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El desmontaje

Julio Raudales

Los acontecimientos se precipitaron de forma rápida y contundente. Aun la militancia de LIBRE, contempló sorprendida y con maravillado estupor, cómo su candidata era ungida por el voto popular, en unas elecciones coloridas, pacíficas y festivas. ¡Qué bien por todas y todos!

Esta semana ha sido icónica. Hacía mucho tiempo que no se respiraba en el país esa tranquilidad que dibuja la esperanza. Recuerdo que en 1981 estábamos igual de exultantes: nuestra selección había clasificado al Mundial de España y la recién estrenada democracia prometía un mejor futuro, luego de que unas elecciones ejemplares nos daban la oportunidad de la consolidación republicana; que no se dio, pero ese es otro tema.

 Pero debemos bajar del Monte de la Transfiguración, poner los pies sobre la tierra y empezar a trabajar, cada quien, desde su trinchera, en la construcción de la sociedad a la que aspiramos, me atrevería a decir, una en la que haya igualdad total ante la ley, respeto a los derechos humanos y oportunidad de que cada persona desarrolle al máximo sus capacidades a voluntad propia.

No será fácil. El régimen actual deja un legado oprobioso y destructivo que incluye varias bombas fiscales y monetarias. Juan Orlando Hernandez y su cuadrilla de áulicos y sicofantes, se dedicaron los últimos 12 años, primero desde el Congreso Nacional y luego desde el ejecutivo, a dinamitar la ya endeble articulación política del país. No sé distinguir lo que hicieron o dejaron de hacer por su evidente maldad de lo que hicieron debido a su estulticia.

Lo primero es asegurar el balance de poderes. Por mucho que no nos parezca, la evidencia empírica mundial, muestra que solo el respeto a la conformación de fuerzas, el debate y el cumplimiento firme de los establecido en la constitución, conduce a mejoras continuas en el bienestar general. El inquilino actual de Casa Presidencial se burló de este principio y, actuando como un vulgar capataz, asumió el rol de los 128 congresistas, los 15 magistrados, el fiscal y hasta el del defensor del pueblo. He ahí la primera razón del desastre y por ende la tarea prioritaria a cumplir.

Se debe hacer Presidente Xiomara Castro, es cuestión de voluntad. Probablemente vendrán a soplarle al oído que se desentienda de este principio, pero le aseguro que no le conviene. Si de verdad quiere trascender y hacerle bien a Honduras, si espera que se le recuerde como ahora a Morazán, Cabañas o Valle, comience por eliminar este ominoso legado machista que nos heredaron tipos como su antecesor.

Lo segundo es ordenar la casa. A eso se referían los griegos cuando hablaban de economía –oiko nomus- Será indispensable entonces, hacer que los impuestos que todos pagamos, se visualicen en bienestar. Hasta ahora no ha sido así y los señores que se van, no han hecho más que empeorar las cosas.

Quienes hasta enero gobernarán el país, han montado un gobierno paralelo e ineficiente, triplicaron el gasto corriente en una década y han buscado de forma “gansteril”, la manera de adueñarse del patrimonio de la gente para beneficiarse. En política monetaria, inflaron la liquidez de forma inútil, desaprovechando grandes oportunidades de inversión, para que la gente pobre busque por si misma el bienestar.

El nuevo gobierno debe, desde el primer día, dedicar su esfuerzo seminal a ordenar las finanzas y la política monetaria, armonizándolas y haciendo que funcionen principalmente para mejorar la cobertura y calidad de los servicios públicos. Esto serpa crucial si es que quiere mostrar resultados contundentes en la lucha contra la pobreza. Si no lo hace, dentro de cuatro años, estaremos evaluando un fracaso tan contundente como el actual.

El tercer entuerto a desmontar, es la ominosa estructura de violación a los derechos que montó el remedo de dictadura que ahora termina. Un código penal cuya idea original era modernizar el tratamiento al crimen y que fue vulgarizado para beneficiar a unos pocos. El burdo montaje de las ZEDE, el irrespeto a la naturaleza y al ambiente, mediante la venta del territorio nacional y el irrespeto a los derechos que tenemos todas y todos sobre nuestro cuerpo y voluntad, son tareas pendientes para construir el país que deseamos.

 Son muchas tareas más las que quedan y a menos que seamos capaces de llegar a ese acuerdo sobre cuales son los valores de la vida, es evidente que no podemos tener ninguna meta… y sin metas, discutir los métodos no es más que un simple ejercicio futil. Pero vamos adelante ¡Hay Esperanza!

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