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El milagro del paralelo 38

Julio Raudales

La República de Corea o Corea del Sur, cómo se le conoce, nunca deja de sorprenderme gratamente. La prosperidad y el espíritu emprendedor de su gente, además de su calidez y deseo de apoyar a todos, le hacen, no solo una de las sociedades más desarrolladas del orbe, pero también de las más queridas por el mundo libre. ¡Gran diferencia con sus vecinos al norte del paralelo 38!

Pues la semana anterior, el Embajador de Corea en nuestro país, el señor Jaehyum Shim, organizó un interesante seminario en el que se discutió con rigor e inteligencia los pasos que la nación asiática ha dado para proteger a su gente de las tropelías de la pandemia. 

El encuentro contó con la participación de la Ministra de Control de Medicamentos y Alimentos, así como el director del Instituto Coreano de Investigación en Biociencia y Biotecnología. Por Honduras estuvieron entro otros, el Dr. Marco Tulio Medina de la UNAH y el economista del COHEP Santiago Herrera.

Dicho Seminario sirvió en parte, para contraponer dos formas diametrales de enfrentar un problema. Mientras los hondureños hicimos gala de incompetencia e improvisación, los coreanos mostraron una vez más, que, si se trabaja de forma ordenada y, sobre todo, poniendo la técnica y el conocimiento por encima de la estulticia y la corrupción, los problemas pueden solucionarse no importa su carácter o gravedad.

Cuando en diciembre de 2019 se encendió la primera alarma en Seúl, lejos de polemizar excesivamente y ponerse a buscar culpables afuera y adentro, los coreanos desplegaron una fuerte campaña mediática, llamando a la gente a protegerse. En lugar de mirar de reojo y menospreciar el peligro, como hicieron algunos líderes en occidente, le dieron al asunto la seriedad debida. 

El 20 de enero se detectó el primer caso y de ahí en adelante, se plantearon como uno de los países más afectados del mundo. Su cercanía con el epicentro de la pandemia ocasionó en la población un fuerte impacto y debieron tomar medidas adecuadas para que el efecto contagio les dañara lo menos posible.

Pero no se quedaron ahí, se pusieron a trabajar de inmediato en una estrategia que denominaron 3T: Test (prueba), Trace (seguimiento) y Treat (tratamiento). No perdieron mucho tiempo en discusiones sobre cerrar la economía y se limitaron a hacer llamados recurrentes a su población para guardar los cuidados necesarios mediante el distanciamiento, el uso de mascarillas y el nivel de higiene adecuadas.

Por supuesto que pusieron a disposición de toda su población el excelente sistema de salud con el que cuentan. Pese a su densidad poblacional -son 52 millones los que viven en un territorio un poco mas pequeño que el de Honduras- los coreanos no tienen mayores problemas en la prestación de servicios públicos. Los hospitales no colapsaron, ningún país en el mundo hizo tantas pruebas como ellos, los contagiados fueron atendidos de forma personal en sus casas y las empresas pusieron adecuadamente sus recursos al servicio de a atención de sus empleados. Además, se perfilan como líderes mundiales en la vacunación.

Resultados: Para el 25 de mayo de 2021, Corea no llega aun a 2 mil muertos a pesar de que lleva ya 3 oleadas de la enfermedad. Aunque su economía tuvo una ligera caída durante los primeros meses, la producción se normaliza y vuelve a ser uno de los países con mayor crecimiento del mundo, las escuelas están abiertas y la vida vuelve poco a poco a ser la de antes. 

Vale decir que los coreanos, a diferencia de sus vecinos chinos y japoneses, si son dados al contacto, extrañan los abrazos y los besos, al igual que los latinos, pero han entendido bien lo que implica esta nueva normalidad.

¿Cuál es entonces la diferencia fundamental con Honduras? Pues en el seminario quedó bastante claro: El gobierno coreano tomó muy en serio lo que dicen los entendidos, trabajó de forma consistente con universidades, investigadores y asesores empresariales. 

En Honduras en cambio, nos dedicamos a improvisar y los resultados son evidentes. Desde que en el mes de marzo se detectó el primer caso, el Rector Francisco Herrera y el Doctor Marco Medina organizaron un comité integrado por los mejores científicos del país, incluso, el más importante hombre de ciencia que hemos tenido, el Dr. Moncada, estuvo pendiente desde Gran Bretaña para asesorar adecuadamente a los tomadores de política. No fueron debidamente escuchados y ahora, lamentablemente es la gente mas pobre quien paga las consecuencias.

Ojalá y tomemos el ejemplo de un país que hace unas pocas décadas era mas pobre que nosotros y que a fuerza de trabajo, pero sobre todo de entendimiento, son ahora una sociedad ejemplar.

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