La ruta del poder

Thelma Mejía

Tegucigalpa.- ¿Para qué quieren el poder los narcos? ¿Cuál es su ruta de poder?, son algunas de las preguntas que uno se hace al leer los relatos de los capos hondureños en los tribunales de Nueva York, cuyos testimonios, salen como riego por goteo, lacerando la institucionalidad, salpicando las elites políticas, desnudando sus nexos con carteles internacionales y evidenciando la compra de impunidad y lealtades con dinero o extorsiones, hasta que afloran las traiciones y comienza el ajuste de cuentas, o la decisión de quitar del camino a quién o quiénes les incomodan como sucedió con Alfredo Landaverde y el general Julián Arístides González, entre otros.

Los testimonios, hasta ahora conocidos, permiten hilvanar su ruta de poder: impunidad, financiamiento ilícito de campañas, sobornos, acceso a información, control de territorios, penetración del Estado, destrucción del bosque, inversiones en proyectos de energía, turismo o en la industria extractiva hasta convertirse en los nuevos “barones” de la aristocracia rural o urbana en las zonas o naciones donde operan.

Esa ruta de poder que han construido, les ha permitido actuar por décadas  a sus anchas, y sin ningún empacho relatan cómo el uso de armas de grueso calibre es tan común que no hay autoridad que los detenga, porque han sido cooptados o comprados. Esa ruta también revela cómo planifican la muerte de sus rivales, cómo entran en negociaciones con carteles tan poderosos como el de Sinaloa, en México, y cómo la infraestructura del país es puesta a su disposición para obtener operaciones exitosas.

Su radiografía del poder, de su uso y beneficio solo configura la complejidad de sus relaciones, sus misteriosos amoríos con sectores inimaginables, así como la facilidad para penetrar la política, al grado de ser uno de los poderes paralelos que junto a los poderes fácticos deciden sobre el poder en los países donde operan. Honduras, no es la excepción, el imperio de los narcos va más allá de Los Cachiros o los Valle Valle; el poder de este grupo ilícito es tan alucinante como el relato de quienes fueron sus aliados que hoy son juzgados en los tribunales estadounidenses.

Jueces, fiscales, policías, políticos, empresarios,  presidentes y ex presidentes afloran en esos testimonios donde nadie o casi nadie se sorprenden, excepto los señalados, cuyas versiones son dignas de una antología de lo absurdo en el país donde las elites políticas prefieren callar y dar por sentado las “certificaciones” de los tribunales del imperio antes que cuestionar la ruta del poder de los mafiosos. Es el poder también de la colusión, y a medida que ello se agudiza, se profundiza también la desigualdad y la ingobernabilidad, se deteriora la democracia.

El más reciente testimonio que surge de los tribunales de Nueva York, y reseñado por el Centro de Estudios para la Democracia, Cespad, relacionado con el diputado Fredy Nájera, que se entregó a las autoridades  estadounidenses y ahora afronta la posibilidad de una cadena perpetua, solo viene a ratificar lo que han declarado, desde sus visiones y negocios, lo dicho por Los Cachiros, Fabio Lobo, Los Valle Valle, Héctor Emilio Fernández, conocido como “Don H”,  Carlos “El negro” Lobo, entre otros mafiosos hondureños, cuyos relatos son dignos de un guión de Netflix sobre su visión y ruta de poder.

Esa ruta de poder que también siguió el ex diputado Antonio “Tony” Hernández, hermano del actual mandatario, y a quien un tribunal dictará a fines de mes—si no se pospone nuevamente—la pena concreta de prisión por sus delitos de narcotráfico.

De todo ello, lo más preocupante es su penetración en la política a través del financiamiento ilícito de campañas, donde la ley de política limpia, no será capaz de atajar las “grandes inversiones” porque carece de muchas limitaciones logísticas y de recursos financieros y humanos, entre ellas la principal de todas: voluntad política para actuar. Escuchando esos relatos de Nueva York, ni la Unidad de Política ni el Ministerio Público—que ha hecho muchas cosas en este aspecto—tendrá la coraza de enfrentar ese monstruo paralelo de poder, sin que caigan muchos en el camino, excepto que colabore con más activismo con quienes quieren apaciguar el poder del narco: los Estados Unidos.

La narco política es más grave de lo que parece, las elites políticas lejos de entrar a fondo para atacar el problema, lo evaden, siguen con sus discursos vacíos, y con algunas excepciones, prefieren, como el avestruz, meter la cabeza en el lodo en espera de que el ventilador no los salpique Y mientras sigan así, indolentes y reacios al cambio, el poder del narco sigue ampliando su ruta de asirse cada vez más, de más poder. Para ellos, es la ruta del poder.

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