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COVID-19: La variante Ómicron y su pandilla de subvariantes

Humberto Cosenza Jiménez

En mi último artículo de enero, titulado “Ómicron, la variante de moda”, expresaba mi admiración de cómo el virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, ha venido cambiando desde su aparición en Wuhan, China en diciembre 2019. No tardó mucho tiempo para que, la cepa ahora considerada como “ancestral”, fuera desplazada por la variante Alpha, que en el 2020 se convirtió en la “variante de moda” y así, sucesivamente en el tiempo, fueron apareciendo las variantes Beta, Delta y ahora Ómicron. Es evidente que durante este tiempo el virus ha mutado, modificando su material genético para adaptarse y convivir con un sistema inmune que trata de eliminarlo. Sin embargo, por lo que estoy observando, la variante Ómicron, que recién se identificó hace 6 meses en Sur África, en relación con todas las subvariantes que le precedieron, ha decidido cambiar su comportamiento. Permítanme explicarles a lo que me refiero.

Las 3 variantes anteriores a Ómicron modificaron su material genético lo suficiente para ser reconocidas, por secuenciación genética, como nuevas variantes del SARS-CoV-2 ancestral. Sin embargo, la variante Ómicron decidió tomar otro camino, en vez de dejarse desplazar por una nueva variante, ha optado por convertirse en subvariantes para convivir con un sistema inmune activado por la infección natural con el virus y por la vacunación de la población. No le está cediendo el puesto a nadie, se está adaptando, clonándose en muchas subvariantes, en enero se apareció como la variante BA.1 y después se convirtió en las subvariantes BA1.1; BA.2; BA.2.12.1 y BA.4/5, todas ellas llevan el “apellido” Ómicron.

Las subvariantes se han desplazado una a la otra, en esa secuencia, en tan poco tiempo que al 18 de junio pasado los porcentajes de incidencia que reporta el CDC correspondientes a Estados Unidos eran: BA.2 (9.1%), BA.2.12.1 (56%); BA.4 (11.4) y BA.5 (25,5%). Las subvariantes BA.1; BA1.1 ya desaparecieron del mapa y hora solo circulan las subvariantes BA.2, BA.2.12.1, BA.4/5 (US Centers for Disease Control and Prevention). Si el mismo patrón de comportamiento se mantiene, la tendencia es que en los próximos meses las subvariantes BA.4/5 serán las prevalentes en todo el mundo. ¡Ómicron se está quedando con las subvariantes que han desarrollado mayor capacidad infecciosa, menor letalidad y mejor capacidad de adaptarse ante un sistema inmune agresivo!; exactamente como lo describió Darwin en 1859, el que se adapta al ambiente, sobrevive.

¿Qué importancia tienen las nuevas subvariantes de Ómicron en lo referente a su infectividad, a su capacidad de causar síntomas graves y a evadir la respuesta inmune inducida por la infección natural y por la vacunación con varias dosis de la proteína “Spike” de la cepa ancestral de Wuhan? Analicemos lo que estamos observando desde la aparición de subvariantes y las que actualmente nos están infectando ahora: BA.2.12.1 y BA.4/5.

En Estados Unidos que, en mi opinión, cuenta con los mejores datos epidemiológicos de la pandemia, el CDC estima que el 94.7% de la población mayor de 16 años ya ha sido vacunada y/o ha sido infectada naturalmente por cualquiera de las subvariantes de Ómicron (CDC US population). En otras palabras, las reinfecciones causadas por las subvariantes BA.2, BA.2.12.1 y BA.4/5 están aumentando dentro de un nuevo escenario, donde el 95% de la población ya tiene algún grado de inmunidad. Es claro, que el virus se ha vuelto más eficiente en su capacidad para infectar al tener que convivir con un sistema inmune que lo quiere eliminar. Es más infeccioso porque, aún bajo condiciones adversas, las reinfecciones están nuevamente aumentando y, menos virulento, porque la infección con las subvariantes, en la mayoría de los casos, ya no están causando síntomas graves que nos lleven al hospital. Inteligentemente, en su negociación con el sistema inmune, el virus se ha vuelto más infeccioso y menos patogénico. ¡Su capacidad de adaptación es verdaderamente impresionante!

Como les decía a mis estudiantes de la carrera de Microbiología en la UNAH; “Son 2 factores que deciden si la infección progresa y se convierte en enfermedad: la capacidad del agente infeccioso de evadir al sistema inmune y a la capacidad del sistema inmune de controlarlo o eliminarlo”. Es un balance que, por un lado, cuando gana el agente infeccioso puede conducir a muchas muertes y, por otro lado, cuando gana el sistema inmune se permite la infección, pero se evita la muerte. Analicemos entonces, cómo hemos llegado a ese balance y si es probable que se mantenga en el futuro, lo que implica convivir de por vida con el virus y sus secuelas.

Recientemente han aparecido en la literatura científica artículos con títulos preocupantes que presentan evidencia que las subvariantes BA.2.12.1, BA.4/5 se escapan de los anticuerpos inducidos por las vacunas (Omicron subvariants). Esto se explica, en el caso de las vacunas, porque todas las marcas de vacuna nos han inmunizado con la proteína “Spike” de la cepa ancestral de Wuhan y porque las subvariantes actuales de Ómicron han cambiado tanto el ropaje antigénico de la proteína “Spike” que, más o menos, el 50% de los anticuerpos que nos indujo la cepa ancestral ya no tienen las especificidades requeridas para neutralizar las subvariantes y evitar que el virus infecte las células de las vías respiratorias.

Aún más preocupante, es que también ya hay reportes que muestran datos de personas que se infectaron en enero de 2022 con la variante BA.1 de Ómicron y que ahora se están infectando con las subvariantes BA.2.12.1, BA.4/5 (publicado en Nature). Esto significa que en los 6 meses que Ómicron ha estado con nosotros ha logrado mutar lo suficiente para generar subvariantes que han cambiado tanto su ropaje que las personas que se infectaron con la variante BA.1 de Ómicron, no generan una respuesta de anticuerpos que los protege de infectarse con las subvariantes que circulan actualmente.

En mi opinión, creo que es evidente que las vacunas que nos hemos aplicado, ya solo nos protegen, en el mejor de los casos, en un 50% de no infectarnos con las subvariantes de Ómicron. Igualmente, es evidente que las vacunas nos siguen protegiendo muy bien de infectarnos y tener síntomas graves que nos lleven al hospital. En otras palabras, las vacunas actuales están cumpliendo su función principal; evitar la muerte y reducir al mínimo la infección. Sin embargo, a futuro lo deseado sería el desarrollo de una vacuna “universal” anti-COVID, que contenga una mezcla de proteínas “Spike” de todas las variantes y subvariantes de Ómicron que hemos aislado en el transcurso de la pandemia. Hacia ese futuro la compañía Moderna está solicitando a la FDA la aprobación de la vacuna mRNA-1273-14, que se utilizaría como refuerzo de las vacunas actuales. Esta nueva vacuna contiene una mezcla de las proteínas “Spike” de la cepa ancestral de Wuhan y de la variante BA.1 de Ómicron que, al ser aplicada como refuerzo, induce el doble de anticuerpos neutralizantes específicos para las subvariantes BA.4/5, comparada con un refuerzo de la vacuna actual de Moderna (Moderna hoy). Desafortunadamente, algunos expertos expresan dudas que dicha vacuna aporte muchos más beneficios que las vacunas actuales, tomando en cuenta que ya hay evidencia que la inmunidad específica para la cepa original y la variante BA.1 de Ómicron, no protege significativamente infecciones por las subvariantes BA.4/.5.

Ante este desalentador panorama que sugiere que tendremos que convivir con el virus de por vida, le pregunté al Dr. Peter Hotez, Director del Texas Children”s Hospital, que junto con nuestra compatriota Maria Elena Bottazzi han desarrollado la vacuna anti-COVID, “Corbevax”, ¿Parece que nos vamos a seguir infectando con este virus ya que ni las vacunas disponibles, ni el haber sufrido la infección natural evitan que nos infectemos con las subvariantes de Ómicron? Peter es una persona de mentalidad positiva y su respuesta fue; “Parece que la subvariante BA.4/5 se está extendiendo por todo el mundo y pronto todos los humanos del planeta estarán infectados, vacunados o ambos. Eso debería pasar antes del otoño, y entonces veremos qué pasa». Su respuesta no descarta la aparición de más variantes o subvariantes que puedan evadir la protección inducida por futuras vacunas.

En conclusión, nos seguiremos infectando con SARS-CoV-2, en su versión de subvariantes de Ómicron, independientemente que nos apliquemos 2, 3 o más dosis de las vacunas actuales. Los anticuerpos neutralizantes que induce una dosis de refuerzo decaen dentro de 6 a 8 meses y, además, los anticuerpos inducidos por el refuerzo ya solo nos protegen de la infección con un 50% de efectividad. Que nos volvamos a infectar es cosa de tiempo dependiendo del nivel de riesgo de cada persona. Los que usan mascarilla y evitan estar en concentraciones de personas en espacios cerrados tendrán un menor riesgo que las que no tomen medidas preventivas. Así de pragmático veo el futuro de la pandemia de COVID, especialmente cuando percibo que los gobiernos y la población en general ya decidió darle vuelta a la página. La decisión es convivir con el virus, las infecciones aumentarán y, como resultado, también las muertes, aunque en mucha menor cantidad que durante lo fuerte de la pandemia en 2020. Queda por verse a futuro, entonces ¿Que secuelas nos dejará tanta infección y tanta vacunación que hemos soportado durante dos años y medio de pandemia? ¡Esperemos unos 20 años y entonces veremos qué pasa!

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