna de eficacia  aceptable. Quiere decir que, si usamos un poco de “realismo mágico”, de haber tenido en enero del 2020 una  vacuna 50% efectiva, de las 2,595,106 personas fallecidas a nivel mundial a la fecha, nos hubiésemos conformado con evitar la mitad de esas muertes. Bueno, resulta que un año después, no solamente tenemos UNA vacuna contra el SARS-CoV-2, sino que tenemos 6 vacunas con efectividad mayor al 90% que en la  actualidad se están usando en el mundo y 4 vacunas más que están en FASE 3 de desarrollo, con alta  probabilidad de estar disponibles en el 2021. ¡Increíble pero cierto!, ésta es una verdadera hazaña de la  humanidad y de la comunidad científica mundial, que está salvando muchas vidas.  

Aún más, como valor agregado a la buena noticia de tener 6 vacunas disponibles, resulta que todas son  igualmente eficaces al inducir inmunidad protectora, como lo revelan los porcentajes de efectividad que exhiben, oscilando entre 75% en prevención de infección sintomática y más del 90% en evitar la enfermedad grave y, por ende, la muerte. ¿En qué me baso para decir que las 6 vacunas inducen igualmente altos niveles  de protección? Da la casualidad de que todas ellas nos vacunan únicamente con la proteína de la espícula del virus (Spike o proteína S), induciendo anticuerpos neutralizantes que la enmascaran, evitando que el virus  penetre en las células y nos infecte. La espícula es el “talón de Aquiles del virus”, y sin ella, el virus pierde su  infectividad. De hecho, basado en como funciona el sistema inmune, me atrevo a proponer que, si por alguna  circunstancia llegáramos a quedarnos sin suficiente cantidad de la marca de la vacuna aplicada en la primera  dosis, podríamos elegir cualquier otra marca para la segunda dosis sin comprometer el nivel de protección. 

Veamos entonces el dilema que este increíble logro le plantea a nuestro pueblo, ¿Cuál de las 6 vacunas  disponibles debo escoger? En la actualidad se están empleando 4 plataformas para la producción de vacunas  para COVID-19: 1) Vacunas fabricadas usando el Acido Ribonucleico-mensajero (ARNm) del SARS-CoV-2,  virus causante de la enfermedad COVID-19; 2) Vacunas fabricadas es base a portadores virales atenuados;  3) Vacunas que usan subunidades proteicas del virus y 4) Vacunas que usan el virus entero inactivado.  Permítanme, de forma breve, apuntar las características de las 2 primeras opciones pues son las disponibles  en la actualidad.  

Las vacunas fabricadas por Phizer/BioNTech y Moderna/NIAID usan una tecnología nunca antes empleada en la fabricación de vacunas. La técnica utiliza el ARNm del SARS-CoV-2 que contiene toda la información  genética para producir la proteína S. El ARNm está incorporado a nanopartículas lipídicas que le dan  estabilidad y le permiten ser interiorizado por las células del cuerpo. Una vez que penetra, el ARNm usa la  maquinaria de la célula para producir muchas copias de la proteína S que, al entrar en la circulación  sanguínea, estimula la producción de anticuerpos neutralizantes que evitan la penetración celular del virus. Una vez cumplida su función, el ARNm se deteriora y es eliminado, por tanto, es IMPOSIBLE que el ARNm  de la vacuna se incorpore y modifique nuestro genoma, como pregonan en las redes sociales los  propagadores de noticias falsas.  

Por otro lado, las vacunas de Oxford/AstraZeneca, Johnson & Johnson, Cansino Biologics (China) y  Gamelaya Research Institute (Rusa, Sputnik V) usan un virus diferente al SARS-CoV-2 como “portador” de  la información genética requerida por las células para producir la proteína S. Hasta el momento todos los  fabricantes usan como portadores los Adenovirus causantes del resfriado común, que tienen la propiedad de  adherirse y penetrar las células del cuerpo proporcionándoles el ADN del SARS-CoV-2 que contiene las 

instrucciones necesarias para la producción de la proteína S que, a su vez, estimula al sistema inmune a  producir anticuerpos neutralizantes. Los Adenovirus han sido modificados genéticamente y una vez en el  cuerpo, no tienen capacidad de reproducirse e infectarnos. 

Entonces, si todas las vacunas tienen alta eficacia en la inducción de anticuerpos neutralizantes que atacan  el “talón de Aquiles” del virus, ¿Cuales otros aspectos deberíamos considerar al escoger entre ellas? En mi  opinión, básicamente dos: facilidad de manejo y costo. Si estamos de acuerdo en que estas son las  consideraciones logísticas más importantes para facilitar el proceso de vacunar a nuestra población; entonces  la escogencia es fácil, ya que las vacunas de Oxford/Astra Zeneca, Johnson & Johnson, Cansino Biologics  (China) y Gamelaya Research Institute (Rusa, Sputnik V) son menos costosas que las fabricadas en base a  ARNm y, además, se pueden mantener a temperaturas de una refrigeradora normal y no requieren 

temperaturas de -50-70ᴼC para su almacenamiento. Hasta el momento, la literatura científica indica que, al  administrar 2 dosis, todas ellas inducen protección contra la infección y la enfermedad al menos el 90% de  los vacunados, sin inducir reacciones adversas de consideración. Pero quizás lo más importante es que  además de inducir inmunidad humoral con producción de anticuerpos, también inducen inmunidad celular  mediada por linfocitos T que son los responsables de la memoria inmunológica e inmunidad duradera. 

Vale la pena apuntar que de las 4 vacunas elaboradas en base a Adenovirus, la Sputnik V es la única que  cambia el Adenovinus “portador”, ya que utiliza el Adenovirus 26 en la primera dosis y el Adenovirus 5 en la  segunda dosis. Esta estrategia tiene mucho sentido inmunológico pues al usar como portadores los  Adenovirus causantes del resfriado común, es probable que nos hayan infectado antes y hayamos  desarrollado memoria inmunológica contra ellos. Al ser vacunados con la primera dosis se estimulará la  producción de anticuerpos específicos contra el Adenovirus 26; pero al cambiar al Adenovirus 5 como  portador en la segunda dosis, se evita una posible reducción en la efectividad de la vacuna por anticuerpos  específicos para el Adenovirus 26 inducidos por la primera dosis. 

En tiempos de extrema gravedad para la salud pública de la población, deberíamos analizar diferentes  escenarios de vacunación para decidir cual pudiese ser la mejor alternativa para lograr proteger a la mayor  parte de la población en el menor tiempo posible. Con este propósito en mente, sugiero que deberíamos  considerar vacunar a toda población con una sola dosis de la vacuna y después de 4 meses aplicar la  segunda dosis; ¡la memoria inmunológica dura ese tiempo y más! ¿Cual es mi razonamiento? Me baso en  los resultados de la evaluación de campo que indican que las 6 vacunas inducen una protección del 70-75%  contra enfermedad leve y mayor al 90% de eficacia al prevenir hospitalizaciones y la muerte.  

Obviamente la aplicación de dos dosis induce una inmunidad más potente y duradera y, me atrevo a decir  que muy pronto hasta la vacuna de Johnson & Johnson recomendará una segunda dosis. Sin embargo,  tomando en cuenta la aguda crisis de salud pública que estamos viviendo, ¿no valdría la pena considerar  vacunar primero con una sola dosis de cualquiera de las 6 vacunas y postergar la segunda dosis? Esto  protegería a TODA la población en un 90% de terminar en cuidados intensivos y evitaría muchas muertes.  Este es otro caso de “lo perfecto es enemigo de lo bueno” y así lo han entendido Alemania y Canadá que  han decidido vacunar a todos con una sola dosis y así evitar las muertes en la población que espera a ser  vacunados después que los ya vacunados reciban su segunda dosis. En otras palabras, entre más rápido  vacunemos a todos con una sola dosis, menos personas morirán. Finalmente, quiero referirme a lo que contesto cuando me preguntan, ¿Por qué hay personas que no se  quieren vacunar?; respondo que “al igual que al virus, la pandemia ha inducido mutaciones en la población,  generando algunos COVIDIOTAS que desconocen o rechazan la evidencia científica que respalda a la  vacunación como la herramienta preventiva más importante en la salud pública mundial al salvar muchas vidas  a través de los siglos”.

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