Tegucigalpa – El presidente hondureño, Porfirio Lobo, reiteró su respaldo a la Policía hondureña, que afronta presiones para brindar un trato diferenciado a diputados de este país centroamericano.
 

Tras acciones de los cuerpos de seguridad porque han tocado a diputados o sus redes cercanas, el gobernante, expuso como ejemplo el actuar de la Policía, a la que le adjudicó requerir a cualquier persona sin importar su rango o estatus.

El gobernante ilustró la urgencia social de acabar con los privilegios al indicar que muchos se amparan en el poder y de inmediato relató una historia que, según dijo, ocurrió en Colombia, entre policías de base, sus mandos superiores y un alto político.

Mientras participaba en la colocación de la primera piedra de lo que será una granja carcelaria en la norteña localidad de Naco, Cortés, el presidente dijo a su principal impulsor, el obispo Rómulo Emiliani: “así que monseñor, lo felicito, a la Fiscalía que sé que cada vez hace un esfuerzo mayor, al igual que a la Corte y lo que se ocupan es que todos estemos sintonizados y lograr que la justicia sea así como están haciendo los amigos de la Policía hoy, que no importa el color, ni la altura, igual lo van a detener si anda ebrio manejando, igual va ir allá no importa quien sea, si es diputado también”.

A renglón seguido Lobo relató: “¿ustedes saben lo que pasó en Colombia?, – pues haya detuvieron a un senador, le hacen la prueba de alcoholemia y andaba un poco pasado de copas, entonces le dice el senador a los policías que lo habían requerido: ¡ustedes no saben con quién se están metiendo! Y agarra el teléfono y llama al General que mandaba en la zona y quien a la vez habló con los policías y les dijo: ¡ustedes no saben con quién se están metiendo!, suelten a ese hombre.

Prosiguió relatando, “…bueno los soltaron, pero como los policías eran “pelis” lo estaban grabando, resulta que al día siguiente renunció el General y al Senador lo expulsaron”.

Luego de relatar la anécdota, el gobernante externó su reflexión al manifestar que “entonces en la medida que la ley sea de aplicación igual nadie tiene problemas”.

Esta semana el Congreso hondureño citó al ministro de Seguridad y al más alto jefe de la Policía, Pompeyo Bonilla y Juan Carlos Bonilla, respectivamente, para pedirles cuentas porque, según se quejaron, son hostigados por policías que les retienen.

Un contingente policial detuvo, a finales de julio, a la esposa de un diputado a quien se le incautó una millonaria cantidad de dinero. Posteriormente otros congresistas también han sido detenidos, como ocurre con cualquier ciudadano común, pero la acción es poco usual en Honduras, un país donde la impunidad es palpable.