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La migración forzada: un enfoque filosófico

Ricardo Puerta

Tegucigalpa. – Ramón Antonio Romero Cantarero, doctor en Filosofía orientado a la Filosofía Política y la Ética, responde en esta entrevista de siete preguntas que le fue hecha para mi columna de Proceso.hn sobre asuntos clave para comprender mejor el fenómeno de la migración forzada desde las orientaciones del entrevistado.

1. ¿Cómo entiende un filósofo la migración forzada?

Respondo desde la Filosofía, que tiende a ver la realidad en su totalidad, con racionalidad, sensatez y justicia.

Primero, la migración forzada es un fenómeno que obedece a causas económico-sociales y políticas. La pobreza, la inseguridad, la falta de libertades y la represión han sido identificadas como causas mayores por los cientistas sociales que la estudian.

Segundo, en términos conceptuales, la migración forzada es la movilización de grandes contingentes humanos en condición de graves carencias, desde países empobrecidos hacia países enriquecidos, en busca de mejores condiciones de vida. Este fenómeno se sucede en el mundo entero. En la actualidad se ha ido agudizando de manera vertiginosa, a medida que aumenta la brecha de inequidad entre los más ricos y los más pobres. Millones de personas procedentes de África, Asia y América Latina tratan de ingresar por cualquier medio a países europeos y a los Estados Unidos, en busca de trabajo y protección, para mejorar su vida, salir de la pobreza, apoyar con dinero a los familiares en sus países de origen, lograr seguridad ante graves riesgos a su vida e insertarse en el consumismo de las sociedades opulentas. Este conjunto de aspiraciones es referido en términos de una ilusión que se busca concretar (el “sueño americano” de los hondureños, por ejemplo, diferente al American Dream).

Tercero: en términos éticos, siendo catalogados los migrantes como indocumentados por carecer de documentación que les autorice a  ingresar legalmente al país de destino o aún a los países de tránsito, su condición es de alta vulnerabilidad y graves necesidades. En tales condiciones la migración forzada es un desafío al respeto de los derechos humanos y a la solidaridad con la población migrante. Las actitudes y conductas que se practican hacia los migrantes en los diferentes países por donde pasan, por parte de los gobiernos, empresas, instituciones no gubernamentales y ciudadanos, son expresión de los reales principios, valores y normas morales imperantes en dichas sociedades. También la actitud hacia los migrantes en los países de destino expresa la catadura moral que predomina en esos países.

 2. ¿Hay factores ideológicos que orientan la actitud de gobiernos y sociedades hacia los migrantes en los países de destino?

Si los hay. En los países de destino los migrantes son rechazados por los gobiernos argumentando que no tienen los documentos necesarios para el ingreso legal a ese país. En su decisión los gobiernos cuentan con la aprobación de diversos sectores políticos, económicos, medios de comunicación y grupos de la sociedad que mantienen una actitud anti migrante.  En la base de esta actitud operan los factores ideológicos.

La ideología dominante en los países de destino tiene como creencias más generalizadas, estimuladas desde posturas ultra nacionalistas y anti democráticas, las siguientes: que los migrantes indocumentados vienen a molestar, a alterar la situación dentro de la nación y a quitar los trabajos de las personas que cumplen sus deberes y pagan impuestos; que no vienen a aportar nada positivo a la sociedad sino a dañarla y a crear complicaciones; que son potenciales delincuentes y aún terroristas; que traen valores contrarios a la buena moral imperante; que son parásitos y que vienen a gozar de servicios como la salud pública, sin haber contribuido a ella, aumentando con esto los costos de la misma.

Esta ideología, de larga data, fue inyectada de manera intensa y amplia a la sociedad estadounidense durante la administración Trump. Desde estas ideas se induce a la población a sentir rechazo, desprecio, aversión y también temor a los migrantes indocumentados. Poseídos de estas ideas, muchas personas en los países de destino configuran un ambiente de terrible hostilidad hacia migrantes y a la vez, cohesionados por esta ideología compartida, son llevados a lealtades políticas, sociales y económicas anti-humanas, contrarias a los derechos naturales de las personas e irracionales.

 3. ¿Hay en los países de destino, una ética a tono con esta ideología?

Sí la hay. Dentro de la ideología dominante en los países de destino se afianza una postura ética identificada como la ética contractualista. En ella las relaciones sociales solo son buenas cuando cada uno entrega algo a cambio de recibir otra cosa equivalente. Es la ética del dar para recibir, o de la quita y daca. En ella quienes cuentan y son importantes son los que pueden retornar algo de similar valor a cambio de lo recibido. Solo estos merecen ser incluidos en la sociedad. Los demás, como los migrantes, no cuentan puesto que no han aportado nada; y al no aportar, carecen de razón para que tengan derecho a algo y por ello no merecen recibir nada. Una pregunta clave desde la ética contractual, es: ¿Y yo qué gano con hacer eso? La norma moral es que, si al hacer algo no voy a obtener nada a cambio, es correcto no hacerlo.

4. ¿Cuáles son, en el caso de los migrantes forzados, las acciones prácticas a las que da lugar la ideología dominante y su ética del contrato?

La ideología dominante y su ética del contrato vuelven legítimas las acciones contra migrantes. Justifican la discriminación, persecución, captura, separación de familias, negación de atenciones, muerte en algunos casos, o encarcelamiento y deportación. Estas prácticas, ideológicamente justificadas, son, además, jurídicamente procedentes de acuerdo con las leyes de diversos estados. Por esta vía se consuman, en pleno siglo XXI, actos de la más inhumana e insensata barbarie, como si fueren acciones justas o actos de legítima defensa.

5. ¿Qué tan ciertas son las afirmaciones anti migrantes que sostienen la ideología dominante y con ella, la ética imperante en los países de destino?

Son afirmaciones falsas, mentirosas. Sostener que los migrantes no retornan bienes proporcionales a los que reciben, es mentira. Cada migrante está dispuesto a entregar su fuerza de trabajo en el país de destino, aún en condiciones de explotación y ejecutando los trabajos más duros o los más despreciables, que los nacionales de ese estado se rehúsan a realizar. Esto significa que desde que dejan sus países de origen van dispuestos a devolver con creces lo que reciben, y de hecho así lo hacen si logran llegar y tener la oportunidad de trabajar en el lugar de destino.

 6. ¿Es esta actitud contra los migrantes, parte de una actitud más generalizada, que abarca a otros sectores sociales dentro de los propios países de destino?

Sí lo es. Es parte de una actitud que la filósofa española Adela Cortina ha identificado como “aporofobia”, que significa rechazo o fobia hacia el pobre. A los migrantes se les desprecia no por ser extranjeros sino por ser pobres, tal como se desprecia a los pobres nacidos en ese país, que por lo tanto no son migrantes. La aporofobia es un componente de la ideología dominante y de su ética. Los discursos del odio, el rechazo a los que son diferentes a la mayoría, las imputaciones y los crímenes de odio contra personas que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad y desamparo son también prácticas aporófobas. La aporofobia es común en el mundo contemporáneo. Paradójicamente significa tener fobia hacia la inmensa mayoría de seres humanos, cuyo “pecado” es ser pobres. Ante los aporófobos, cabe preguntarse: ¿No es insensato actuar en contra de las inmensas mayorías a quienes desconocemos? ¿Hay derecho a ser aporófobo?

7. ¿Y en los países de tránsito?

En estos países también hay migrantes. Ello implica que son, simultáneamente, países generadores de la migración indocumentada y ruta de tránsito de otros migrantes. Frente a los migrantes en tránsito, algunos sectores de la población son indiferentes, indolentes. Otros son violentos, extorsionadores y expoliadores, tratando de arrebatarles lo poco que traen para su viaje.

También hay un sector de la población que es solidario con ellos. La solidaridad procede tanto de personas que en su mayoría viven en condiciones de pobreza y extrema pobreza, como de personas que sin ser pobres, apoyan a los migrantes por razones humanitarias.

Quienes apoyan a los migrantes practican una ética de la solidaridad, contraria a la ética del contrato. Desde la solidaridad se comparte de manera generosa y desprendida, sin esperar algo a cambio. En ella subyace el reconocimiento del otro como su igual, con el cual existen deberes. Esta ética de la solidaridad es parte de una tendencia que en la teoría ética se conoce como las éticas altruistas, enfrentadas a las éticas egoístas.

Desde la perspectiva ciudadana y humanista, es necesario formar a la población de los países de tránsito, como a la de los países de destino, en el ejercicio de la ética solidaria. La presencia de los migrantes constituye una oportunidad para aprender a ser solidarios.

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