Tegucigalpa (Especial Proceso Digital Lilian Bonilla) – Una sequía prolongada, junto a una red de transmisión obsoleta que opera al límite, sumada a una creciente demanda de capacidad firme disponible ha generado una tormenta perfecta en el sistema eléctrico y para lo cual la única salida viable es la aprobación de la reforma energética que se encuentra en el Congreso Nacional.
– A las millonarias pérdidas de la ENEE se suma potencia firme insuficiente y transmisión colapsada, el rescate del sector energético no puede seguir postergándose.
– CN y ENEE acuerdan solucionar problema de apagones en zona sur en los próximos 15 días.
Los problemas estructurales han desatado el temor a apagones y racionamientos más severos, preocupación que externaron los líderes empresariales de la pequeña y mediana empresa de la zona norte, así como ciudadanos de los sectores más alejados de los principales centros urbanos.
Para ello, el gobierno, con el respaldo de organismos internacionales, las cámaras empresariales de todo el país y organismos de la sociedad civil, ha propuesto una reforma energética que escindirá la actual Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) en tres empresas independientes, generación, transmisión y distribución, pero todas bajo control estatal. Dichas empresas también operarían bajo un marco legal, similar a las del sector privado.

Déficit energético
Especialistas del sector advierten que Honduras podría enfrentar un déficit energético cercano a los 1,000 megavatios (MW) hacia 2030 si no se concretan nuevas inversiones en generación, transmisión y reducción de pérdidas. La situación, aseguran, amenaza con profundizar la fragilidad del Sistema Interconectado Nacional (SIN) y provocar interrupciones más frecuentes y extensas del servicio.
Actualmente, la demanda nacional ya alcanzó picos de 2,133 MW, mientras la disponibilidad ronda apenas los 2,200 MW, dejando un margen crítico de apenas entre 60 y 70 MW. Técnicos del sector consideran que el sistema prácticamente opera “sin colchón de seguridad”.
Ese déficit ya estaría siendo cubierto mediante cortes programados de energía que, según analistas y operadores, en la práctica constituyen “racionamientos disfrazados”, mismos que incluso superan las ocho horas y prácticamente se han normalizado entre la población en unas regiones más que otras como la zona occidental, norte y el sur de Honduras.
El presidente del Sindicato de Trabajadores de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (STENEE), Miguel Aguilar, en entrevista con Proceso Digital, advirtió que la sequía, las altas temperaturas y la sobrecarga en transformadores ya están provocando afectaciones en distintas zonas del país.
Explicó que la salida de la central hidroeléctrica Patuca ha generado inestabilidad y necesidad de voltaje, mientras que la generación disponible en Juticalpa resulta insuficiente y costosa para atender la demanda.
Asimismo, señaló que regiones como la zona del Aguán y sectores del occidente enfrentan constantes problemas debido a circuitos lejanos, caída de voltaje y falta de nuevas líneas de transmisión.

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Aguilar agregó que la crisis energética podría agravarse en las próximas semanas debido al incremento sostenido en la demanda eléctrica y las dificultades financieras de la ENEE para adquirir combustible destinado a la generación térmica.
De igual manera, indicó que, aunque las proyecciones oficiales estiman una demanda de 2,167 megavatios, esta podría superar los 2,200 megavatios; sin embargo, aclaró que el déficit real no siempre se refleja en el sistema, ya que los transformadores y líneas se disparan por sobrecalentamiento. En ese contexto, señaló que la única esperanza es que llueva próximamente y que las lluvias permitan recuperar los embalses y mitigar parcialmente la presión sobre el sistema eléctrico nacional.
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Licitación de 1,500 MW quedó en veremos
Uno de los temas que más preocupación genera es la decisión de postergar hasta 2027 la licitación internacional de 1,500 MW de nueva capacidad de generación, considerada por expertos como el proyecto más importante para garantizar la expansión energética del país durante la próxima década.
La Comisión Reguladora de Energía Eléctrica (CREE) había aprobado en junio de 2025 las bases de licitación y ese mismo mes se lanzó la convocatoria internacional bajo el esquema de subasta inversa. Posteriormente, en febrero de 2026, la ENEE extendió los plazos para recepción de ofertas técnicas y económicas argumentando la necesidad de garantizar mayor concurrencia de inversionistas.
Sin embargo, la nueva postergación ha despertado suspicacias dentro del sector energético.
La versión oficial sostiene que el retraso responde a un -rediseño técnico del proceso-, pero especialistas consideran que la ampliación del cronograma podría abrir espacio para recurrir nuevamente a contrataciones directas o mecanismos extraordinarios conforme aumente la presión sobre el sistema eléctrico nacional.
La preocupación crece porque el país sigue sin incorporar suficiente potencia firme, es decir, energía realmente disponible durante las horas críticas de máxima demanda.
En este punto, Miguel Aguilar, consideró inaceptable el aplazamiento de la licitación de los 1,500 megavatios de energía, al señalar que Honduras necesita acelerar los procesos de contratación de potencia renovable bajo el plan indicativo de generación y expansión de transmisión.
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Sostuvo que el país no puede continuar con retrasos e improvisaciones en decisiones estratégicas, especialmente en momentos en que los altos precios de los combustibles impactan el bolsillo de la población y agravan la elevada deuda y pérdidas de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica.

El informe del Centro Nacional de Despacho (CND) sobre Potencia Firme 2025, el último disponible en la página de la ENEE, confirma el delicado momento que atraviesa Honduras.
El informe admite que el crecimiento sostenido de la demanda ha provocado déficits de capacidad durante amplios bloques horarios, obligando incluso a modificar los criterios técnicos para identificar las horas críticas del sistema.
Los especialistas insisten en que Honduras necesita urgentemente al menos 150 MW adicionales de potencia firme para reducir el riesgo de colapso operativo durante el verano.
“La capacidad instalada no significa necesariamente energía disponible”, advierten técnicos consultados. Honduras puede reportar más de 3,200 MW instalados, pero gran parte de esa energía no está disponible cuando el sistema realmente la necesita. Aunque la capacidad instalada del país alcanzó 3,275.8 MW en 2024, expertos recalcan que el verdadero desafío no es la cantidad instalada, sino la energía realmente firme y disponible durante las horas críticas.
Uno de los hallazgos que había llamado la atención en el informe del CND es el bajo aporte real de la energía solar durante las horas críticas del sistema. Casi todas las plantas solares del país aparecen con 0 MW de potencia firme, esto según expertos consultados es por falta de batería.
Esto demuestra que las horas de mayor exigencia ocurren principalmente al anochecer y durante la noche, cuando la generación fotovoltaica cae abruptamente.
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El Niño amenaza los embalses
El escenario podría agravarse con la llegada del fenómeno de El Niño y la reducción de lluvias.
Patuca III, una de las centrales hidroeléctricas del país, enfrenta vulnerabilidad debido a que no posee un embalse de almacenamiento, sino un sistema de regulación diaria o semanal. Técnicos del sector reconocen que el embalse “se vacía con facilidad”, obligando a una administración extremadamente racional del recurso hídrico, y como ya está pasando en la actualidad queda inoperativa si no hay agua y se dependerá de que llegue la lluvia.
La preocupación aumenta porque los niveles de temperatura continúan elevándose y podrían reducir aún más los caudales disponibles durante el verano.
Fuentes del sector también revelaron que una planta fotovoltaica instalada por la ENEE en la zona de Olancho que serviría para alternar energía con Patuca aún no puede operar debido a la falta de un transformador indispensable para integrarla al sistema, lo que agrava la situación en esa zona.
La red de transmisión: otro cuello de botella
El problema no es únicamente de generación. El sistema de transmisión eléctrica atraviesa una crisis igual de grave.
Expertos sostienen que Honduras ya no puede continuar operando con redes de 138 kilovoltios como columna principal del sistema, debido a que estas líneas se encuentran saturadas y limitan el transporte de energía entre regiones.
En años recientes, por ejemplo, parte de la energía producida en Pavana no podía trasladarse eficientemente hacia la zona norte por restricciones de transmisión.
Actualmente existen sobrecargas constantes en líneas y transformadores estratégicos, en algunas regiones del país donde incluso se limita la conexión de nuevos proyectos industriales.
Especialistas consideran urgente una expansión masiva de líneas de transmisión de 230 kilovoltios y una reingeniería integral de la ENEE; sino cada vez más los hondureños sufrirán apagones.
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Pérdidas multimillonarias y crisis financiera
El deterioro técnico se combina con un profundo problema que ya es conocido y es el financiero. El especialista en temas energéticos e investigador de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), Edgar Aguilar, en entrevista con Proceso Digital, señaló que la crisis de la ENEE obliga al Gobierno Central a transferir constantemente fondos provenientes de los impuestos de los hondureños, recursos que, afirmó, podrían destinarse a áreas sensibles como seguridad y salud. Además, indicó que la deuda de la estatal supera los 120 mil millones de lempiras, equivalente a una cuarta parte de la deuda pública del país.
Datos de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) indican que entre 2022 y 2025 el Estado transfirió 46,422.5 millones de lempiras a la ENEE para sostener su operación.
Y además la estatal requiere alrededor de 95 mil millones de lempiras en inversiones para fortalecer la distribución, transmisión y generación de energía, con el objetivo de garantizar acceso eléctrico a más de un millón de hondureños y reducir los apagones y altos costos del servicio.
Aseguró que una reforma estructural basada en la competencia, regulación sólida y manejo técnico profesional es la única vía para revertir la crisis financiera y operativa de la ENEE. En ese sentido, destacó que la propuesta “Potencia Honduras” plantea una hoja de ruta con cuatro acciones concretas a ejecutarse en un plazo de 48 meses, mediante las cuales el país podría alcanzar un ahorro fiscal acumulado superior a los 144 mil millones de lempiras en la próxima década y reducir en más de 99 mil millones la deuda acumulada de la estatal para el año 2035.
Las pérdidas eléctricas le cuestan al Estado pérdidas cercanas a 50 millones de lempiras diarios en energía consumida pero no pagada.
Mientras tanto, el consumo energético continúa creciendo aceleradamente. En 2024 la demanda máxima aumentó 7.1% y el consumo total de energía subió 7.2% respecto a 2023.
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Un sistema al límite
El panorama que describen técnicos y operadores es contundente, Honduras enfrenta una carrera contrarreloj entre el crecimiento de la demanda y la lenta expansión de su infraestructura eléctrica. El riesgo ya no es hipotético, enfatizan.
Con una licitación estratégica retrasada, embalses vulnerables a la sequía, una red de transmisión saturada y pérdidas históricas que cada día debilitan más financieramente a la ENEE, el país está nuevamente bajo la sombra de apagones más severos.
Y mientras las autoridades hablan de rediseños técnicos y planificación futura, el sistema eléctrico hondureño continúa operando peligrosamente cerca de su límite. LB












