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¡Culpables!

Thelma Mejía

Tegucigalpa. –  Los tribunales de justicia de Estados Unidos nos siguen ofreciendo nuevos veredictos y sentencias de culpabilidad de personajes hondureños ligados al narcotráfico: policías y políticos, en su gran mayoría, así como empresarios, el hijo de un ex presidente y el hermano del actual presidente de la república, último que vive su propio viacrucis mientras intenta espantar sus fantasmas.

Todos los imputados en esas cortes de justicia estadunidense han sido encontrados culpables, tras meses y hasta años de investigación por parte de los cuerpos antidroga de Estados Unidos y los fiscales. La improvisación no es parte de su agenda de trabajo y los relatos de los sentenciados nunca se hubieran producido en un tribunal de justicia hondureño porque esas redes criminales penetraron tanto el sistema de justicia que hasta se dieron el lujo de tener romances.

Los juicios que estamos viendo desde los tribunales de justicia estadounidense, pudimos haberlos presenciado aquí, si tuviéramos instituciones fuertes y operadores de justicia más independientes, pero los sondeos de opinión pública nos indican de un tiempo a acá como está cayendo la credibilidad de esas y otras instituciones. El país y la democracia misma han entrado en una grave crisis, en una agonía permanente.

Los casos conocidos en esos tribunales son quizá, la primera oleada de muchos más, es el desfile de los carteles y personajes de la droga que empezaron a operar desde hace más de dos décadas, pero el negocio, no para y es probable que con el correr de los años, los desfiles prosigan con los herederos de estos grupos u otros nuevos que surjan. En los tribunales de Estados Unidos han sido juzgados líderes de la primera y algunos de la segunda generación de los carteles hondureños.

Las autoridades locales en las zonas calientes de la droga, informan que los hijos o parientes de algunos de los clanes juzgados en cortes de justicia de Estados Unidos, han retomado el negocio y su presencia es más floreciente en la región de occidente. Ellos siguen al pie de la letra lo expresado un día por el actual líder del cartel de Sinaloa en México, Ismael, “el Mayo” Zambada: nos pueden atrapar, pero el negocio continuará, alguien más lo retomará.

En México y Colombia, referentes de la droga en el mundo del hampa, y con quienes negocian los grupos de transportistas de droga hondureños, nuevas generaciones de capos han asumido el control, no bastó con la muerte de Pablo Escobar. Todos se han reacomodado y unos son más violentos que otros. En México, el Cartel Jalisco Nueva Generación y el de Guerreros Unidos, por citar algunos, destacan por su virulencia, emulando algunos al despiadado cartel de Los Z, el cual ha sido disminuido tras la captura o muerte de sus cabecillas, pero operando aun en algunos territorios mexicanos.

Más allá de las toneladas de droga que las mafias del narcotráfico y sus cabecillas hayan trasegado a Estados Unidos, los testimonios de los capos develan—y eso ha dejado pasmados a fiscales y jueces—la habilidad de las mafias de penetrar las instituciones en Honduras, de pudrir el sistema y de poner a muchas de sus instituciones al servicio de las mafias. También la capacidad de enredar en su telar a importantes sectores económicos del país en la formación de empresas fachada, donde cayeron hasta los “más vivos” sin dejar por fuera a “los ingenuos”.

Leer cada uno de esos juicios, contrastar los testimonios y conocer como estos grupos criminales fueron tejiendo redes y penetrando la institucionalidad, da muchas respuestas a las interrogantes del por qué tanta opacidad e impunidad en el país, por qué los temores y por qué las “estrategias de conveniencia” de quienes se creen “dueños” del país y de los partidos políticos. Se asemeja tanto a una red de mentes criminales a quienes las cortes de justicia de Estados Unidos, sin temblarles la mano les ha dicho: ¡Culpables!.

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