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Buenos Aires y Catar marcan la pauta con estadios desmontables y accesibles

Madrid – Buenos Aires, que organizará el próximo octubre los Juegos Olímpicos de la Juventud, y Catar, que se hará cargo en 2022 del Mundial de fútbol, marcarán el paso de la arquitectura deportiva mundial en los próximos años, con estadios desmontables, accesibles y fáciles de mantener, que favorezcan que «el deporte llegue a la gente y no la gente al deporte».

Así se expresa el arquitecto argentino Carlos Salaverry, director de Infraestructuras de Buenos Aires 2018 y defensor, frente a «las megaestructuras asiáticas», de «hacer en Latinoamérica más con menos recursos».

La sede argentina plantea para su cita olímpica juvenil un novedoso mapa de instalaciones en torno a cuatro parques, con un movimiento fluido de público entre los estadios y el exterior: Parque Urbano, en Puerto Madero; Parque Verde, en Palermo; Parque Tecnópolis, al norte, y Parque Olímpico de la Juventud, al sur, con la Villa Olímpica.

«Con deportes como el baloncesto 3×3, tan callejero, el fútbol sala, el balonmano playa… La gente va a verlo todo muy de cerca», dijo Salaverry a Efe.

«En remo la distancia mínima de un canal es de 1.200 metros, pero en el Urban Park será de 600 porque el deporte tiene que llegar a la gente, y no la gente al deporte. La actividad deportiva debe ser vista por muchos. Si el remo fuera en nuestro canal habitual, lejos del centro, tendría mucho menos seguimiento que el que va a tener en el centro», aseguró Salaverry a Efe.

Con las canchas a pie de calle, dijo, «la ciudad se compromete mucho más».

Buenos Aires «tenía relegado el desarrollo de la zona sur», que ahora se verá revitalizado.

«Hay ciudades que se motivan con los Juegos Olímpicos para comenzar un proyecto de transformación. El caso más claro es Barcelona. En otros casos, una ciudad que ya está desarrollando un proyecto se plantea por qué no ser olímpica. Inscribo a Buenos Aires en el segundo caso: porque la ciudad ya está en transformación, puede motivarse a ser sede olímpica», explicó.

Según el arquitecto, que los Juegos sean ‘de la Juventud’ impone «unas condiciones y objetivos muy diferentes a unos Juegos de mayores».

«El objetivo es promover el deporte, inducir a los jóvenes a practicarlo. La competencia está ahí, pero la cuestión deportiva no es el único eje. El eje lo comparten la competencia y la cultura», comentó.

«Son eventos que yo llamo ‘las excusas’ que transforman la ciudad, en los que participa la ciudadanía y que se pueden hacer sin grandes inversiones», dijo.

Las nuevas tecnologías abren un mundo de cambios a la arquitectura, añadió Salaverry.

«Hice el natatorio de los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995 y era un vaso de hormigón. Ahora empleamos el acero inoxidable, que se monta en seco, y en 45 días tienes un vaso instalado. La tecnología ayuda: menos coste y menos tiempo», apuntó.

«Muchas instalaciones de los Juegos serán provisorias, que se quitan y se sacan. Los pabellones, las tribunas, las carpas de apoyo. Acá se verá eso más que nunca», añadió.

El proyecto de Buenos Aires 2018 está basado en otro que también dirigió Salaverry, la candidatura a los Juegos Olímpicos de 2004.

«Se me ocurrió entonces hacer un gran corredor olímpico a lo largo de 3,5 kms entre los estadios de River y Boca, en el que la mayoría de las instalaciones ya existían y solo había que ampliarlas y ponerlas a tono», recordó.

Ese corredor ideado por Salaverry aún se cita en el Comité Olímpico Internacional (COI) como ejemplo de proyecto ejemplar, adaptado a la realidad de una ciudad.

Los costes de mantenimiento, el caballo de batalla de las instalaciones deportivas en el medio y largo plazo, no será en Buenos Aires fuente de problemas porque «no se construye nada si no hay quien luego lo administre y asuma los costes».

«No hay peor cosa que ver una instalación vacía. El comité olímpico argentino no va a dejar hacer absolutamente nada que no tenga un uso posterior», insistió Salaverry.

La juventud de los participantes en los Juegos de Buenos Aires no supondrá en ningún caso una merma de la calidad de las instalaciones o servicios, prometió.

«Los deportistas explotan cada vez más jóvenes, a los 16-18 años. Vendrán a Buenos Aires algunos que ya estarán compitiendo en ligas del máximo nivel mundial. Esas instalaciones que emplearán los menores se utilizarán luego en otras competiciones de mayores o para el uso cotidiano. Y los equipamientos pueden trasladarse a otro lado», indicó.

Las obras «van muy bien», el COI las visitó «hace tres semanas» y quedó «realmente conforme».

El comité organizador está presidido por el miembro de COI y presidente del comité olímpico argentino Gerardo Werthein.

«En abril nos entregan la Villa Olímpica para empezar el armado de los departamentos», apuntó Salaverry como próximo hito.

Buenos Aires no ha renunciado a organizar unos Juegos Olímpicos de categoría absoluta y tiene su mirada puesta en la edición de 1932, la próxima que saldrá a subasta. Al recordar el proyecto de 2004, Salavarerry se muestra orgulloso: «Ese fue mi proyecto.Thomas Bach, ahora presidente del COI, era el presidente de la comisión de evaluación. El proyecto era único, como decía nuestro informe. Nos equivocamos de año: 2004 era el año de Atenas».

Al otro extremo del mundo, la presentación del diseño del estadio Ras Abu Aboud, para el Mundial de Catar, por parte del estudio español Fenwick Iribarren confirma la tendencia a la funcionalidad en la arquitectura deportiva.

El campo, para 40.000 espectadores, será «completamente desmontable» gracias a una estructura de bloques modulares que podrán reutilizarse en otro emplazamiento o con otros fines.

«Estamos seguros de que este concepto innovador y sostenible será una inspiración para los promotores de estadios y los arquitectos de todo el mundo», ha señalado el arquitecto Mark Fenwick.

La intención, añadió, es que los profesionales «sean capaces de crear estadios de una gran estética que a la vez ofrezcan posibilidades de legado»,

El Ras Abu Aboud será, añadió Fenwick, «el primer estadio movible y reutilizable de un Mundial».

Ello ha permitido incluso presumir al director de Responsabilidad Social Corporativa de FIFA, el argentino Federico Addiechi, de los «grandes resultados en sostenibilidad e innovación» que plantea el Mundial de Catar 2022.

«Es el legado perfecto», dijo el secretario general del comité organizador del Mundial, Hassan Al Thawadi.

El Mundial de Catar aportará a la arquitectura deportiva otras instalaciones emblemáticas como el Khalifa International Stadium, el primero del mudo que, siendo al aire libre, está refrigerado.

Hasta los 26 grados centígrados se puede reducir la temperatura ambiente, gracias a un centro energético situado a un kilómetro desde el que se transportará agua fría al estadio mediante una tubería.

Es una refrigeración por compartimentos, que permite regular la temperatura según el número de asistentes al recinto. Los organizadores aseguran que es un 40 % más sostenible que cualquier otra técnica de refrigerado. 

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