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Crecer sí, pero con equidad

Por: Julio Raudales

Tegucigalpa.– El Banco Central de Honduras publicó esta semana su reporte sobre el comportamiento de la producción mediante el denominado PIB trimestral.

Los datos son alentadores. Tal y como anunciaran las autoridades hace solo unas pocas semanas, las perspectivas de crecimiento económico son buenas. El Ministro de Finanzas anunció que, si las cosas marchan bien, tendremos un incremento en el PIB de entre 3.7% y 4.1% al cerrar 2017. Si consideramos que el promedio del comportamiento de dicho indicador en los últimos 30 años ha sido 3.1%, podemos entender la alegría de las autoridades.

Pero, ¿Por qué el crecimiento en el nivel del PIB real es un indicador positivo para nuestro país? Bueno, la respuesta es simple: Si la producción aumenta en un porcentaje superior al incremento de la población, significa que en promedio estamos mejor que el año anterior.

Y en efecto, 4.1% (yéndonos por el lado optimista de la proyección), es superior al 1.7% que está aumentando la cantidad de hondureños cada año. Por tanto, podemos decir que en promedio, cada persona que vive en este país mejoró su situación económica en 2.6%. (4.1-1.7)

¿Qué significa esto en números? Bueno, significa que si repartiéramos lo que el país produjo el año pasado entre todos los hondureños, hubiésemos ganado unos 54 mil lempiras cada uno y este año esperaríamos que esa cifra suba a 55 mil. ¡No es mucho! Cierto, pero tampoco es poco.

Creo que es importante escarbar un poquito más allá de la noticia, ya que para el vendedor de achinería en el mercado, la trabajadora doméstica, el campesino que vive del cultivo en una pequeña parcela, el conductor de buses o taxis y el empleado de los pequeños comercios, es decir, para la mayoría de la gente en Honduras, es una fantasía soñar que su ingreso de este año será de 55 mil lempiras por persona (Pensemos que si en un hogar viven 5 personas, eso significaría que el producto total de ese hogar será de 275 mil lempiras durante este año) y eso está clarito que no es cierto.

¿Debemos entonces colegir que los datos que presentó el Banco Central están falseados? De ninguna manera. Las cifras del BCH son producidas con criterios rigurosos y muy profesionales. Pero para entender la realidad de nuestra economía debemos ahondar un poco más en el contenido de la información que se nos proporciona.

Por ejemplo, al observar detenidamente el comportamiento de la estructura de la economía hondureña, vemos dos elementos fundamentales: hay algunos sectores cuya producción concentra más valor agregado que otros y por otro lado, el reparto de las ganancias de la producción se divide en partes casi iguales entre trabajadores y empresarios.

Esto último puede parecer extraño a mucha gente que cree que los empleadores ganan mucho y los empleados poco. Sin embargo, debemos desvanecer este mito, ya que en nuestro país la inmensa mayoría de las empresas son muy pequeñitas, operan con costos muy elevados y por lo tanto no obtienen mucha ganancia, lo cual redunda en ingresos bajos para todos.

En cuanto a los sectores, podemos observar por ejemplo que para el 2016, los que más ganancias obtuvieron fueron los servicios de telecomunicaciones, la generación de energía y los bancos. Es decir, quienes se dedican a estos rubros sí que salieron bien pagados. ¡El problema es que son muy pocos! Al hacer un cálculo somero, yo diría que entre los tres sectores no emplean a más de 20 mil trabajadores. El resto -es decir, casi 4 millones de personas- trabajan en actividades que no generan muchos ingresos.

De todo lo anterior debemos inferir que más allá del problema que implica no lograr tasas de firmes y sostenidas de crecimiento en nuestra economía, debemos resolver un aspecto más profundo: la estructura productiva de nuestro país es terriblemente endeble con una fuerte tendencia a la inequidad. Por tanto, el gran reto de nuestra sociedad es generar los incentivos suficientes para que los sectores productivos aprovechen mejor el potencial de los recursos del país.

Las políticas fiscal y monetaria son importantes para lograrlo, pero hay otros factores que debemos corregir y para ello se requiere de un profundo análisis y sentido ciudadano. Hay que trabajar en ello si es que queremos que las cosas cambien para bien.

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