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Recesión en tiempos confusos

Jp Carías Chaverri

¿Vamos a una recesión si o no? El Fondo Monetario ha dicho que es inevitable y técnicamente Estados Unidos ya estaba en ella después de dos cuartos de decrecimiento económico. Sin embargo, eso de técnicamente significa que hay ciertas variables económicas como el desempleo y la producción industrial que no están tan mal y por lo tanto no permite declarar la recesión sin ese apellido confuso.

Y mire usted que al develarse las cifras del tercer cuarto (julio – septiembre) resulta que la economía del vecino del norte creció en 0.6%. Sin embargo, el New York Times nos dice que “hay componentes claves mostrando una desaceleración: Una reducción en el gasto de los consumidores y un rápido debilitamiento del mercado inmobiliario significan que el reporte hará poco para reducir los miedos a la recesión”.

Lo cierto es que la pandemia, con sus múltiples consecuencias en la economía, por ejemplo, las distorsiones en el flujo de inmigrantes y la crisis de los contenedores, a la par de la guerra en Ucrania, ha traído un cóctel de distorsiones que tiene locos a los economistas, porque hay variables que no se están comportando como deberían hacerlo en procesos recesivos o pre recesivos.

Y eso hace al fenómeno aún mucho más peligroso, porque es mucho más difícil de predecir. Aparecen imprevistos cuyas consecuencias no están claras. Por ejemplo, no se han podido medir adecuadamente las distorsiones en la cadena de suministro. No es solamente que va a hacer falta leche de una marca o que habrá menos variedad de cervezas o que cierto producto farmacéutico estará escaso.

Las empresas de energía de los Estados Unidos están enfrentando una crisis de escasez de transformadores. ¿Pondrá esto en peligro la confiabilidad del suministro de energía? Es todavía pronto para decirlo. Este factor se suma a un complejo entramado en este sector, vital para la economía de este y cualquier otro país. Es evidente que los desastres en La Florida, dejados por el huracán Ian, introdujeron presión extra sobre todo el sistema.

Trabajadores de línea de todo Estados Unidos (las ventajas de una Federación), se movilizaron para restaurar en tiempo récord la energía en La Florida, llevando con ellos infraestructura de distribución, como los transformadores, que debía ser repuesta. Ahora, hay dudas que si otro fenómeno de gran magnitud azota cualquier Estado de la unión habrá capacidad para responder.

“Cuando la Asociación Estadounidense de Energía Pública (APPA), que presta servicios a empresas de servicios públicos sin fines de lucro, encuestamos a nuestros miembros a principios de 2022, los tiempos de entrega de transformadores promediaron un año, en comparación con los tres meses de 2018 (antes de la pandemia). Ahora, nuestra membresía informa tiempos de espera de hasta 18 meses a dos años, y algunos fabricantes cancelan pedidos porque no tienen suficiente stock disponible para surtirlos”, indica Joy Ditto presidente de la APPA, encendiendo las alarmas.

Al mismo tiempo, diversos proyectos de transmisión en toda Norteamérica han sido pospuestos tras los incrementos en la tasa de interés. Aún no está claro cuáles serán las consecuencias, considerando que, por ejemplo, las empresas de energía del Oeste pasaron serios apuros con los aumentos de demanda producto de las olas de calor. Las consecuencias en Honduras son múltiples e igualmente difíciles de prever. ¿Habrá una reducción de las remesas, nuestras exportaciones a Estados Unidos disminuirán, veremos un declive en la inversión extranjera directa? En todo caso del tema debería de hablarse más para ver si alguien propone un plan de mitigación congruente.

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