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Bloque centroamericano se divide en su guerra al narcotráfico

Tegucigalpa – El monolítico bloque de los gobiernos centroamericanos en el combate a las drogas quedó resquebrajado oficialmente el fin de semana, como evidenció la representación de los países en la cumbre realizada el sábado en Guatemala para debatir sobre la despenalización de las drogas.
 

– Guatemala, Costa Rica y Panamá favorecen discutir nuevas formas y enfoque en la lucha contra el crimen, mientras El Salvador, Honduras y Nicaragua permanecen alineados a Estados Unidos

– La iniciativa guatemalteca de despenalizar las drogas es vista como una pérdida de la influenciad e Washington

A la cumbre de los seis países del istmo, solo acudieron el anfitrión presidente guatemalteco Otto Pérez Molina, la mandataria costarricense Laura Chinchilla y el gobernante panameño Ricardo Martinelli.

Mientras los mandatarios de Honduras, El Salvador y Nicaragua, Porfirio Lobo, Mauricio Funes y Daniel Ortega respectivamente, no asistieron al encuentro, el cual había sido pactado previamente por los gobernantes el pasado 6 de marzo durante su estadía en Tegucigalpa, en el marco de la visita del vicepresidente estadounidense Joe Biden.

El Salvador, Honduras y Nicaragua se encuentran alineados a Washington y se oponen a toda estrategia que despenalice el tráfico y consumo de drogas.

División

La presencia de tres gobernantes y la ausencia de igual número reflejó la división del bloque centroamericano en cuanto al futuro del combate al narcotráfico, actividad que ha dejado que la región sea considerada como la más violenta del mundo, fuera de las zonas de guerra. Registros oficiales señalan que el 2011 Centroamérica reportó la muerte violenta de unas 19,000 personas.

Aunque el encuentro se realiza bajo el paraguas del Sistema de la Integración Centroamericana (Sica), República Dominicana y Belice tienen poca participación en el tema ya que no quieren verse arrastrados como parte del problema de la violencia del narcotráfico, ya que su imagen como destinos turísticos de ensueño la han cultivado mucho y se esmeran en protegerla.

Asociar la imagen de sus gobernantes junto a los demás de Centroamérica, debatiendo sobre la violencia del narcotráfico y como enfrentarlo, lo consideran poco beneficioso a su estrategia.

Golpe

La propuesta del presidente guatemalteco sobre la despenalización de la droga tomó por sorpresa a Estados Unidos, ya que por primera vez actúa a la defensiva en una zona considerada como su traspatio y donde tradicionalmente Washington dicta las pautas políticas.

La Casa Blanca rápidamente se movilizó para rechazar la iniciativa de Pérez Molina y envió sus delegados al resto de la región. En este apartado ha contado con el apoyo del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, así como del mandatario mexicano Felipe Calderón.

Santos es importante porque Colombia continúa siendo el principal productor de cocaína, mientras los cárteles mexicanos se transformaron en los líderes del transporte y su introducción a Estados Unidos e incluso ya tienen redes de distribución en suelo estadounidense.

A pesar que la presión de Washington fue exitosa y la cumbre no tuvo la debida representación para discutir y llegar a compromisos sobre el tema de la despenalización, muchos analistas consideran que el peso de Estados Unidos comienza a ceder.

El hecho que algunos países centroamericanos, que apenas 40 años atrás despectivamente eran llamados “repúblicas bananeras” por la prensa y diplomáticos estadounidenses, hablen abiertamente del fracaso de la política de la guerra contra las drogas y propugnan un cambio de enfoque es considerado por expertos como un golpe a Estados Unidos.

Aunque otros consideran que la llamada “osadía” de Pérez Molina de confrontar a Washington en un tema sensible como la lucha contra las drogas esconde otro propósito del general, convertido ahora en gobernante, ya que su meta sería arrancar a Estados Unidos la promesa que lo sacaría de la lista de países a los cuales se les niega la transferencia de armamento, boicot que sufre desde hace décadas por violación a los derechos humanos.

Y es que Pérez Molina llegó al poder prometiendo el combate frontal a los poderosos cárteles de narcotraficantes que han extendido sus tentáculos por Guatemala. Por ello su iniciativa de despenalizar las drogas sorprendió a sus ciudadanos que esperaban lo contrario.

Contraofensiva

Debido al golpe sorpresivo recibido, la Casa Blanca y el Departamento de Estado se movilizaron y han desatado una ofensiva para lo cual han enviado a sus diplomáticos, funcionarios y altos oficiales militares a fin de lograr mantener a Centroamérica fiel a sus líneas políticas.

En ese marco han sido las visitas del vicepresidente Jor Biden, la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano y los jefes del Comando Sur de las Fuerzas Armadas estadounidenses.

En ese marco se encuentra en el país el subsecretario de Estado para asuntos del narcotráfico, William Brownfield, que hoy lunes comenzará sus encuentros oficiales con el gobierno hondureño.

El gobierno estadounidense quiere asegurarse que ningún país centroamericano se separe de su línea de combate a las drogas.

Brownfield oficializará la asistencia económica por dos millones de dólares y formará varios acuerdos con el gobierno hondureño.

A pocas horas de llegar a Honduras, Browfield indicó que su gobierno está decidido a apoyar la lucha de Honduras contra las organizaciones traficantes y explicitó el apoyo a una operación denominada “martillo” y con la que Honduras busca contrarrestar el crimen organzado.

Reafirmó que su gobierno considera que no sirve de nada despenalizar la droga, aunque aceptó que cada país es soberano para determinar su propia política.

Dijo que su país estima que entre un 90 a 95 por ciento de la droga que se produce en el Sur de América y que tiene como destino final su país. pasa por el triángulo norte de Centroamérica, especialmente por Guatemala y Honduras.

Al concluir su visita a Honduras, el alto funcionario norteamericanos e dirigirá a Guatemala para hablar con el presidente Pérez Molina sobre su postura de despenalizar la droga.

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