Las tres olas de la guerra biológica

Por: Pedro Gómez Nieto
Asesor y Profesor CISI

En marzo 2015, Bill Gates, en una conferencia impartida en Vancouver, expuso el escenario de guerra biológica donde nos encontramos. Decía que si en el futuro “algo” matase a 10 millones de personas no sería una guerra nuclear sino bacteriológica. Guerras cuyo armamento no serían misiles sino microbios, bacterias y virus. Sentenciaba: “No estamos listos para detener la próxima epidemia”.

La humanidad ha soportado tres guerras mundiales. El escenario de la primera fueron las trincheras; la segunda se libró en el aire; la tercera utiliza como fecha de referencia el ataque a las Torres Gemelas, 11-Septiembre-2001, con 2.983 muertos. Mientras en las dos primeras los ejércitos se mataban entre sí y los muertos civiles eran daños colaterales, a partir de la tercera se invirtieron los factores, el objetivo es la población indiscriminada. Guerra asimétrica, de religiones, culturas e ideologías, que sigue activa.En diciembre de 2019 se inicia en Wuhan, provincia China, la cuarta guerra mundial, la biológica, golpeando al mundo cual devastador tsunami.

La primera ola llega con el contagio masivo, la diseminación. Mientras se iban conociendo las características del Covid-19, China sorprende al mundo con la construcción de mega hospitales equipados, y la fabricación masiva de material biosanitario y desinfección, en menos de un mes. No obstante, los mandatarios de la aldea global siguieron relajados, comportándose como la cigarra de la fábula, mirando trabajar a las hormigas en su nueva “muralla china” de contención y neutralización. Incluso en la ONU, a su organismo especializado, la OMS, le faltaron reflejos para “tocar a rebato”.

La segunda ola es la económica. Rompe sobre el tejido industrial, recursos e infraestructuras. Debilita hasta provocar el colapso de empresas. Sector financiero, bursátil y bancario; medios de producción, transporte y distribución; importaciones y exportaciones; sectores alimentación, salud, y servicios. Para terminar destrozando el mercado laboral, los puestos de trabajo.

La tercera ola es la social. Golpea el modelo de vida provocando cambios forzosos y severos. “Cambio” y “transformación” no son sinónimos. El cambio es externo, se impone, provoca rechazo porque zarandea la zona de confort. Por el contrario, la transformación es interna, generando desarrollo espiritual. Podemos cambiar por obligación, pero no transformarnos. A la inversa, la transformación interior provoca el cambio exterior evidenciándose por la actitud personal. ¿Por qué China ve la luz al final del túnel en tan poco tiempo? Por su conciencia social, su actitud como pueblo, como nación.

Generalicemos sobre el comportamiento de las sociedades asiáticas. Están mejor preparadas física, intelectual y mentalmente. Educadas en el respeto, valores y tradiciones. En sus relaciones personales no se tocan, no se besan, no socializan en bares, restaurantes, fiestas. Priorizan el bien general sobre el individual. Ante las dificultades saben que la cohesión es fundamental; que sin sacrificio no hay mérito. Son disciplinados, responsables, obedecen a las autoridades. Sociedades formadas en la “Resiliencia”: la capacidad de enfrentar la adversidad, las dificultades, de saber adaptarse con diligencia a los problemas y circunstancias.

Esta tercera ola determinará el nuevo orden mundial. La recuperación se fundamentará sobre el capital humano, sobresaliendo Asia con sociedades cohesionadas, preparadas, motivadas. Quienes no entiendan que estamos en un escenario de guerra, ya han sido derrotados. Quienes pretenden aprovecharse políticamente de la pandemia, retuiteando basura para alimentar su imagen, torpedeando los esfuerzos de las autoridades hondureñas en beneficio del pueblo, serán recompensados en las urnas. Aléjense de ellos para no contagiarse, están infectados por el coronavirus espiritual que bloquea el entendimiento, dañando el corazón en lugar de los pulmones.

El foco del contagio que se encuentra sobre Europa, Italia y España, ya alumbra América, concretamente Estados Unidos. En Valencia, España, a principios de este año, en la Plaza de la Virgen, un monje franciscano, Massimo Coppo, italiano, ¿casualidad?, vestido con un hábito de yute, descalzo, la Biblia en una mano y en la otra un cayado culminado por la cruz, profetizaba en nombre de Jesús: “¡Llega una gran tribulación! ¡Escuchen la vacuna contra el coronavirus!”, gritaba mientras leía una reflexión del Salmo 91: “El que habita bajo la protección del Altísimo, y mora a la sombra del Todopoderoso diga a Dios: «tú eres mi refugio y mi roca, mi Dios en quien confío». Y Él te librará de la red del cazador, de la peste exterminadora coronavirus”. Amén.

“Tenemos mucho que hacer y debemos hacerlo juntos”. -Papa Francisco-

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