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El cuento de la lechera, o ley de colaboración ineficaz

Por: Pedro Gómez Nieto

Los hechos se analizan en su contexto, o equivocaremos la interpretación. La patológica del “fueraJOH” tiene tan sesgados a la «Coalición Babel» que confunden emociones con realidad.

El excandidato de Libre, Nasralla, sigue repitiendo cual disco rayado que ganó las elecciones. Dice liderar la oposición con el apoyo de 8 de cada 10 hondureños. Muestra emociones no raciocinio. No vemos a sus seguidores (¿cientos de miles?) firmándole para que -por fin- inscriba su partido. Olvida cuando nos dijo que: “nunca tuvo las pruebas del fraude y tampoco las vio porque “Mel” no se las quiso enseñar”. La imagen mostrándonos la USB con “las pruebas” que le iba a entregar a Almagro, evidencia su patología…

El último trending topic de la «Coalición Babel» se llama “Ley de Colaboración Eficaz” (LdCE). En un país donde la mentira y la hipocresía se respiran junto al oxígeno, donde los hechos no importan sino la percepción que de ellos se tenga, las formas lo son todo. Parafraseando a Marshall McLuhan, el medio es del mensaje.

El fin justificando los medios empleados, irregulares, inmorales, incluso delictivos cuando lesionan derechos humanos. Sentencian: “no es momento de bajar la presión contra la corrupción, aunque se vulneren derechos constitucionales de las personas”. Por ejemplo, el de la presunción de inocencia. Estamos en una democracia donde los tribunales de justicia se han trasladado a las redes y medios de comunicación, con periodistas que compiten por generar estados de opinión.

No importan los hechos, sino la percepción que se tiene sobre ellos”, le dictaminaba el presentador de un programa de debate político a su entrevistado, Ricardo Álvarez, quien exponía datos respaldando su gestión en la alcaldía. Da igual. Aunque nadie haya presentado una prueba en su contra, aunque organismos multinacionales hayan certificado su gestión, aunque haya indicios sobre empresarios del transporte que boicotearon (siguen) el Trans-450, los tribunales mediáticos dictaron sentencia interesando la percepción, no las pruebas. Es la profecía autocumplida, el arma de destrucción masiva de las relaciones sociales: “No importa que lo que se diga sea especulación o mentira, lo que importa es inducir en la opinión publica la posibilidad de que sea verdad, y obraran en consecuencia…”.

Dicen que la LdCE es una “herramienta eficaz” contra la criminalidad organizada. En la actual Honduras lo dudo. Evidencia el fracaso de las instituciones de inteligencia y justicia, incapaces de penetrar las estructuras delictivas. A cambio de las pruebas, que no saben obtener, permitiremos que la ley incentive al delincuente, convirtiéndolo en delator a cambio de beneficios, en definitiva, impunidad.

Ponen a EEUU como “ejemplo exitoso” de dicha ley. Pero recordamos a un testigo de cargo, jefe de una estructura criminal, declarando en una corte federal, obligado coactivamente durante dos años a delinquir en Honduras, para recopilar pruebas clandestinas contra sus socios y subordinados. Asesino confeso de 78 muertes por las que no ha sido enjuiciado en Gringolandia, pues el bien jurídico lesionado fue en Catrachilandia. Aquí vienen a darnos lecciones de democracia, legislación comparada, y derechos humanos, mientras ellos establecen sus propias reglas en la cárcel de Guantánamo en Cuba, en la prisión de Abu Ghraib en Irak… ¿Cuál ejemplo exitoso?

Argumentan que el “delator” se beneficiará de la LdCE solo si denuncia al jefe, no a subordinados. Otra tontera. ¿Cuál jefe? En un mundo globalizado, la criminalidad también lo está, a modo de corporaciones. Las estructuras delictivas más que piramidales son circulares. Sus operaciones y comunicaciones son multidireccionales, físicas y virtuales, encubiertas y cifradas.

Hablar de “protección de testigos” es como hablar de la inviolabilidad de la Constitución, un chiste. ¿Cómo proteger indefinidamente la vida del “colaborador” y su familia? Carecemos de doctrina, formación, experiencia, infraestructuras, tecnología, medios materiales, personal especializado, y presupuesto multimillonario. ¿Entonces? La ley, sin disponer previamente del artesonado para su funcionamiento, no mejorará la persecución del delito, sino que dejará al descubierto nuestras vulnerabilidades.

Reciclemos el Servicio Nacional de Inteligencia, cuya estructura, organización… por ley, debe ser civil y no militar como es ahora. Fortalezcamos las unidades de inteligencia existentes en otras instituciones. Con conocimiento, planifiquemos operaciones de captación e infiltración… Aprobar y publicar en La Gaceta la LdCE solo será otro cuento de la lechera.

“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. -Eduardo Galeano-

                                                                                         PG. Nieto.

                                                                                         Asesor y Profesor CISI.

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