spot_imgspot_img

La tercera ola

Armando Euceda

Lo que a finales del 2019, en Wuhan, China, se inició como pequeñas escaramuzas entre el Coronavirus y el sistema inmunológico de los humanos, ha terminado desatando, no una o dos, sino tres olas de contagio masivo del COVID-19. La tercera ola ya abate a los europeos que, a pesar de estar entre las regiones del mundo que más invierten en investigación científica y desarrollo, no encuentran una clara salida a esta pandemia y el número de sus muertos sigue en aumento. La llegada de esta tercera ola a América Latina es inminente y, en países como el nuestro, aun no entendemos que, más que importante, es de sobrevivencia que de una vez por todas, le prestemos atención a los dictados de la ciencia y, en particular, que sepamos escuchar a los profesionales de la salud que en esta materia no pueden ser ignorados.

El sábado 14 de marzo del 2020, el físico Brian Greene escribió en su cuenta de Twitter: “Muchos de nosotros no tenemos la intuición del crecimiento exponencial. Antes de que la curva suba, creemos que no hay problema. Pero cuando la curva choca contra nosotros, es demasiado tarde para responder con eficacia. De ahí los muchos restaurantes y bares llenos que vi mientras caminaba a casa hoy en Nueva York.” Lo que siguió, lo conocemos: miles de muertos en la gran manzana y su sistema de salud colapsado.

Ese twitter continúa vigente y nosotros en Honduras debemos aprender la lección. Viene la Semana Santa y si como ciudadanos -clientes o empresarios- somos irresponsables y no seguimos las reglas básicas de seguridad para nuestra salud, que hasta la saciedad nos han repetido, y pasamos de la devoción de la fiesta religiosa al jolgorio de la pachanga contagiosa, para abril y para mayo, lamentablemente, pasaremos de las fiestas a los entierros sin velorios, contados los muertos, una vez más, por la función exponencial.

Así nos podría ocurrir en un par de semanas con la llegada de la tercera ola de contagios del COVID-19 al país. ¡La función exponencial no perdona!

La UNAH, con su comisión especial para tratar este tema del COVID-19, sus profesores de la  Facultad de Ciencias Médicas y estudiantes en servicio social, así como un gran número de sus posgrados en el área de la salud, ha jugado un papel que muestra su total compromiso constitucional de participar en la solución de los problemas nacionales. De igual manera, un papel muy digno de imitar han jugado las 21 universidades públicas y privadas que pertenecen al Consejo de Educación Superior, contribuyendo en las áreas del conocimiento que son de su competencia.

El COHEP ha hecho un aporte sustantivo. Ha estado acucioso y propositivo. No ha buscado generar polémicas pero no ha rehuido confrontar al gobierno cuando se hace necesario.

Los médicos, las enfermeras, los microbiólogos y los demás trabajadores de la salud, han puesto un gran esfuerzo para atender los servicios demandados por el pueblo. Y han pagado una cuota muy elevada, al perder la vida un alto número de sus agremiados.

El problema está en la cúpula que conduce el sistema de salud. Han fracasado al consignar y aplicar las políticas públicas de salud apropiadas para esta pandemia. Tal es así que a diario se quejan los médicos recién contratados que no reciben el pago de sus salarios a tiempo. No voy a perder el tiempo de los lectores tocando el caso de los hospitales móviles o la lentitud en la adquisición de las vacunas.

El gobierno, aun en medio de las críticas frontales que ellos le hacen, no puede continuar ignorando la necesaria presencia del gremio médico en la mesa de análisis de esta crisis, porque con esa actitud, lejos de resolverla, la profundiza.

Si no se planifica conjuntamente entre los diversos especialistas -médicos, microbiólogos, enfermeras, y otros- que tienen incidencia directa en la ciencia con la que se debe atender esta crisis, y el gobierno por medio de sus instancias técnicas y políticas, terminaremos haciendo más de lo mismo y cometiendo más errores.

El escenario que la ciencia nos dibuja es el más dantesco posible. El virólogo alemán Felix Drexler, nos advierte a los latinoamericanos que “El problema es que si quieren cambiar algo ahora, antes de que llegue la tercera ola, es casi imposible por falta de tiempo.”

Nos condenan como pueblo a seguir viviendo en tiempos de pandemia bajo el lente de la ignorancia en ciencia básica que, sin pena, se transpira en casa de gobierno: ¡Por favor, dejen el manejo de la tercera ola de contagio masivo del coronavirus en manos de los que saben: los profesionales de la salud!

spot_img

Lo + Nuevo

spot_img
23,078FansMe gusta
37,664SeguidoresSeguir
5,673suscriptoresSuscribirte
spot_img
spot_imgspot_img