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¿Llegó la hora del Partido Liberal?

Por: Pedro Gómez Nieto

Los artículos que comparto con los lectores no están dirigidos por algún titiritero, quien me conoce lo sabe.

Vivimos en una sociedad donde se levantan banderas, colocan alfombras –doblando la rodilla- y hacen manifestaciones de apoyo a corruptos, incompetentes y mesías sin que la gente comprenda que está siendo manipulada, lo cual es preocupante. Vociferan que ejercen sus derechos democráticos pero todo derecho está sustentado en un deber, concepto que no entienden o quieren aceptar. Hay depredadores de la democracia que practican el deporte de la injuria y calumnia contra cualquiera que afecte sus espurios intereses. En la sabiduría “otrora” del caballero de la triste figura: <<Deja que los perros ladren, Sancho amigo, señal de que vamos pasando>>. Aquesta manera escúrreme el agua por el impermeable.

Trataré de alumbrar algunas zonas del escenario que ocupa el candidato liberal, de igual forma que anteriormente lo hice para otros candidatos. En el artículo publicado el pasado 18.09.2017 explicaba por qué en el próximo Congreso Nacional, a diferencia de lo que ha pasado en el actual, el socio natural del nacionalismo no será el partido liberal sino Libre. El Partido Liberal se está fortaleciendo y generando nuevas ilusiones, el mérito corresponde a Luis Zelaya. No obstante, el intervalo que resta hasta las elecciones no será suficiente para congregar en torno a su persona la masa electoral necesaria para inquietar las aspiraciones continuistas del candidato nacionalista. Recuperará el voto de muchos liberales que en la fractura política y social del 2009 le dieron la espalda al partido, o emigraron a Libre, ambos grupos están regresando paulatinamente de forma discreta o abierta. Debe sumarle muchos votos de primitivos simpatizantes y votantes del Pac que tras la diáspora provocada por el paladín se quedaron sin faro guía ni ideario político. El partido liberal será la segunda fuerza política en el próximo Congreso Nacional.

A favor del candidato: 1.- Su capacidad intelectual es incuestionable, superaría a cualquier adversario en un debate televisado, y ellos lo saben. 2.- Es nuevo en política y no tiene “cola que le pisen”. 3.- Presenta un programa coherente, con ideas novedosas y  tangibles para el desarrollo del país. 4.- Se muestra como persona con convicciones, valores y principios. 5.- Está haciendo “limpieza” dentro del partido y desterrando vicios, que él denomina “otra forma de hacer política”, lo que fortalece su perfil. 6.- Genera simpatías en la comunidad internacional establecida en Honduras, particularmente en la nación del norte. 6.- Abiertamente se ha confrontado con el partido nacional y su aspirante presidencial, por la forma “novedosa” (es neolenguaje) como articularon la candidatura, lo que sin duda marcará la línea divisoria entre su bancada y la nacionalista en el próximo Congreso Nacional. 7.- Defiende el respeto al marco legal y constitucional, y si fuese necesario realizar cambios los haría según los procedimientos que las propias leyes establecen. Esto genera las simpatías del electorado pluripartidista que acepta la reelección como aporte constitucional, pero no aprueba los procedimientos empleados para implementarla.

A mejorar: 1.- Hay líderes y pesos pesados del liberalismo que no le apoyan como deberían hacerlo, aunque en la “proximia corta” le manifiesten otra cosa. El motivo podemos encontrarlo en que tras ocho años de gobierno nacionalista estos liberales vinculados a la banca, al sector empresarial y a la política tienen vasos comunicantes e intereses de todo tipo con el partido en el poder. Sería necesario que abandonaran sus zonas de confort y dieran un salto hacia la zona de riesgo, lo cual resulta una quimera. Mejor juegan con dos barajas.

2.- No termina de conectar con la masa crítica que necesita del electorado. Le falta desarrollar kinemas gestuales, mejorar la paralingüística, y trabajar el vínculo emocional. Habla como si estuviera impartiendo una clase a sus alumnos. Debería recordar que el elector promedio no sabe de los temas políticos que se debaten en las campañas, y está cansado de escuchar promesas que terminan en mentiras tras cada proceso electoral. Pero lo que sí entiende es cómo le hace sentir un candidato, la imagen que irradia, escuchar su voz, su paralingüística de esperanza, y los gestos que refuerzan su mensaje de confianza y triunfo. Recordemos: “Pensar lo que se dice, sentir lo que se dice y comprometerse en hacer lo que se dice”. Se genera así un vínculo emocional que establece la fidelidad al candidato porque se percibe “autentico”.

En definitiva, solo que una “tormenta perfecta” afectara la figura del candidato nacionalista, podría variar el voto o producirse la abstención de un electorado disciplinado que mayoritariamente se decanta por el continuismo. Queda el comodín del abstencionismo endémico al que nadie le presta atención y que por sí solo puede darle la victoria a cualquier candidato presidencial. ¿Alguien sabe cómo movilizarlo? El voto oculto y el de castigo no serán determinantes.

Más de Pedro Gómez Nieto aquí…                                           

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