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El contundente triunfo del Castro-Zelayismo hondureño en la coyuntura geopolítica centroamericana y global

Ernesto Gálvez Mejía

Tegucigalpa. – Sin ninguna duda, la victoria electoral de la candidata del Partido Libertad y Refundación Xiomara Castro ha roto muchos mitos en Honduras. El primero es que ninguna mujer podría llegar a la presidencia; el segundo, que los Estados Unidos siempre impedirían el retorno de Zelaya Rosales al poder; que Salvador Nasralla nunca se volvería a aliar con los Zelaya, debido a las diferencias personales y éticas entre ambos, etc. Eso ya es historia.

La articulación y suma de varios actores políticos liderada por Mel Zelaya, al fin tuvo sus frutos en una contienda electoral que se presumía muy cerrada. El retorno de Nasralla a Libre; el arrastre de una líder feminista como Doris Gutiérrez del PINU; el declarado  y reiterado apoyo de Luis Zelaya Medrano a Salvador; el auto-retiro de Pepe Lobo de su partido y su apoyo a la “alianza”; la explícita simpatía de algunos líderes empresariales y de otros sectores de sociedad civil, fueron conformando una especie de bola de nieve que, paralelo a una creciente y abundante campaña mediática por redes sociales y a un evidente proceso legislativo gubernamental, que a todas luces procura auto protegerse de eventuales futuras demandas por corrupción, terminó en una avalancha de opinión abiertamente favorable a la candidatura de Xiomara Castro de Zelaya.

El arreglo del Partido Salvador de Honduras con LIBRE de sumar a sus dos cabezas a (Salvador y Doris) a la planilla presidencial de Xiomara Castro tuvo los frutos esperados, aunque no tanto al arrastre de votos de los simpatizantes de Salvador a las planillas de diputados, ya que la figura de mayor atracción y prestigio aparecía bajo la bandera de otros colores. Aun así, diez diputados han logrado acercar la meta de la mayoría simple en el Congreso de la República favorable a la alianza.

Confieso con toda honradez y sinceridad que mi hipótesis esgrimida en mi artículo anterior de que el peso de la variable temor al socialismo Siglo XXI, sería clave en la decisión del voto el pasado 28 de noviembre 2021. Me equivoqué. La consigna “es pa´fuera que van” recogió más fuertemente el deseo de las mayorías, más que cualquiera otro criterio electoral de valoración política.

Otro elemento coadyuvante consistió en la activación masiva del voto joven que, históricamente, había sido relativamente indiferente a la participación electoral. Esta vez fue diferente. La conciencia política crítica se vino conformando a partir de la participación de la gran mayoría de los docentes del sistema público que han venido influyendo en la niñez y la juventud acerca de la existencia de otros modelos políticos “progresistas” diferentes al que ellos mismos viven. Ahora, esos jovencitos ya fueron a las urnas y se hicieron sentir; esto sin valorar si dichas afirmaciones son ciertas o no.

Ese segmento etario siempre estuvo ausente en la historia electoral del país, viviendo en carne propia las carencias en aulas, maestros, materiales y tecnologías educativas, meriendas, etc, lo mismo que la pobreza material en sus hogares, pudiendo interpretar vivencialmente una propuesta o proclama que llevase esperanza y optimismo para el futuro inmediato. Esta ha sido la oportunidad electoral de hacer sentir esas justas aspiraciones.

El asunto es que el Partido Nacional fue derrotado donde más le iba a doler: la presidencia. Toda la maquinaria estatal que tenía la oportunidad de mover, lo hizo; pero fue inútil. Los bonos se repartieron profusamente; se inauguraron obras, se firmaron acuerdos de cooperación internacionales; la vacunación a la hora de la elección era aceptable; pero ello no hacía olvidar a la gente los robos descarados en el Seguro Social y en los hospitales móviles.

Ahora viene la viabilidad y la realidad geoestratégica que el gobierno entrante le toca enfrentar. La primera señal indicativa es que “actualmente no existen condiciones” para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Esa declaración tiene varias lecturas. Una es que puede ser presión internacional del norte; otra es que sea una lectura interna de la Constituyente no sea conveniente, dada las fuerzas políticas heterogéneas que apoyaron la alianza. Una interpretación demócrata, positiva, sería que el libreto del Foro de Sao Paulo no se aplicará en Honduras como se ha hecho en otros países de América Latina. Una visión intermedia es que siempre se hará al final del gobierno, a fin de asegurar la continuidad del gobierno, siempre controlado por la izquierda. Una interpretación extremista es que con la presencia del presidente Maduro en la toma de posesión, él mismo exigirá se cumpla esa cláusula sell Socialismo S XXI, misma que es considere innegociable.

En esta coyuntura, Centroamérica vive una situación geopolítica altamente conflictiva, donde participan las tres potencias mundiales: Estados Unidos, China Continental y Rusia, en la cual, estas últimas han avanzado mucho. Rusia tiene cercanía con Nicaragua y hasta le ha vendido armas, sin considerar el desagrado de Washington.  El Salvador, Costa Rica y Panamá tiene relaciones diplomáticas con China y la Presidente electa de Honduras, ha afirmado que las abrirá pronto; seguramente, previo rompimiento con Taiwán. China tiene en proceso un multimillonario proyecto de infraestructura con El Salvador en el Golfo de Fonseca. Una apertura de Honduras con China y una relación amistosa del Gobierno de la Presidente Xiomara Castro con Bukele, se configura un cuadro anti-norteamericano que puede desembocar en situaciones imprevistas que hagan más difíciles un marco de cooperación entre el gobierno de Biden con el de Honduras.      

Por ahora, las primeras señales entre la diplomacia gringa y la presidente electa han sido muy amistosas y cordiales. Altos funcionarios del gobierno de Biden están visitando Tegucigalpa y se habla de proyectos de cooperación para el Triángulo Norte aunque, si los comparamos con los proyectos chinos, son de mínima cuantía, lo cual es una muestra más de la poca importancia que Estados Unidos le ha otorgado históricamente a Centro América, aún después del conflicto Este-Oeste que se desarrolló entre los años 60 y 80s que vivieron la “guerras de guerrillas” en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, donde murieron decenas de miles de centroamericanos.

Vista la historia reciente y las tendencias de los tiempos del fin, los Estados Unidos está en franco deterioro de su condición de potencia líder, en tanto las naciones competidoras van en ascenso en el mundo entero. El síndrome de Vietnam se repitió en Afganistán; la OTAN presenta muchas fisuras y el acuerdo de amistad Rusia-China significa toda una espada de Damocles sobre el mundo entero.

Bajo esta lectura global, los acomodos y reacomodos regionales irán creando entornos de alianzas favorables al Este. Consecuentemente, el gobierno entrante, lo veremos inclinar su eje progresivamente hacia posiciones anti occidentales, a partir de la constatación cada vez más fuerte del progresivo decaimiento de nuestro histórico aliado del norte.    Diciembre, 2021.

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