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¡Es tiempo de historias!

Chasty Fernández López

Imagina una semilla: tiene todo el potencial que necesita para convertirse en un gran árbol. Pero ¿qué es lo que le ayuda a crecer y dar fruto? el agua, el aire, el sol y la tierra con los cuidados necesarios del abono y el riego. Así son las virtudes, esos elementos que necesitamos para ser mejores individuos y ciudadanos.

Las virtudes son características positivas que se cultivan en el corazón y que nos ayudan a alcanzar nuestras metas y a tener una vida feliz con quienes nos rodean. Desde muy pequeños nos inculcan los conceptos de cómo comportarnos ante la sociedad para relacionarnos con las personas y con la naturaleza y ser un ciudadano de bien; a esto le llamamos valores, siendo algunos como la honestidad, el respeto, la gratitud, la responsabilidad, la perseverancia, la humildad, el perdón, la solidaridad. Pero, cuando no ponemos en práctica dichos valores no llegan a ser virtudes.

Es igual a tener conocimiento sobre qué es regar, podar y abonar la tierra; si no lo hacemos, el árbol no crecerá de la mejor manera. Cuando practicamos los valores se dice que es una persona virtuosa; cuando la sociedad lo hace, se dice que es una sociedad virtuosa.

Mi desafío para ti hoy es que conozcas la historia de Laura, una niña virtuosa luchando en un día normal lleno de pruebas y desafíos.  Al leer, descubre los valores que quisieras poner en práctica para llegar a ser virtuoso y para que cada día sea mejor para ti, para tu familia y para nuestro país.

La historia de hoy se titula “Excelentísima Señora presidenta: TENGO HAMBRE”

Hola, ¡Soy Laura! tengo 10 años y nací en este hermoso país llamado Honduras, tuve que dejar los estudios porque mi familia perdió sus trabajos y apenas nos alcanza para comer. Soy honesta cuando digo la verdad y busco hacer lo correcto. A veces siento miedo o vergüenza de decir la verdad, pero recuerdo cuando mamá me dice que es justo para mí y para quienes me rodean actuar honestamente. Honesta quiero ser; hablar siempre con la verdad, sin trampa ni mentira, porque que al final llega siempre la prosperidad.

Mi familia ha sido muy trabajadora, pero este año no ha sido bueno debido a la crisis política que vivimos y últimamente es difícil emprender y llevar a cabo nuestros sueños. El día de hoy caminaba por el centro de la Capital de Tegucigalpa, cuando vi que a una señora se le cayó un billete de 500 lempiras en el piso. Lo recogi inmediatamente y pensé en comprar un helado de vainilla, huevos, frijoles y tortillas para llevar a casa; pero luego pensé que la señora se quedaría sin comprar su comida, porque en Honduras apenas te alcanza para sobrevivir el día a día.

Me acerqué a la señora y le pregunté:

—¿Señora, se le ha caído un billete de 500 Lempiras?

La señora buscó en sus bolsillos y dijo:

—Sí, se me ha caído.

Me quedé callada, miré a la señora a los ojos y le dije:

—¡Aquí tiene su billete! Y la señora sonrió.

Me sentí feliz porque actué correctamente, pero seguía sintiendo hambre. Llegué a casa y mamá buscaba trabajo como todos los días. Su rostro mostraba mucha preocupación porque no había suficiente comida, solo sonrió y exclamó: “¡todo está bien, siempre hay buenas personas y pronto me darán una oportunidad para trabajar!” y suspiré.

Pensé en esa expresión: “siempre hay buenas personas” y se vino a mi mente a nuestra excelentísima señora presidenta, la primer mujer hondureña en ser presidenta de la Republica que ha fraguado su camino por décadas en los pasillos de la arena política en sus años de juventud y madurez. Escucho a muchos decir que cuida de nuestra país y que la situación de hambre, de migración y delincuencia van a desaparecer y que todo estará mejor.

Así que hoy decidí saludarla a través de una carta: hola, Señora presidenta, espero que se encuentre muy bien, sé que pasa ocupada con todos los temas que debe solucionar, pero hoy necesito decirle que tengo hambre. Soy una niña respetuosa, amable, comprensiva y obediente, porque mamá me enseñó sobre la importancia que tienen las personas, la naturaleza y lo que nos rodea. No deseo cambiar, no quiero que la situación del desempleo que nos atormenta me obligue a convertirme en un delincuente y en una persona que mamá no desea que sea.

Señora presidenta, quiero seguir siendo una niña soñadora y honesta, para poder ayudar a mi País a que siga siendo cinco estrellas, pero, necesito de su ayuda, porque hoy mi estómago tiene hambre y eso me obligará a hacer las cosas de una forma incorrecta. ¿Será que puede crear proyectos en donde podamos trabajar honestamente y poner en práctica nuestras ideas?

Siento mucha gratitud por lo que Honduras me regala a diario: la naturaleza, el arte, los juegos, una familia, una educación. Siento gratitud por todo lo que han hecho por mí. A través de mi gratitud puedo demostrar mi aprecio con un “gracias” y al hacerlo, mi corazón se llena de buenos sentimientos. Agradezco a la vida por lo que puedo dar o hacer por los demás.

Señora presidenta, soy una niña muy perseverante, a pesar de las dificultades con las que me puedo encontrar. Ayúdeme a no sentirme desanimada, no me deje sola, ni a mí ni a los 9,597,739 habitantes que somos, sé que no me rendiré y que lo intentaré hasta lograr lo que me he propuesto alcanzar en la vida.

Prometo siempre esforzarme y ayudarle para que no se sienta sola, sé que también es difícil para usted liderar toda una nación que se encuentra en ruinas. Prometo ayudar para que siga perseverando y no se rinda hasta lograr cambios en nuestro país de cinco estrellas. Prometo no dejar de creer que habrá más escuelas públicas para seguir estudiando; que habrá más empleos para que las familia no sufran más; que habrá más seguridad y así podremos salir a jugar; que construirá más represas hidroeléctricas para que nunca nos falte el agua; que instalará internet gratuito para poder estudiar sobre todo lo existente.

Creo que el poder no está en tener armas ni en matar; el poder se encuentra en nosotros que somos capaces de no ceder ante la maldad. Cuando se tiene un sueño y la fuerza enorme para conseguirlo este se logra, así como sé que usted logrará tener una Honduras sin hambre, sin violencia, sin miedos y que nuestra única arma será nuestros corazones capaces de luchar por aquello en lo que creemos; y yo creo en usted.

Señora presidenta, Soy Laura y se que pronto dejaré de sentir hambre.

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