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El contexto global y local de las elecciones en Honduras

Ernesto Galvez

Tegucigalpa. – Honduras está al filo de la navaja como nunca en su historia. A nivel global, sociológicamente, los sistemas socioecómicos como el socialismo y el capitalismo se han agotado. Escatológicamente, el desarrollo de los acontecimientos actuales confirma las profecías bíblicas que vivimos el final de los tiempos o los tiempos del fin. Hablamos de la inminente cercanía de dos acontecimientos reales que jamás han ocurrido. El primero es el arrebatamiento de los creyentes (vivos y muertos) en Jesucristo, evento que ocurrirá justo en el momento que aparece un gran líder mundial que va a impresionar al mundo entero resolviendo graves conflictos de guerras o rumores de guerra, pandemias, pobreza, etc. etc.

Ese inédito personaje es el llamado anticristo que se hará acompañar por otro líder con giro religioso conocido como el falso profeta, el gran coordinador de la religión mundial. El surgimiento de ambas personalidades ese es el segundo evento de muchos que están profetizados para estos tiempos finales.

Pero, antes que todo esto ocurra, mientras tanto están sucediendo grandes acontecimientos y desórdenes a escala global que preparan el terreno para el gobierno mundial que presidirá el anticristo: epidemias, pandemias, guerras religiosas y étnicas, migraciones, hambrunas, sequías-inundaciones, violencia y desórdenes políticos y sociales que provocan desestabilizaciones dramáticas; caída de imperios; progresiva y acelerada descomposición de los Estados nacionales y aparecimiento de monedas electrónicas que terminarán en una sola; corrupción moral, descomposición de la familia; depravación sexual y de género; persecución de la iglesia, etc, etc. Todo eso ya está ocurriendo, pero la profecía bíblica dice que los tiempos venideros serán peores.

Toda esa descripción a nivel global se refleja en nuestra Honduras. El tema político, que es el centro de atención de este pequeño ensayo, refleja en mucho su degradación: un presidencialismo decadente, una institucionalidad electoral que no garantiza la democracia; un espectro de partidos sin minuta doctrinaria y prácticamente sin membrecía, pero sí con dueños, al estilo de comerciante individual; un transfuguismo político jamás visto; la proliferación de partidos  con penetración del crimen y del narcotráfico; una desconfianza interpartidaria grotesca, etc, etc.

Intentaremos caracterizar los principales actores de la contienda electoral. La llamada “alianza” es un negocio político entre las familias principales (Zelaya-Nasrala) que volvieron a juntarse después de un romance electoral de hace cuatro años después del cual ambos líderes se inculparon mutua y fuertemente. Pero el oportunismo los volvió a unir. Ambos hicieron números concluyendo que solos, irían al fracaso. Y como la pobre legislación electoral lo permitía se concretó un trato fuera del período legal de las alianzas donde el dúo Nasralla-Gutiérrez pasaban a ser candidatos a “Designados” en un tutifruti insalubre, porque el caldo izquierdista tiene que aceptar condimentos extraños que, de ganar, será un verdadero pandemonio, cuando el gobierno intente chupar dos coyoles a la vez. No hubo tiempo suficiente para darnos cuenta estadísticamente el impacto de dicho trato familiar que, en teoría, asegura el triunfo de Libre.

El otro gran contendiente es el Partico Nacional, el que los opositores lo vienen pintando como el “malo de la película” luego de doce años de gobierno durante los cuales, indudablemente se ha desgastado considerablemente, pero que, a la vez, ha realizado importantes actos de gobierno que han evitado el colapso de la nación, especialmente en estos últimos dos años que se juntaron las dos tormentas tropicales y la pandemia COVID19. Aun así, las cifras macroeconómicas son las mejores del área; luego de los últimos 8 años se ha reducido el número de muertes violentas por cada cien mil habitantes pasando de 86 a 40 aproximadamente; la infraestructura de puertos, aeropuertos y carreteras ha marcado un antes y un después; el apoyo a la infraestructura y crédito agrícola a pequeños y medianos productores nunca había sido tan bien atendida como en este período, tanto en cantidad como en los bajísimos intereses, cosa que también ha ocurrido con la vivienda social, donando  los gastos de cierre y la prima, bajando los intereses  del 18 al 5% mensual; la donación de bonos y bolsa solidaria, aunque deben ser temporales, han sido la tabla de salvación para centenares de miles de gente en extrema pobreza y a los afectados directos de los huracanes y la pandemia. En cuanto a las relaciones internacionales y comerciales, se ha manejado aceptablemente, sobre todo en cuanto a la defensa de los asuntos limítrofes y el liderazgo regional ante foros reclamando insistentemente romper la alta burocracia internacional para acceder a fondos verdes, cosa que finalmente se han obtenido importantes recursos y promesas a futuro, especialmente recursos para reforestación y captura de aguas superficiales.

Los grandes errores y debilidades están más en el plano político y la corrupción. Desde que el presidente Hernández tramó el proceso de reelección con demasiados vacíos legales constitucionales puede decirse que se desató la cadena de otros errores en los ocho años de su gobierno. La ausencia de una actitud proactiva del Ejecutivo para atacar la corrupción fue visible; el caso Pandora, el affaire del enorme robo en el Seguro Social y el tráfico de medicamentos en Salud, entre otros, estuvieron salpicando la administración pública repetidamente. Pero lo que hizo rebasar la copa fue el caso de los hospitales móviles y la compra de equipo médico y de bioseguridad, sin que el presidente hiciera nada, ni dijera una palabra de compromiso para rectificar; eso hizo que la animadversión política se incrementase ostensiblemente. El “fuera JOH” se ha escuchado en diversos conglomerados poblacionales.  

¿Cuál es el balance ahora que llega el 28 de noviembre 2021? Difícil intentar predecir, mucho más que en períodos anteriores. En primer lugar, la coyuntura internacional, aunque pareciese contradictorio, el actual gobierno del presidente Biden, podría estar personalmente simpatizando con la candidata Xiomara, dada la influencia pro-socialista de su gabinete.  Pero su gobierno sufre de una conflictividad política interna aguda. El Pentágono no está nada contento con la enorme coquetería de los demócratas con China Continental y con el manejo estratégico sobre todo con diversos negocios de su propio hijo con dicha potencia mundial que, para más señas, es acreedor de varios trillones de dólares a causa de la compra de deuda externa de USA, al igual de la sospechosa tolerancia de miles de agentes secretos chinos disfrazados de delegados comerciales. Las principales universidades estadounidenses están penetradas por “académicos” de este tigre asiático, realizando numerosos eventos bajo su control en las propias barbas del “Tío Sam”.

La escatología bíblica no hace ninguna referencia acerca a la participación de Estados Unidos en las alianzas militares de naciones en los tiempos finales. Más bien, en razón de sus crecientes políticas anticristianas, Dios estaría ejerciendo venganza dejando que caiga como potencia mundial, debido al continuo desaire recibido, después que esta nación fue se convirtió a USA en la primera potencia mundial, posición que está a punto de perder mediante la inminente caída del dólar como moneda de intercambio mundial, la pérdida de la supremacía militar ante la alianza chino-rusa y reflejada en la penosa retirada de USA de Afganistán.

Eso no quiere decir que, para Honduras, los Estados Unidos no toleraría otro período del Partido Nacional, en caso que dicho partido ganara claramente las próximas elecciones, considerando que esta vez la excusa de fraude de la oposición no es válida, ya que la composición de los órganos electorales, los partidos de oposición poseen mayoría en sus decisiones. Llama la atención el anuncio del nombramiento de Embajadora en esta coyuntura transicional de Honduras.

El partido Libre, como la fuerza símbolo de la oposición, posee posibilidades concretas de vencer, si efectivamente el desgaste se refleja dramáticamente en los votos y si se cumple la hipótesis de que la totalidad de los simpatizantes de Nasrala se decantan masivamente en votos en favor de la “alianza”, cosa que es poco probable. Por su parte, el partido Nacional, con una membresía de voto duro muy tradicional y obediente, tendría que demostrar esa fidelidad, a pesar de algunas fracturas visibles como la del expresidente Lobo Sosa. Pero los movimientos Monarca y “Juntos Podemos” le han expresado públicamente su apoyo a “Tito” Asfura; por otro lado, la llamada “vieja guardia cachureca” se ha alineado, a pesar de algunos resentimientos.

En estas elecciones, como en ninguna otra, aparece el anticomunismo como el elemento de mayor incidencia en cuanto a la decisión del votante, dadas las difundidas noticias de la dramática situación de calamidad que ocurre en la socialista Venezuela, gobierno con el que Zelaya Rosales y su partido han tenido una relación activa, continua y beligerantemente aliada, asunto que los hondureños conocen muy bien. Si la mayoría de los votantes hondureños ponderan con fuerza los principios democráticos de la libertad, la defensa de la familia, la liberta de prensa, de movimiento, la libertad religiosa y a sus preceptos morales, su voto tenderá hacia otros partidos, lo cual le beneficiaría al partido Nacional, su más cercano contrincante.

Pero, si por encima de esas variables, ese mismo pueblo pondera como de mayor peso la corrupción y el continuismo inconstitucional, el voto no se inclinará a favorecer al partido Nacional. La variable narcotráfico no es elemento diferenciador porque los tres grandes partidos están embarrados en ese ilícito. Pero ese aparente equilibrio puede ser roto a favor del partido Nacional, debido a que es el que posee el mayor peso del “voto duro”, demostrado muchas veces, con el mayor número relativo de diputados y alcaldes en varias elecciones recientes. Dicho partido actualmente ostenta ser durante varias décadas, el de mayor vida activa en el poder, en todo Mesoamérica.

Finalmente, es importante referirnos al Partido Liberal y su candidato Yany Rosenthal, persona que saltó de una prisión estadounidense a ganar las elecciones primarias y consecuentemente, a ser candidato presidencial para las presentes elecciones. Él ha logrado reavivar el Partido Liberal, con solo el dato de sacar el doble de los votos que produjo el anterior candidato liberal Luis Zelaya, exitoso académico, pero fracasado político, ahora prácticamente despersonalizado, nada en otras corrientes ideológicas distintas a su partido de origen. Es la misma historia del primer destructor del partido liberal históricamente mayoritario desde la década de 1950. Ahora Yany aparece como el fiel de la balanza del espectro político hondureño, posiblemente, el mayor beneficiario de las recientes fricciones y fugas derivadas de las llamadas “alianzas”, especialmente de los simpatizantes de Nasrala que, en una jugada descarada y egoísta, de la noche a la mañana, aparece de nuevo abrazando a Zelaya Rosales, que meses antriores había expresado: “lo peor que le puede para a Honduras es caer en manos del partido Libre”. Pero, como es su propio estilo, semejante contradicción no le molesta, pues es consecuencia de no poseer principios, ni pensamiento doctrinario propio.

Así que el Partido Liberal podría elevar sustancialmente su caudal político, siendo receptor de tanto voto resentido y frustrado que anda por ahora engrosando las cifras de los indecisos. Su condición de ex convicto por razones de narcotráfico y lavado de activos, en realidad políticamente en Honduras, no tiene el peso negativo que debería tener, porque si fuera así, muchos políticos que en las presentes planillas presentan su foto, tienen o han tenido que ver con este ilícito, que pareciera va en camino de ser incorporado como valor en la sociedad hondureña. No olvidemos que la Biblia dice que en los últimos tiempos “a lo bueno le llamarán malo y a lo malo bueno”. Si no veamos cómo se promociona el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo; se tolera la pedofilia, etc, etc. Y se le llama malo a leer la Biblia en los centros educativos y malo a corregir y disciplinar a los hijos, etc, etc.

Prometo repensar estos temas en breve, luego de los resultados del 28 de noviembre, 2021. 

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