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Al borde de parir, la indígena María Hernández hace angustioso llamado

Tegucigalpa – “Necesito que me ayuden, soy una persona pobre, ya me pase de las 40 semanas y he pedido apoyo de las personas de los mercados y otros lugares para reunir el dinero”, relató una mujer con dificultad para articular el angustioso llamado, pero, el juramento hipocrático parece quedar en el olvido para muchos trabajadores del sector salud, quienes con sus actuaciones han acentuado la crisis del sistema sanitario, agobiado por ancestrales carencias.
 

– Una recién nacida murió esta semana en el Hospital Mario Catarino Rivas. La madre de la menor alega que fue producto de los golpes y quemaduras que recibió por una lámpara que le proporcionaba calor por su estado de prematura.

– Este fin de semana la opinión pública fue sacudida con el desgarrador relato de una mujer indígena en estado de embarazo, a quienes el personal médico del Hospital de Intibucá le cobraba dos mil lempiras por someterse a una cesárea.

A esa realidad se enfrenta María Hernández, una mujer indígena originaria de Yamaranguila quien por carecer de dos mil lempiras, no puede someterse a una cesárea para dar a luz sin dificultades en el Hospital de Intibucá.

Intibucá se ubica en el occidente de Honduras y es una zona históricamente olvidada. Las fuentes de empleo, atenciones médicas de calidad, obras de infraestructura, sistemas de educación y programas sociales, tan sólo forman parte del realismo mágico.

También denunció ser víctima del cobro de 50 lempiras diarios por permanecer en el hospital de esa zona occidental del país, un hecho que se denuncia constantemente en muchos otros centros asistenciales.

Luego de la denuncia pública, Proceso Digital contacto a la ministra de Salud, Yolani Batres, para indagar sobre este caso. ‘‘Estamos investigando cómo fue que sucedieron los hechos, llamé al director (doctor Domingo Amador) porque bajo ningún punto le tienen que cobrar, sobre todo a una mujer embarazada y mucho menos por una cesárea’’.

La titular de Salud dijo que todo está bajo investigación y dejó claro que en ningún hospital de la red sanitaria pública se debe cobrar dos mil lempiras por una cesárea.

Agregó que ‘‘el dinero no debe ser una limitante’’ para recibir atención médica, al tiempo que refirió que hay una cuota de recuperación que pagan los pacientes que pueden contribuir con el hospital.

El hecho de esta humilde madre indígena también llegó a oídos del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), Roberto Herrera Cáceres, quien ordenó al personal de esa oficina destacado en el occidente a realizar una investigación minuciosa del caso.

En la semana murió menor quemada en el Rivas

Esta misma semana, otro caso que llamó la atención fue la muerte de una recién nacida llamada Milagro, quien habría fallecido por quemaduras provocadas por un desprendimiento de una lámpara en el Hospital Mario Catarino Rivas.

De acuerdo a versiones de la madre de la menor de 28 días, la bebé recibía calor porque nació en forma prematura, sin embargo una de las lámparas se desprendió y le provocó quemaduras de segundo grado, lo que finalmente le provocó la muerte.

Al trascender la noticia, autoridades de la Secretaría de Salud ordenaron una investigación del caso aunque preliminarmente afirmaron que la menor tenía problemas congénitos y de otra índole que fueron los causantes de su deceso.

Asimismo, la Fiscalía hondureña a través de la Unidad de Delitos contra la Vida, investiga la muerte de la recién nacida y cita a declarar al personal de la emergencia pediátrica del Hospital Mario Catarino Rivas.

Los fiscales se basarán en los informes forenses para determinar las causas de la muerte de la pequeña Milagro.

Cabe señalar que hace unas semanas, un paciente murió “engusanado” en este mismo hospital. Familiares de la víctima culparon al personal que estaba de turno por negarle la atención sanitaria. Hasta el momento se han hecho más de 60 audiencias de descargo por este caso. los resultados están en proceso pero aún no se revelan públicamente . Este caso originó la inmediata reacción del presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, quien nombró una comisión que mantiene intervenido ese hospital y debe ofrecer en las próximas semanas un informe que detalle los hallazgos y potenciales soluciones a la crisis.

La crisis en el hospital Mario Catarino Rivas es tal, que autoridades reconocieron que al interior de ese centro operaban bandas criminales que traficaban hasta con negocios fúnebres, medicinas y otros insumos propios del sistema. No se sabe si estas organizaciones delincuenciales tenían cómplices entre los trabajadores del sector.

También el pasado 7 de julio, un sexagenario murió en la sala de espera del Hospital San Felipe de Tegucigalpa. A don Rigoberto Ordóñez (66) nunca lo atendieron y después de tres horas de fatal espera, pereció. El paciente procedía del Hospital Escuela Universitario. Ninguno de estos centros asistenciales aclaró lo ocurrido.

El común denominador de estos casos es que en ninguno se han deducido responsabilidades puntuales.

Así se cuentan otra decena de sucesos ocurridos en salas sanitarias públicas que incluso detallan la muerte de pacientes, entre ellos niños y mujeres. Nunca hubo investigaciones profundas en cada uno de estos eventos marcados por presuntas negligencias o desatenciones.

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