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Adiós a la nave Gaia: la Agencia Espacial Europea apaga su cartógrafa de la Vía Láctea

Redacción Ciencia – La Agencia Espacial Europea (ESA) ha apagado su nave espacial Gaia tras más de una década recopilando datos, que se han utilizado y se siguen usando para desentrañar los secretos de la Vía Láctea.

Este jueves, el equipo de control de Gaia en el Centro Europeo de Operaciones Espaciales de la ESA -en Alemania- «apagó cuidadosamente» los subsistemas de la nave y la envió a una órbita de retiro alrededor del Sol.

Aunque las operaciones de la nave hayan finalizado, no se agota la explotación científica de los datos de Gaia; los equipos científicos y de ingeniería siguen trabajando en nuevas publicaciones.

Once años han pasado desde que la sonda despegara, en diciembre de 2013, con la misión de crear el mapa tridimensional más grande y preciso de nuestra galaxia, para investigar su origen y posterior evolución.

Gaia ha transformado la comprensión del cosmos al cartografiar con precisión las posiciones, distancias, movimientos y propiedades de casi dos mil millones de estrellas y otros objetos celestes, recuerda la ESA en un comunicado.

Ha proporcionado el mapa multidimensional más grande y preciso de nuestra galaxia, jamás creado, revelando su estructura y evolución con un detalle sin precedentes.

La misión descubrió evidencia de fusiones galácticas pasadas, identificó nuevos cúmulos estelares, contribuyó al descubrimiento de exoplanetas y agujeros negros, cartografió millones de cuásares y galaxias, y rastreó cientos de miles de asteroides y cometas. También permitió crear la mejor visualización de cómo podría verse nuestra galaxia desde fuera.

«Las extensas publicaciones de datos de Gaia son un tesoro único para la investigación astrofísica e influyen en casi todas las disciplinas astronómicas», asegura Johannes Sahlmann, científico del proyecto Gaia.

La cuarta publicación de datos, prevista para 2026, y los catálogos finales del legado de Gaia, cuya difusión está prevista no antes de finales de 2030, «seguirán moldeando nuestra comprensión científica del cosmos durante las próximas décadas», dice el investigador.

Despedirse nunca es fácil

Despedirse nunca fue fácil. Apagar una nave espacial al final de su misión parece una tarea sencilla, pero estas «realmente no quieren que las apaguen», apunta Tiago Nogueira, operador de Gaia, misión que ha superado con creces su vida útil prevista inicialmente de cinco años.

Esta fue diseñada para resistir fallos como tormentas de radiación, impactos de micrometeoritos o la pérdida de comunicación con la Tierra, por eso cuenta con múltiples sistemas redundantes que garantizan su reinicio y reanudación de operaciones en caso de interrupción.

«Tuvimos que diseñar una estrategia de desmantelamiento que implicó desmontar y desactivar sistemáticamente las capas de redundancia que han protegido a Gaia durante tanto tiempo, ya que no queremos que se reactive en el futuro y vuelva a transmitir si sus paneles solares reciben luz solar», continúa Nogueira.

Hoy, un último uso de los propulsores de Gaia alejó la nave espacial y la colocó en una órbita de retiro estable alrededor del Sol, lo que minimizará la probabilidad de que se acerque a 10 millones de kilómetros de la Tierra durante al menos el próximo siglo.

A continuación, el equipo -con sentimientos encontrados- desactivó y apagó de forma segura los instrumentos y subsistemas uno por uno, antes de corromper deliberadamente su software de a bordo. El subsistema de comunicación y el ordenador central fueron los últimos en desactivarse. EFE

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