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Rutilia y el espíritu de Atenea

Por: Julio Raudales
Tegucigalpa.-Ningún elogio puede calificarse de desmedido o inapropiado si se trata de describir las calificaciones de Rutilia Calderón para llevar las riendas de la Secretaría de Educación en nuestro país.

¡Problema grande nos queda en la UNAH, ahora que debemos encontrar a alguien que entienda con claridad grande los desafíos académicos de la reforma y provea a la Alma Mater de las soluciones que con tanto acierto ella plantea en este duro pero apasionante trabajo!
Doctora en medicina con especialidad en epidemiología obtenida en Brasil, suma a su experiencia como docente y gestora educativa, el bagaje enriquecedor de ser asesora de la Organización Panamericana de la Salud y el apoyo a una variedad de gobiernos en Centro y Suramérica en los dedicados al tema.
Dueña además de un carisma y una actitud positiva, ¡siempre tiene una respuesta clara y práctica a cualquier interrogante! Fiel defensora de sus principios, jamás cejó ante la posibilidad de revertir el proceso de reforma que nuestra universidad encara desde hace ya más de una década.
Me ha tocado trabajar hombro a hombro con ella y una pléyade de personas honestas e inteligentes (casi todas mujeres), convencidas de que es posible una solución razonada a los problemas de Honduras, mismos que comienzan y terminan en la provisión de una educación de calidad a la juventud.
Justo es recordar que hace apenas 60 años, se inició en Costa Rica un proceso de reformas institucionales liderado por el presidente José Figueres, denominado “La Revolución de 1948”. Por aquellos días el pequeño país no mostraba grandes diferencias socioeconómicas con el resto del istmo; sin embargo, debemos reconocer que ya por entonces, los ticos tenían una buena disposición y madurez para resolver sus problemas mediante el dialogo y no con balas como mas tarde lo intentarían el resto de sus ‘hermanitos’.
Dos acuerdos sumamente populares e insólitos destacan de aquella gesta: la eliminación del ejército y una reforma educativa consecuente y poderosa que se convirtió en el puntal para el despegue de ese país vecino. 
Pese a sus vidas contrapuestas, Honduras y Costa Rica comparten algunas situaciones comunes que los diferencian del resto: no tuvieron guerra civil ni revolución foquista; además los hondureños iniciamos unos años después de los ticos, un proceso similar de reformas sociales de la mano de Gálvez, Lozano y Villeda Morales, que sin embargo fue frustrado debido a la irracionalidad inmanente a nuestro liderazgo político.
Y es que de toda la institucionalidad de nuestro país, el sector educativo es sin duda el que presenta mayores desafíos, tanto en gobernabilidad como en eficiencia y resultados. El gasto en educación en Honduras sobrepasa el 8% del PIB, el más alto en América Latina con resultados desalentadores:
Si bien la cobertura en los dos primeros ciclos de educación básica (primero a sexto grado) es superior al 90%, las mediciones realizadas a la calidad en español y matemáticas son todas inferiores al 50%; la cobertura en pre básica es de apenas 40%; apenas un 70% de los y las jóvenes completan el tercer ciclo básico (7-9 grados) y menos de 30 de cada cien jóvenes logran completar su secundaria antes de los 18 años.
Aunque hace ya más de 4 años que hemos logrado superar la meta de 200 días de clase, es evidente que necesitamos avanzar en mejorar la calidad del servicio prestado; por cierto, un estudio reciente del Banco Mundial señala un deterioro en la infraestructura y otras condiciones básicas en las escuelas.
Pese a que las niñas tienen un mayor logro educativo, sus ingresos suelen ser inferiores al de los varones cuando concluyen sus estudios. Las áreas rurales son las más afectadas en cualquier análisis, sobre todo por la gran cantidad de escuelas uni-docentes y las grandes distancias que niños y niñas deben recorrer sin un medio de transporte adecuado.
Será necesario entonces, enderezar el rumbo y hacer que la buena educación se transforme de una vez en el instrumento que permita a los seres humanos nacidos en Honduras, alcanzar su realización y dignidad como personas.
Nadie mejor entonces, que alguien que comprende la problemática desde las atalayas de la salud y el desarrollo académico para llevar al sector educativo por esta senda. Le deseo el mayor de los éxitos en su gestión, convencido de que convicción, trabajo tesonero y capacidades, son la clave de una mejor y mayor patria.
 
 
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