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Cómo arrancar un proyecto: escogerlo

José S. Azcona

Estudiando y aprendiendo de experiencias ajenas o propias, he recogido algo de información sobre los diferentes elementos que pueden influir en el éxito de un proyecto. Un proyecto, siendo concebido como cualquier actividad de emprendimiento autoguiado, abarca mucho más que abrir un negocio; abarca actividades culturales, educativas, laborales, etc.

Para escoger un proyecto, se debe buscar algo en lo que se tenga conocimiento, aptitudes, o experiencia relevante. En caso de algo novedoso u obscuro, debe ir acompañado de un estudio y exploración adecuada. Por tanto, el elemento inicial es adquirir la mayor cantidad de conocimiento posible. Aprender tiende a tener poco costo (relativo a una inversión) y es intenso en tiempo. El proceso de prepararse incluye un amplio abanico de capacidades intelectuales, base cultural y conocimientos técnicos que no necesariamente están vinculados a un tema. Como en los modelos educativos, se ha demostrado que una formación general literaria y matemática que se refuerce continuamente es la base del conocimiento.

La idea de concebir un proyecto no necesariamente tiene que ser un negocio o algo que implique el abandono de sus actividades usuales. Muchas veces puede ser el objetivo, pero la experiencia vista es que los proyectos más exitosos acompañan un desarrollo orgánico de la vida. Un proyecto puede ser hacer una obra de arte, aprender un idioma, escribir un libro u otros similares. En el campo laboral, pueden incluir atender a clientes individuales, venta de servicios en línea y otros que pueden ser complementarios al trabajo.

La experiencia propia es la mejor fuente de proyectos posibles. Conocer un tema o rubro por medio del trabajo es una ventaja comparativa importante. La experiencia laboral le da a la persona una profundidad de conocimiento, contactos y contexto que difícilmente se logra desde el exterior. Por tanto, la excelencia y el aprendizaje curioso en la actividad laboral crean las bases para muchas buenas oportunidades.

Entre más destreza, conocimiento técnico o incomodidad requiera la actividad, mayor será su factibilidad y posible retorno. Generalmente, seguir las modas no es recomendable, ya que es difícil tener éxito en un área con mucha competencia y demanda a largo plazo incierta. El éxito en cada actividad depende de la oferta y demanda, por lo que una sobreoferta puede ahogar un rubro, aunque exista una demanda creciente.  

Esta competencia depende de la capacidad ya existente o de la que posiblemente puede venir en el futuro. Existen dos amenazas importantes que se pueden considerar en esta área: una baja barrera de entrada y ventajas de escala. Cuando la actividad tiene una baja barrera de entrada (es fácil, requiere poco estudio o capacidades) es muy fácil que otras personas entren si ven un éxito aparente o potencial. Cuando hay una ventaja de escala muy marcada (una actividad mecánica que se presta a la consolidación o es automatizable), los actores más grandes tienen grandes ventajas que les hacen imposible a los más pequeños sobrevivir.

Un área puede abarcar diferentes tipos de actividad (ventas, servicio al cliente, producción, compras, planificación, etc.) para las cuales se tiene diferente nivel de aptitud o interés. Una falla común es confundir la parte técnica y administrativa de una operación. El conocimiento técnico no garantiza una buena administración o viceversa. Es importante ver nuestras deficiencias potenciales y ver cómo enfocar el esfuerzo en nuestras fortalezas. Esta etapa inicial permite mucha versatilidad en cambiar o cancelar proyectos, ya que el aprendizaje tiende a ser útil en sí mismo y no hay mayores recursos comprometidos.

Muchas veces el resultado del estudio no es habilitar la ejecución de un proyecto, sino evitar cometer un error (algo más valioso). El proceso de encontrar algo que funcione es iterativo. No hay que tener miedo a explorar algo para lo que se tiene un grado de conocimiento y análisis previo, aunque el resultado no sea favorable. La experiencia de intentar deja conocimiento y lecciones para la nueva iteración.             Las necesidades materiales, riesgos y el sentido de responsabilidad generalmente no permiten dedicar el espacio de tiempo laboral para lanzar proyectos. Por tanto, aunque no haya algo en mente, conviene irse preparando con conocimientos y experiencias. Esto hace más factible el poder escoger un proyecto propio para el futuro.

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