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Vanguardia educativa de Gabriela Mistral sigue viva tras 66 años de su muerte

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Santiago de Chile – Sesenta y seis años después de la muerte de la poeta chilena Gabriela Mistral, primera y única mujer latinoamericana Premio Nobel de Literatura, su vanguardista visión educativa -quizá su legado más desconocido- está más vigente que nunca en plena ola progresista en Latinoamérica.

Mistral, que murió el 10 de enero de 1957 a los 68 años de edad, defendió la escolarización de todos los niños, independiente del género o la comunidad a la que pertenecieran, un principio que acogen hoy en día gobiernos de izquierdas de países como Chile o Colombia.

«Ella proponía una educación transformadora y liberadora, donde las niñas y los niños fueran el centro del proceso educativo y que no solamente se diese una mirada centrada en el profesor adulto», aseguró a EFE Isabel Orellana, directora del Museo de Educación Gabriela Mistral en la capital chilena.

Hace exactamente un siglo, Mistral participó en el diseño de la reforma educativa de México, desarrollando el modelo de «escuelas al aire libre» y dejando el legado de una educación centrada en el niño y ligada a la naturaleza.

«El legado de Gabriela Mistral en México continúa vivo. Los valores que motivaron su acción aún perduran, como su compromiso con la educación de las niñas y su especial atención a las comunidades rurales y las personas más vulnerables», expresó a EFE la embajadora mexicana en Chile, Alicia Bárcena.

La diplomática mexicana recordó que Mistral encabezó la alfabetización de las comunidades campesinas e indígenas en zonas rurales: fundó escuelas, dictó conferencias sobre pedagogía y promovió la lectura de mujeres escritoras clásicas.

LA ESCUELA EN CASA

Mistral, cuyo nombre de nacimiento fue Lucila Godoy, creció en la localidad chilena de Montegrande, en el árido valle norteño de Elqui, en un entorno agrícola, aislado de la ciudad.

Su casa era también la escuela del pueblo, donde su hermana mayor Emelina daba clases a la treintena de alumnos que tenía el centro. Fue precisamente ella quien le inculcó su curiosidad extrema y la preparó para ser profesora.

También le influyeron enormemente las lecturas de filósofos clásicos europeos, a las que llegó gracias a que personalidades de la ciudad de Coquimbo, su región natal, le abrieron las puertas de sus bibliotecas.

El bagaje familiar y vital creó en la poeta su personalidad vanguardista, con ideas que «no encajaban con el conservadurismo chileno», aseguró a EFE la profesora de la Universidad de Chile y experta en la poesía de Mistral, Soledad Falabella.

«Ella crece en un entorno que no coarta su personalidad: su hermana la educa para que sea profesora, y Montegrande era un lugar con menos jerarquía social que otras zonas de Chile», remarcó Falabella, quien apuntó que sus referentes familiares fueron únicamente mujeres porque su padre las abandonó.

Pocas personas quedan que hayan conocido a Mistral en vida; una de ellas es Bética Rojas, quien tenía 11 años cuando la poetisa visitó Montegrande en 1954, tres años antes de morir por cáncer.

«Gabriela acudía cada día a nuestra escuela durante las dos semanas de su visita a Montegrande. Le gustaba vernos jugar y se interesaba en saber los juegos que hacíamos», contó a EFE Rojas, quien actualmente recibe a los turistas que acuden a la antigua casa-escuela de la artista.

Un patio lleno de plantas que mira frente a frente a las montañas rocosas que encajonan Montegrande rodea la humilde edificación de adobe, en la que aún se mantiene el aulario -con sus pupitres de madera- y la habitación donde vivía la futura poeta con su madre y su hermana.

«EXILIO VOLUNTARIO»

Pese a que Mistral añoró su país, vivió en el extranjero durante la mayoría de su vida en un «exilio voluntario», huyendo de una sociedad de profundas raíces conservadoras que chocaban con su visión liberal de la vida: «Nunca quiso volver», aseguró Falabella.

En ello coincide la directora del museo: «Chile era muy tradicionalista y Gabriela Mistral lo que hace es poner en el centro de la discusión a todos los seres marginales que la oligarquía chilena ignoraba absolutamente».

La validez actual del pensamiento de la poeta, concluyó Orella, reside en dar a cada niño la igualdad de oportunidades para su futuro.

«Mistral -concluyó- proponía romper las estructuras clasistas, territoriales y de género que llevan a que el futuro de cada niño esté determinado dependiendo de dónde nazca». JS

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