Trabajo, Trabajo, Trabajo…

Julio Raudales

En el discurso posterior a su toma de promesa de ley, el Presidente fue enfático y consistente con la forma de expresarse que le ha caracterizado a lo largo de toda su vida pública. Más que ofrecer con claridad una agenda de acciones específicas, dijo que es indispensable “ponernos a trabajar con denuedo y humildad”.

Suena muy bien como eslogan. Pero vale la pena preguntarse si eso es todo; ¿Será suficiente solo con trabajar mucho?, ¿No será mejor hacerlo con un conocimiento claro de cual debería ser el curso de acción si es que queremos resolver con mayor eficiciencia los graves problemas que atraviesa el país?

Días despues, uno de sus colaboradores tuvo la oportunidad de explayarse afirmando que “se debe aumentar el ingreso nacional y al mismo tiempo, procurar que ese aumento se distribuya equitativamente entre pobres y ricos”.

Pero ¿cómo hacerlo?, ¡ese es el gran problema! Porque en Honduras, cada cuatro años, se ensaya una nueva forma de distribuir el ingreso y lo que hemos obtenido es corrupción, vea Ud por ejemplo el caso SEDESOL o el del IHSS. Programas como  “Vida mejor”, “Bono  Diez Mil”, “Red solidaria” y muchos más, son ejemplos de esfuerzos realizados en distintas administraciones, sin resultados efectivos para combatir la pobreza que sigue creciendo para desgracia de muchas familias.

Es cierto que Honduras cae dentro de la infame calificación de país muy inequitativo. Somos, de acuerdo a estudios internacionales serios, uno de los cinco países con peor distribución de ingreso en Latinoamérica. Para ilustrarlo de manera sencilla, si en Honduras vivieran solo mil familias y la suma del ingreso de todas ellas en un año fuera 1,000 dólares, 600 de estas familias tendrían que repartirse apenas 140 dólares, mientras que solo 100 familias tendrían 650 dólares. Esto es realmente muy grave y definitivamente hay que hacer algo para revertirlo. ¿Pero Cómo?

¡Y para rematar: Tampoco crecemos mucho! ¡Es necesario producir más! Otra vez, la pregunta es: ¿Cómo?

La ciencia económica y la experiencia exitosa de muchos países, muestran al menos cuatro elementos que la nueva administración debería considerar si es que desea realizar con éxito su trabajo:


Primero, no se pueden infringir las leyes del mercado sin incurrir en costo. El cuerpo social, al igual que el cuerpo humano, tiene sus normales equilibrios y desequilibrios y ambos reaccionan a interferencias de cuerpos extraños y al manoseo, siendo indispensable que el manipulador (gobierno) conozca su funcionamiento para así evitar empeorar la situación.

Segundo, el dinero “bien ganado”, bien ganado es; pero, como sabemos, la solidaridad espontanea de la gente no es suficiente para mitigar el sufrimiento de los mas pobres. Por ello, el Estado tiene el deber de “obligarnos” a serlo con impuestos “equitativos”, que no afecten mayormente nuestros esfuerzos para trabajar, ahorrar e invertir, so pena de matar la “gallina de los huevos de oro”.

Tercero, es importante de que los impuestos se usen para invertir en “capital humano” -especialmente en la niñez- lo cual permite que cada uno pueda vivir con sus medios cuando sean adultos, disminuyéndo con ello la necesidad futura de tener que ser solidarios con una proporción tan alta de la población. Es decir, un gasto público eficiente hoy, hará que paguemos menos impuestos en el futuro.

Cuarto: Un país crece porque sus familias se hacen más “ricas” en función de las facilidades y la libertad que su entorno social, económico y político le da para autodesarrollarse y rendir el máximo de sus potencialidades.

¡En fin!, que gran parte del reparto del pastel debe hacerse conforme a las leyes del mercado, siendo una “excepción a la regla” la ayuda y buenos proyectos y programas que benefician a los que por motivos históricos, políticos y otros, viven en condiciones de pobreza extrema.

Desconocer la importancia de las leyes del mercado con el propósito de distribuir todo con equidad, encierra peligros reales para el desarrollo del país. Quizá solo con que los empresarios y trabajadores no logren predecir qué medidas tomará el gobierno para imponer su concepción de lo que es equitativo, verán afectadas sus decisiones de ahorro e inversión para mejorar sus niveles de vida con su propio esfuerzo, superación y perseverancia.

Así que mucho ojo: el éxito económico de un país no depende de cuanto más el gobierno trabaje para mejorar la vida de la gente, sino de cuanta libertad les permita para mejorar por su cuenta. Una buena política económica y social no es la más esforzada y solidaria, sino la más inteligente.

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