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COVID-19. Cuatro intervenciones para frenar la pandemia

Humberto Cosenza Jiménez, PhD
Inmunólogo Director,
“Centro de Inmuno-Diagnóstico Especializado (CIDE)”

Aunque anteriormente, mis artículos en Proceso Digital han sugerido varias intervenciones que he considerado oportunas para hacerle frente a la pandemia del COVID, en vista a los recientes acontecimientos relacionados con la aparición de variantes del virus, del inicio de vacunación de la población y de las incertidumbres que la evolución de la pandemia plantea, considero oportuno sugerir puntualmente cuatro intervenciones que deberíamos considerar implementar, pues todavía estamos a tiempo, para tratar de revertir el resurgimiento del número de infecciones que se están presentando en la actualidad, ya que no se puede esperar mejores resultados “haciendo más de lo mismo”. A continuación, las enumero.

Implementar de rutina la prueba rápida de hisopado de antígeno para la detección de personas infectadas sintomáticas y asintomáticas.

Desafortunadamente, desde un inicio se tomó la decisión de atender la enfermedad basada en predicciones alarmistas de llegar a tener 40,000 muertes por la pandemia y se invirtieron los pocos recursos que teníamos en la compra de hospitales móviles que nunca funcionaron; recursos que se debieron haber invertido, en su mayoría, en el diagnóstico de la infección que es la que causa la enfermedad y termina enviando a las personas al hospital. En otras palabras, como de costumbre, ¡nos concentramos únicamente en atender la enfermedad y descuidamos la prevención de su causa!

Para empeorar la situación, también desde un inicio se decidió, y se continúa usando únicamente la prueba de PCR para diagnosticar la infección sabiendo que por su costo y por ser una prueba confirmatoria de alta complejidad, la misma no era la más adecuada para llenar la necesidad de detectar, con aceptable sensibilidad y especificidad, a los infectados sintomáticos y asintomáticos que son los que propagan la infección. Al inicio de la pandemia PCR era la única prueba en el mercado para detectar la presencia del virus, pero a mediados de junio del 2020 ya estaban disponibles en el mercado pruebas rápidas para la detección de antígenos del virus que detectan el 85% de los infectados en la fase aguda de la infección, que es cuando las personas son más infecciosas por tener una alta carga viral. Hoy en día, las mejores pruebas rápidas de hisopado de antígenos tienen la capacidad de detectar, tan poco como el equivalente de PCR de 100,000 copias del virus, son baratas, dan un resultado en 15 minutos, se pueden implementar en todos los triages. Además, realizando el hisopado 3 veces durante 2 semanas se puede captar a personas altamente infecciosas y determinar cuando la persona ya no tiene virus detectable y, por lo tanto, es poco infecciosa. Igualmente se pueden usar para monitorear, durante 2 semanas, si personas que han tenido contacto con individuos infectados se infectaron, de tener 3 hisopados de antígeno negativos es casi seguro que no se infectaron y no van a propagar el virus.

Vacunar primero a la población no infectada susceptible y después a las personas infectadas.

Analizando la pandemia desde su inicio hace más de 18 meses, la Universidad de John Hopkins contabiliza a la fecha más de 183 millones de personas infectadas en el mundo. Considerando que los infectados pueden ser sintomáticos y asintomáticos y, por lo tanto, llegar a desarrollar diferentes grados de inmunidad natural, era de esperar que, al infectarse por segunda vez, en aproximadamente un 20%, dichas personas terminarían nuevamente con síntomas graves o en cuidados intensivos y algunos morirían. Sin embargo, ¡eso no ha sucedido!, sugiriendo que la inmunidad inducida en las personas que se recuperan de la infección natural es muy robusta, duradera y protectora.

En la actualidad, lo que se consideró como una probabilidad está siendo confirmado por varias publicaciones en revistas científicas de renombre internacional que indican que la infección natural induce alta concentración de anticuerpos neutralizantes con células plasmáticas que residen en la medula ósea y muestran memoria de reconocimiento al virus muchos meses después de la infección. Asimismo, la infección natural induce una fuerte respuesta celular a nivel de células T que son las responsables de conducir la orquesta inmunológica, induciendo memoria duradera al virus. Aún más, la evidencia científica indica que personas infectadas que han recibido una sola dosis de la vacuna, muestran una respuesta inmune igual o mayor a las que reciben 2 dosis de la misma vacuna. ¿Qué más evidencia científica adicional necesitamos para deducir que las personas que se recuperan de la infección están protegidas de volver a infectarse y enfermarse? Por lo tanto, corren menos riesgo de enfermarse al esperar que el resto de la población sea vacunada.

Vacunar a toda la población con una sola dosis de la vacuna, lo más pronto posible.

Estamos en medio de una emergencia de salud pública de grandes proporciones donde debemos aplicar el criterio de proteger a la mayoría de la población y no a la individualidad. En la actualidad, la evidencia científica indica que, con al menos una dosis de la vacuna, la población queda protegida en un 75% de sufrir síntomas graves o de terminar en el hospital, mientras que los no infectados y los no vacunados tienen un riesgo del 100% de infectarse y terminar colapsando la capacidad de atención en nuestros hospitales, como ha estado sucediendo durante toda la pandemia.

Repito, estamos en una emergencia de salud pública donde “lo perfecto es enemigo de lo bueno” y deberíamos seguir la evidencia científica que indica que es mejor proteger a toda la población en un 75% en vez de proteger a unos pocos en un 95% y dejar al resto de la población desprotegida, corriendo el riesgo de enfermarse y morir.

En circunstancias que lo ameriten, mezclar la marca de la vacuna de la primera y segunda dosis.

Algunos de mis lectores calificaron de muy “atrevida” mi sugerencia que, basado en conocimiento de cómo funciona el sistema inmune, me atreví a proponer que si por alguna circunstancia nos quedarnos sin suficiente dosis de la primera vacuna aplicada, podríamos elegir cualquier otra marca para la segunda dosis sin comprometer el nivel de protección”, como lo mencioné en mi artículo de marzo pasado titulado; COVID-19. ¿Vacunas, una escogencia de selección múltiple?

¡Pues da la casualidad que ahora nos encontramos en dicho dilema! Resulta que personas que se vacunaron con la primera dosis de Sputnik V corren el riesgo de no tener acceso a la segunda dosis, ya que Rusia tiene una emergencia nacional y ha decidido utilizar toda la producción para vacunar a su población. La opción lógica es aplicarles una segunda dosis de Aztra Zeneca ya que ambas vacunas utilizan la misma plataforma de adenovirus para inducir en las células del cuerpo la producción de la proteína “Spike” del virus que a su vez estimula la producción de anticuerpos neutralizantes e inmunidad celular. Aún más, estudios recientes en España e Inglaterra indican que al vacunar con Astra Zeneca en la primera dosis y con Pfizer o Moderna en la segunda dosis, al cambiar la plataforma de la vacuna, la inmunidad inducida es más robusta que al vacunar con dos dosis de Astra Zeneca. De hecho, ¡recientemente la Primer Ministro de Alemania, Angela Merkel, decidió vacunarse con el esquema Aztra Zeneca y Moderna!

Considerando que todas las vacunas actualmente en el mercado, con excepción de las vacunas chinas, usan como antígeno únicamente la proteína “Spike” del virus, los anticuerpos que inducen solo reaccionan con dicha proteína, desde el punto de vista inmunológico, es lógico pensar que todas las marcas de vacunas se pueden mezclar sin reducción de la inmunidad inducida por la aplicación de dos dosis de la misma marca, y en algunos casos, como lo demuestra la mezcla de Astra Zeneza y Moderna, la inmunidad inducida es más robusta.

Finalmente, es importante mencionar que con la aparición de variantes del virus la efectividad de las vacunas actuales puede disminuir. Hasta la fecha, la evidencia científica indica que la mayoría de las personas vacunadas con dos dosis siguen teniendo niveles altos de protección contra las variantes. Adicionalmente, hay que tener en mente que en lo que resta del año, y con seguridad durante próximo año, estarán disponibles vacunas proteicas que usarán como antígeno únicamente la parte de la proteína “Spike” que hace contacto con el receptor celular ACE2, es decir el Dominio de Unión al Receptor, o en inglés el “Receptor Binding Domain” (RBD) que es la única porción de la proteína “Spike” que induce anticuerpos neutralizantes. Es muy probable que dichas vacunas proteicas reemplazen a las vacunas en base a mARN y vectores virales, con un alto perfil de seguridad y eficacia, como también mayor costo-beneficio.

El propósito de sugerir estas cuatro intervenciones es frenar la pandemia y ponerlas “sobre la mesa” de discusión para considerar su riesgo-beneficio y dar inicio a un debate público basado en evidencia científica y no en especulaciones o en teorías conspirativas pues, es evidente que no debemos esperar mejores resultados “haciendo más de lo mismo”.

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