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Causalidad y democracia eficaz

Roberto Flores Bermúdez

El estado de la República se puede ver desde dos perspectivas. La primera y más común es la de que “estamos como estamos” debido a quienes nos heredaron estas circunstancias. Se dice que los cambios que hay que hacer se ven obstruidos por los actos de los nos precedieron. Esta es una perspectiva lógica que se ve reiterada con la llegada de nuevas administraciones. Es lógica porque, en gran parte, las formas de gobernar anteriores generaron las condiciones del presente. Esto se califica como causalidad lineal. Lo que precede determina lo que hoy ocurre.

La segunda perspectiva es la de que “estamos como estamos” a causa de distorsiones en el sistema democrático, representativo y de participación ciudadana. A manera de ejemplo, la manera de elegir, los métodos de rendición de cuentas, la selección de los responsables de definir y ejecutar políticas públicas, el respeto a la complementariedad e independencia de los poderes del Estado, son todos y cada uno puntos de partida que, de estar desequilibrados, pueden conducir a una misma consecuencia: la gobernabilidad ineficaz. Esta perspectiva se identifica con la causalidad circular. Es decir, lo que hoy ocurre se debe a distorsiones en uno o varios de los puntos que componen el sistema democrático. Esta causalidad es estructural y se suscita desde varias décadas.

La teoría de sistemas, instituida en la primera mitad del siglo XX, abandera la causalidad circular como la dinámica que facilita el cambio y la evolución.  También explica la disfuncionalidad de un sistema. La capacidad de adaptación y de regulación respecto a nuevas circunstancias constituye la base de esa causalidad. Si cualquiera de los puntos mencionados se desestabiliza como, por ejemplo, la rendición de cuentas en una democracia, el sistema debería corregir esa anomalía para fortalecer el sistema en general. Lo mismo debería ocurrir con cualquier otro componente de esa causalidad circular.

Pero si el desperfecto no se corrige, esa situación puede afectar los demás elementos y desembocar en una entropía aguda del propio régimen. Para seguir con el ejemplo, si los métodos de rendición de cuentas no son los adecuados, o si la selección de los responsables de desempeñar el programa de gobierno no recae en personas idóneas, si hay vicios en la independencia de los poderes del Estado, se afecta la eficacia de la democracia.

Partiendo de la base que el fin supremo de la sociedad y del Estado es la persona humana, las posiciones y los intereses individuales deben dar lugar a la satisfacción de necesidades del colectivo hondureño. El logro de ese objetivo radica en un círculo democrático virtuoso con componentes equilibrados, cuyos desperfectos son capaces de corregirse y regularse a tiempo, y con complementariedad recíproca. Por eso estamos como estamos.

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