¿Diálogo?

Por: Luis Cosenza Jiménez

En estos momentos se promueve frenéticamente un diálogo entre varios actores, incluida la clase política, para así supuestamente superar la crisis que ha afectado a nuestro país a partir del último proceso electoral celebrado el 26 de noviembre de 2017. 

Pero ¿será esa la solución?  ¿Será posible un diálogo en las presentes circunstancias?  Analicemos la situación y llegue usted a sus propias conclusiones.

Para que un diálogo fructifique se requiere que haya un mínimo de confianza entre las partes.  A mi juicio el diálogo debe ser entre las dos partes en conflicto, el presidente de la República y Salvador Nasralla.  Con la posible excepción de don Manuel Zelaya, el resto de los participantes en el diálogo son, en el mejor de los casos, testigos de honor, y en el peor de los casos, irrelevantes. Pregúntese usted entonces si se da ese mínimo de confianza entre los dos principales actores, y me atrevo a decir que usted concluirá que no.  Si eso es así, el diálogo no tiene posibilidad alguna de prosperar y llegar a feliz término. 

Por otro lado, ¿qué sentido tiene un diálogo que excluye a la gran mayoría de nosotros?  ¿Podemos realmente pensar que quienes participarán en el diálogo comparten nuestras aspiraciones y preocupaciones?  ¿Hay alguien que se sienta representado por quienes participarán en el diálogo?  Lo que hemos presenciado hasta el momento es que los micro partidos políticos, firmes en su decisión de participar en el diálogo, se han dedicado a ocupar posiciones que quienes votamos en las pasadas elecciones no les otorgamos.  Véase sino su desesperación por ocupar cargos en la directiva del Congreso de la República.  A mi entender, muchos de los supuestos participantes en el diálogo únicamente buscan protagonismo y como llevar agua a su molino.  En estas condiciones, aún ignorando que un diálogo no puede prosperar sin un mínimo de confianza, es muy improbable que se atienda nuestras preocupaciones y nuestras aspiraciones.

A mi juicio, lo que se requiere es un diálogo entre todos nosotros, entre todos los hondureños.  Un diálogo en el cual todos podamos expresar nuestras opiniones directamente, sin la intermediación de personas que no nos representan.  Un diálogo de este tipo solo es posible mediante una consulta nacional vinculante.  Eso es lo que necesitamos a fin de asegurar que la crisis que actualmente vivimos no se repita nuevamente.

Propongo por tanto que en lugar de un diálogo que carece de posibilidades de éxito, procedamos a una consulta vinculante que se centre en las siguientes preguntas:

  1. ¿Debe prohibirse la reelección?
  2. ¿Debe establecerse la segunda vuelta en la elección presidencial?
  3. ¿Debe despolitizarse el TSE y el RNP?
  4. ¿Deben las mesas electorales estar en manos de la sociedad y no en manos de los partidos políticos?
  5. ¿Debe actualizarse el número de diputados por Departamento partiendo del último censo poblacional?
  6. ¿Debe instaurarse el uso de circuitos electorales uninominales para elegir a los diputados al Congreso de la República?
  7. ¿Debe reducirse a 90 el número de diputados?
  8. ¿Debe eliminarse todos los diputados suplentes?
  9. ¿Debe reformarse el Reglamento del Congreso para eliminar el poder y la discrecionalidad del presidente del Congreso?
  10. ¿Debe prohibirse que el presidente del Congreso sea simultáneamente candidato a la presidencia de la República?

Seguramente que habrá quienes opinen que hay otros temas igualmente importantes, o más importantes aún, por lo que tendríamos que encontrar un mecanismo para acordar el temario final, sin aumentar mucho el número total de preguntas.  Esa tarea podría serle encomendada a un grupo de notables representantes de la sociedad, como don Jorge Bueso Arias, don Enrique Aguilar Cerrato y don Emilio Larach, entre otros. Estas personas a la vez podrían promover mecanismos para que todos los hondureños presentemos nuestras propuestas para el contenido de la consulta y con base en nuestros aportes puedan entonces elaborar el temario final de la consulta.  Lo de importante es que el contenido de la consulta vinculante que eventualmente acordemos nos permita evitar otra crisis política.

Estamos frente a un punto de inflexión en nuestro país.  No desperdiciemos la oportunidad para reclamar los cambios que necesita nuestra nación.  Evitemos que la clase política nos conduzca por un camino que solo busca entretenernos con la esperanza de preservar el status quo.  No dejemos que quienes pretenden conservar las falencias de nuestro sistema político se salgan con la suya.  No permitamos que estos conservadores se burlen de nosotros.  Necesitamos verdaderas reformas políticas y no salidas politiqueras. 

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