Sin miedo a gastar

Julio Raudales

El país sigue sin rumbo. Lo más triste, es que ni siquiera nos decidimos a resolver los problemas cuya solución nos pudiera despejar la nebulosa que se cierne frente a nosotros y nos impide ver donde pisamos. Cortes diarios en la energía eléctrica, tan necesaria para asegurar una producción estable, apenas el 20% de la gente tiene acceso completo a un sistema de agua potable y solo una de cada 10 personas perviven con un desagüe para eliminar sus excretas.

¿Cómo no se va a enfermar la gente? ¿Entendemos ahora por qué los trabajadores no rinden en sus puestos? ¿Queda alguna duda de la razón por la que somos el país con la más baja productividad en el trabajo y la sociedad con el mayor índice de infelicidad en Latinoamérica?

Sin embargo, los medios de comunicación apuntan sus críticas hacia el lado equivocado. Por ejemplo, a propósito de que entramos a la segunda mitad del año, los foros de radio y televisión, los posts en la red e incluso los informes de algunos centros de estudio, se centraron en la supuesta baja ejecución del presupuesto que fue aprobado en el reciente abril.

En efecto, un 40% del total del gasto corriente que debería gastarse a diciembre y una tercera parte del programa de inversión ejecutada, despiertan la sospecha de que la actual administración podría no cumplir con lo que presupuestado para 2026. ¡Pero esto no está del todo mal!  Si comparamos estas cifras con lo hecho por el gobierno anterior, pareciese más bien que estamos siendo mucho más eficientes.

Para el caso, el 30 de junio de 2022, es decir, hace exactamente 4 años, la entonces recién estrenada administración de Libre había ejecutado apenas un 7% del gasto de inversión planeado y, para el resto del cuatrienio las cosas no cambiaron notoriamente.

 A pesar de su discurso socialista y la supuesta propensión de los políticos de izquierda a gastar más y buscar una mayor acción estatal en la prestación de servicios públicos, el gobierno de doña Xiomara brilló por su incapacidad a la hora de ejecutar su presupuesto.

De hecho, cualquier observador objetivo podría decir que el gobierno de la señora Castro era más cercano al sueño de Callejas, Maduro e incluso Reagan que cualquier otro conservador latinoamericano. En 2025 los amigos de Libre lograron lo que ningún cachureco: cerrar con superávit fiscal. Pero no se debió a su eficiencia o a su convicción libertaria, ya nos reveló don Roberto Lagos, que se pusieron a monetizar las Reservas Internacionales del Banco Central, con lo cual generaron más ingresos para el gobierno, sin tener un mecanismo adecuado para gastarse esa plata de forma eficaz. Resultado: Inflación elevada y menos servicios adecuados para la población.

Sin embargo, nada parece indicar que las cosas van a mejorar ahora. Es cierto, la ejecución presupuestaria va por mejor ruta que antes y que además, los ejecutivos de la actual administración parecen tener una mejor intuición acerca de lo que es bueno para el país. Pero de nada servirá si no se tiene un entendimiento claro sobre la forma de hacer que los servicios públicos generen los incentivos adecuados para que el tinglado social funcione de manera eficaz.

Hay 3 puntos que deberían tenerse en cuenta para lograr resultados adecuados: enfoque sectorial, cultura de evaluación y descentralización.

Lo primero, es diseñar y ejecutar programas sectoriales dirigidos a los temas clave, digamos, concentrarse en 4 o 5 sectores prioritarios con objetivos, metas e indicadores de gestión y cumplimiento bien definidos. Energía, seguridad, salud educación y agricultura pueden ser un buen inicio para discutir.

Lo segundo es hacer una programación de los mismo con una visión de largo plazo y diseñar un sistema de evaluación de la gestión que permita visualizar los cambios que sea necesario hacer dadas las posibles contingencias. Se trata entonces de disminuir al máximo los riesgos y de asegurar la rentabilidad social de dichos programas.

Por último, la ejecución debe descentralizarse al máximo. La experiencia demuestra que solamente la delegación de los servicios públicos en ejecutores que tengan un interés claro en que los mismos sean de calidad, es que se puede lograr la satisfacción total de la ciudadanía. la gobernanza es bastante más que medir si el dinero se gasta o no. Se trata de hacer partícipes a los beneficiarios para que la democracia tenga sentido. Solo así podremos dar el salto que necesitamos para tener la Honduras a la que aspiramos.  

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