
Tegucigalpa. – El barullo político que vivimos nos arrastra a los periodistas a vivir en el día a día de la información, sin espacios a los reconocimientos o a las lecturas reposadas del entorno político local, regional e internacional que nos rodea. Y nos enteramos así del deceso de doña Yolanda Barahona de Suazo, una mujer extraordinaria, tejedora de sueños y redes por una Honduras más democrática, inclusiva y justa.
Fue una dama en todo el sentido de la palabra, diplomática de primera y amiga de sus amigos. La conocí en mis primeras incursiones en el periodismo en la agencia internacional de prensa Inter Press Service (IPS), una de mis mejores escuelas periodísticas. Ella siempre activa en los temas de justicia, reformas del Estado, valores democráticos y lucha anticorrupción.
Luego compartimos espacios en la creación del Foro Ciudadano—que aglutinaba a intelectuales, académicos, actores de sociedad civil y de derechos humanos que impulsó importantes espacios para abrir la discusión en el país de temas relacionados con la seguridad, el militarismo y la reforma del Estado—entre otros temas que permitieron colocar en el debate publico a la sociedad civil como un interlocutor válido dentro del llamado espacio cívico.
Con doña Yolanda Barahona recorrimos calles exigiendo reformas políticas que incluían una nueva forma de elección de la Corte Suprema de Justicia a través de una Junta Nominadora—que no existía—reformas al Ministerio Público, reformas en materia de seguridad ciudadana y de la policía, por citar algunos de esos esfuerzos. De lado de la academia acompañó los procesos de reforma universitaria en la UNAH y dentro de sus últimos aportes fue parte del primer estudio de convivencia democrática en Honduras elaborado por IFES, a cargo de la exrectora Julieta Castellanos y mi persona, junto a un Consejo Asesor de alta calidad profesional y ética. Ella fue parte de ese Consejo Asesor.
Ella siempre dispuesta a cooperar, a empujar procesos, a soñar con una Honduras mejor, convencida que en medio de las divergencias políticas o ideológicas en este país cabemos todos y que debía prevalecer el debate de las ideas y la democracia como la forma de gobierno.
Siempre admiré de doña Yolanda la defensa de sus ideas y de sus principios, incluso frente al partido al cual pertenecía: el Nacional. Era una mujer de valores que sabía guardar distancias y hacer repliegues oportunos, producto de la sabiduría y experiencia que dan los años. Respetuosa de las ideas, aunque no las compartiera.
De las últimas conversaciones que tuve con ella, mostraba su preocupación por el deterioro democrático del país, la polarización y la intolerancia política al experimentar cómo el país agotaba las instancias de diálogo y los ataques, descalificaciones y estigmatizaciones cerraban espacios a la construcción de avenidas para un mejor país. Los espacios se agotan, comentaba con lamento.
He sentido su partida porque no solo es de esas fuentes que conservamos los periodistas para consultas, también por sus consejos o miradas que ofrecía para poder manejarse en este país tan complejo de multicrisis.
Y vienen a mi memoria aquellas pláticas exquisitas con personajes de la talla de don Rigobero Sandoval Corea, Víctor Meza, Gustavo Adolfo Aguilar, Adolfo Facussé, Leticia Salomón, Julieta Castellanos, Ramón Romero, Eugenio Sosa, Mirna Flores y otros ilustres miembros del Foro Ciudadano, algunos de ellos que se nos adelantaron en el camino, otros librando sus batallas y aportes por una Honduras diferente. Esos tiempos ya no están, y esos espacios, cada vez son menos.
Personas como doña Yolanda Barahona de Suazo merecen estar en el sitial de reconocimientos en este país por su trayectoria y compromiso, por demostrarnos que los valores cívicos y democrático siguen siendo válidos y merecen ser rescatados para la Honduras democrática e inclusiva en la que todos soñamos.
Y deben ser reconocidos porque es una mujer que se abrió camino en un país hostil a las mujeres, y abrazó sus luchas por la democracia sin esperar reconocimientos o fanfarrias políticas, lo hizo por convicción y por principios. Honduras pesa menos con su partida, pero seguro su espléndida sonrisa acompañará siempre los esfuerzos y sueños que otros seguirán en su memoria. Mi solidaridad a su familia, el país ha perdido a una gran mujer.




