Por Alberto García Marrder
Para Proceso Digital, La Tribuna y El País de Honduras
Un presidente inmerso en una guerra de la que no logra salir, de prometer borrar una generación milenaria en cuestión de horas (la iraní) y que, encima, se pelea con el Papa León XIV (no me gusta, “es muy liberal”), es preocupante.
Eso es lo que tiene en su mesa Donald Trump, aparte de la impaciencia de sus huestes republicanas por lo mal que va la economía y por los malos presagios sobre las elecciones de medio término del congreso, en noviembre.
El diario “The Wall Street Journal”, al que acudo ahora más que al “The New York Times”, revela que en tiempos de crisis, Trump se queda en la Oficina Oval hasta las dos de la madrugada, cansado de gritarles a sus asesores “move your ass” (“mueve el trasero”)
Otro presidente tiraría la toalla. Pero no Trump que quiere terminar su segundo mandato presidencial sin una guerra en marcha. Pero eso será imposible. Irán no se va a rendir, a pesar de los misiles y bombas. Y va a seguir utilizando el cierre del crucial Estrecho de Ormuz como arma arrojadiza. Donde Estados Unidos tiene un supuesto bloqueo naval.
Y sobre su creciente, y mutua enemistad, con el Papa, a quien él llama ser de “la izquierda radical” por pregonar la paz en Oriente Medio, es mejor que la de por perdida y que no insista. Son, eso sí, los dos son los estadounidenses más poderosos del mundo. Uno tiene más de 1,400 millones de feligreses en el mundo y el otro, unos 342 millones de población y dudosas creencias. El Papado es de por vida (70 años tiene ahora el ex de Chicago) y a Trump (79 años, el neoyorquino) le quedan apenas dos años en la Casa Blanca.
Y la última gracia de Trump es decir que Robert Francis Prevest es Papa“, gracias a mi” (¿y no al colegio de Cardenales que lo eligieron? Y otra más delicada: ha reproducido una imagen de Inteligencia Artificial donde aparece como un Jesús sanando a los enfermos, que luego fue retirada de las redes sociales ante el revuelo que causó.
Uno es soberbio y arrogante. El otro, intransigente en sus creencias religiosas y paciente. Uno tiene prisa, pero el otro no.

Trump tiene muchos frentes abiertos en casa, en momentos que baja su popularidad. Tiene que decidir en los próximos días si despide o no a varios de sus ministros, ya en la cuerda floja: son, el Secretario de Defensa (O de Guerra), Pete Hegseth, a Kash Patel, jefe de la Agencia Federal de Investigación (FBI) y a Tulsi Gabbard, responsable de Inteligencia.
Hegseth (un engreído ex presentador de la cadena favorita de televisión Trump, la Fox News) está llevando a cabo una purga de generales en el Pentágono, creando un malestar en el estamento militar en momentos que el país mantiene una guerra con Irán.
Patel, por su parte ha presentado una demanda por difamación contra el semanario “The Atlantic”, a quien le pide 250 millones de dólares por daños a su reputación.
La revista había informado que Patel tenía momentos de borracheras en sus momentos de trabajo y que le ha puesto protección oficial y un avión personal a su novia, una cantante. La publicación afirma que mantiene lo escrito ante una demanda “sin sentido”.
Gabbard, por su parte, está en la cuerda floja desde hace unos meses, y ahora por no investigar lo suficiente un supuesto fraude electoral en 2020, cuando Trump perdió unas elecciones presidenciales ante Joe Biden.
Entre las frecuentes demandas contra la prensa, destaca una reciente decisión de un juez de exonerar al diario “The Wall Street Journal” de pagar diez millones de dólares a Trump por una información que consideró difamatoria.










