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Todo el poder a los libros

Armando Euceda

Para construir, de por vida, un sendero de trote intelectual placentero para nuestros niños y jóvenes debemos tomar hoy la decisión de darle desde la educación inicial, pasando por los posgrados hasta llegar al último suspiro, todo el poder a los libros. El año académico 2021 es un buen punto de inicio para que cuando arribemos al 2030, midamos logros y cosechemos frutos.

¿Le suena romántico? Lo es. Y es bueno que así sea, después de todo se trata de nuestros hijos y nietos. Así que: A leer con ellos desde la cuna hasta que culmine su escolaridad formal, seguros de que en algún momento ellos, agradecidos se soltarán de nuestras manos al borde de cualquiera de los precipicios que les depare la vida y -como en los versos de un poeta francés- en vez de caer al precipicio, volarán y continuarán haciendo que en su alma, en lugar de la violencia y el cautiverio, estalle la paz y sigan conquistando su libertad.

Si, ya lo sabemos. No hay libros en los hogares de los pobres (y a veces de los que tienen solvencia económica) y la pandemia les cerró de un solo golpe las puertas a las bibliotecas de las escuelas, colegios y universidades. Bueno, toca entonces en el 2021 abrir de par en par las  bibliotecas escolares, las bibliotecas municipales, privadas y comunitarias.

Dirán además -por error, desconocimiento o visión fatalista- que en el país no hay bibliotecas que valgan la pena. Yo le invitaría a que hagamos un alto y visitemos la Biblioteca Nacional en Tegucigalpa. En las universidades la procesión académica se nutre en la Biblioteca de la UNAH (con su gran Colección Hondureña) y su biblioteca en la UNAH-VS. La UPNFM tiene jugando en ligas mayores a sus dos catedrales del conocimiento: las bibliotecas de sus campus en Tegucigalpa y San Pedro Sula. Ambas universidades tienen servicios bibliotecarios en todos sus campus regionales. Y, con menor antigüedad pero con servicios de calidad, las restantes universidades del país tienen en sus bibliotecas servicios de consulta de libros de papel y -universidades públicas y privadas- tienen una variedad de colecciones de bibliotecas digitales cuya consulta es gratuita.

Un párrafo especial se merecen los gestores del trabajo intelectual en la zona rural y semi-urbana del país. Para muestra un botón de oro: En Gracias, Lempira, aun en medio de la crudeza de la pandemia, el poeta Salvador Madrid y sus colaboradores han sostenido su nuevo concepto de biblioteca, esencialmente orgánica, llena de vida. Y, cuando todo el mundo habla de abrir la economía, en  el departamento de Lempira el “Proyecto de bibliotecas Blue Lapin, de Plan Internacional” ha puesto la belleza de los “espacios culturales para la creatividad lectora, creación literaria y artística” para dar vuelo a la imaginación infantil.

Esta concepción de biblioteca orgánica y ubicua, a pesar de la máscara del COVID 19, arrulló el Festival Internacional de Poesía Los Confines 2020. Despidiendo agosto, en plena pandemia, por la Internet liberaron la noticia de que “La danza de los papagayos” era el poemario ganador. Son versos tejidos y escritos por el joven poeta hondureño Martín Cálix.

Otro gran escenario son los clubes de lectura. Si usted es un padre joven o espera serlo muy pronto, asóciese a un club de lectores, le apuesto -triple contra sencillo- que al cabo de los años tendrá un gran hijo, un gran ciudadano con un sólido núcleo de valores a prueba de cualquier tormenta social. Porque si usted lee todos los días, sus hijas y sus hijos  le imitarán y la lectura será para ellos un placer vital más que un deber incómodo, que se acaba el día que la sociedad le premie con un título de la escolarización oficial de su mente.

Me provoca preguntarle cuál será el libro con el cual iniciará esta aventura, porque seguro estoy que si no lo ha hecho antes, lo hará a partir de hoy. Crecerá en comunión con sus hijos y hará patria.

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