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Conversaciones con un padre: ¿Por qué en Honduras jugamos fútbol y en Nicaragua beisbol?

Jp Carias Chaverri

En este espacio imaginario en el que el escritor e historiador Marcos Carías Zapata (QDDG) es el invitado especial, nos figuramos que le lanzamos esta, al parecer, simple pregunta que tiene una explicación, en realidad, bastante compleja.

E imaginamos que don Marcos nos responde: Tiene el asunto que ver con el modelo de intervención de Estados Unidos en cada país. Eran tiempos del big stick y de la diplomacia del dólar en América Central y el Caribe y este era el esquema del Tratado Paredes-Knox, impulsado en 1911 por el gobierno de USA y propuesto al gobierno hondureño de Miguel R. Dávila con el apoyo de JP Morgan y Washington Valentine, gerente de la Rosario Mining Co.

“El esquema era así: Honduras era una nación deudora. Le debía a Inglaterra entre capital e intereses acumulados y casi nunca honrados durante una treintena de años, tanto como tres veces el monto inicial de dos millones y medio de libras esterlinas, sobre un préstamo para construir su ferrocarril interoceánico.

A la salvación del insolvente país viene la poderosa banca J.P. Morgan de Estados Unidos. Ella le pagaría a Inglaterra y sobre todo a los tenedores de bonos, pequeño-mediano burgueses británicos acostumbrados a jugar y ganar en la bolsa de los negocios de ultramar (ferrocarril de Argentina y de la India), aunque los que habían invertido en el negocio de Honduras se consideraban, con justa razón, estafados, nuca recibieron un chelín.

La tabla de salvación aportada por Morgan permitiría, además, proseguir con el viejo sueño de tener un tren de mar a mar… dándole, o más bien, ratificándole el usufructo del tren a la Rosario Mining Co.

Honduras respondería a sus nuevos acreedores con el producto de sus aduanas… que pasaría a control directo de Morgan y asociados, bajo la vigilante tutela del Departamento de Estado de los Estados Unidos, garante de que Honduras cumpliera cabalmente sus compromisos…

El expediente de controlar las aduanas para proteger los ingresos norteamericanos era justo el primer paso para meter los pies en los países del Caribe, al menor signo de incumplimiento. La República Dominicana lo supo. En 1905 firmó un contrato parecido y once años después la tenían ocupada los marines…

…con variables, lo supieron también Haití y Nicaragua (y antes Cuba y Panamá), naciones protectorados de las que, al retirarse los marines, tras algunos lustros de permanencia, a buen recaudo dejaron los engrosados intereses en manos de Guardias Nacionales hijas de los marines y de fieles compadres como los Trujillo y los Somozas, acérrimos partidarios del dólar y del garrote, cuidadores del patio trasero de Tío Sam.

Contra este tratado iban Samuel Zemurray y los empresarios bananeros a costa de irritar a Washington. Ya con suma perspicacia habían calculado que el futuro de su negocio descansaba en el uso por parte de las fruteras, y sin molestos controles, de las aduanas hondureñas para importar y exportar a gusto, a base de exenciones y prebendas (incluido el control del ferrocarril, por lo que apoyaron a Manuel Bonilla que derrocó a Dávila).

Tómese la respuesta como cuestión idiosincrática, porque de no haber triunfado las bananeras y haber entrado los marines, estaríamos jugando al beisbol, pero habiendo triunfado las bananeras, no los marines, se generó el espacio para que fuéramos otra culta y latina nación jugadora de fútbol”, (Carías Zapata M., 1999, p.41-42).

Y de los campos bananeros han salido en el pasado, además, varios de los mejores futbolistas del país que han nutrido la Selección Nacional, la cual, por cierto, como la mayoría seguramente sabe, estos días juega la Copa de Oro. Que el peso de la historia los acompañe.

  • Carías Zapata M., (1999): “Veinte Siglo Zorro, el burdel, la explosión”, Revista Milenio No.4.
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