El libro de papel

Por: Armando Euceda

Que el libro de papel es una maravilla no lo dudo. ¿Cuál será su futuro? No lo se.

Como punto de partida, recién he vuelto a leer “El Libro”, la primera de las cinco conferencias magistrales que Jorge Luis Borges impartió en la Universidad de Belgrano y que fueron publicadas en 1979, bajo el título Borges Oral. Es una visión magistral que debemos degustar para estructurar el debate acerca de “El futuro del libro”. La conferencia la pueden encontrar gratuita en la Internet.

Para este escritor universal “El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”, pero – para los antiguos- “el libro es un sucedáneo de la palabra oral.” Y agrega: “Sé que esos libros no están escritos para ser entendidos, están hechos para ser interpretados, son acicates para que el lector siga el pensamiento.”

“El libro pueda ser una obra divina” y “cada país está representado por un libro”, nos cuenta con su magia este ciego que imaginaba libros. Recurre a Montaigne para afirmar que la lectura obligatoria es un concepto falso porque leer es una forma de felicidad.

El libro de papel es maravilloso para la creación de tipo literario, ha afirmado recientemente Mario Vargas Llosa. Y le entendemos su preocupación del peligro que puede producir el entretenimiento -como en la televisión- de llegar a simplificar, banalizar, y frivolizar (la literatura), pero que no va a producir jamás un Quijote, La Guerra y la Paz, Los Miserables, las novelas de Dickens o la poesía de Neruda. Sobrada razón tiene este Nobel de Literatura al afirmar que la cosa más importante que le ha pasado en la vida ha sido aprender a leer.

A una profesora de la Universidad de Stanford le escuché decir recientemente que la historia del libro se remonta a unos 62 mil años y si bien con el invento de la imprenta el libro de papel se reprodujo exponencialmente, aun con la actual revolución tecnológica, su muerte o desaparición no está cercana como han pronosticado algunas pitonisas del mundo digital.

Conversé el tema con varios amigos docentes: el libro de papel no va a desaparecer, es cuestión de genética cultural; me afirmó José Francisco. Basta leer Marianela de Benito Pérez Galdós, pensar en nuestras propias emociones, en la creatividad oral; nos compartió Lexi.

Amo el libro por el recuerdo y la herencia que de él hay en mi memoria, pero me pregunto, ¿cuántas veces va hoy en día un joven a una biblioteca?, reflexionó Tania Teresa. Tocar el libro, olerlo, sentirlo es algo que yo rescato porque es la parte emotiva, significativa, es la parte que toca los sentimientos; nos comparte Nolvia.
La parte visual del libro produce un clic que lo atrapa a uno para siempre, así (a mis 15 años) leí La Vorágine de José Eustasio Rivera, luego leí Bola de Sebo el cuento del francés Guy de Maupassant, leí El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez; en forma emotiva nos dijo Guillermo.

No podemos entender un hoy o un mañana sin entender un ayer, ese camino lo recorre el libro de papel. Gracias Lauren.

El tiempo, que por su naturaleza transcurre, duerme en los libros y éstos en los anaqueles. Pero los libros son milagros que hacen que en ellos reposen las voces que, a través de los siglos, susurraron sus historias a la humanidad. Es la danza de dos colores, el negro que registra la voz de un autor, y el blanco que nos libera de su dictado, de sus sentencias. ¡Hermoso el libro de papel!

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