Sequía, energía e inflación acorralan a hondureños

Tegucigalpa (Especial Proceso Digital/Por Lilian Bonilla) – Honduras enfrenta en 2026 una convergencia de factores que amenaza con profundizar la presión económica sobre miles de hogares, la amenaza de una prolongada sequía derivada del fenómeno climático El Niño, la fragilidad del sistema energético y el incremento sostenido del costo de vida.

Expertos advierten que estos tres elementos no actúan de manera aislada, sino que forman una cadena de impacto que golpea directamente la estabilidad económica y el poder adquisitivo de la población.

Afectación en cadena

La reducción de lluvias y las altas temperaturas registradas en distintas regiones del país, desde ya están afectando la producción agrícola, disminuyen las reservas de agua y presionan la generación hidroeléctrica, una de las principales fuentes de energía en Honduras. Menor disponibilidad de agua implica menos capacidad de producción eléctrica y mayor dependencia de generación térmica, históricamente más costosa.

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Ese escenario se traduce en mayores costos para el sistema energético nacional y aumenta la presión sobre la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), que además enfrenta pérdidas técnicas y financieras acumuladas que la mantienen en rojo, a lo que se suma la millonaria deuda con los generadores que sigue sumando, todo esto agravado por los altos precios de los derivados del petróleo debido al conflicto bélico del Medio Oriente.

Analistas sostienen que, si no se toman medidas preventivas, el país podría enfrentar nuevos incrementos en tarifas, subsidios más elevados y prolongados o incluso interrupciones en el suministro eléctrico, es decir los temidos apagones.

En la zona sur reportan la muerte de vacas ante el intenso verano.

Pero el impacto no termina en el sector energético. El encarecimiento de la electricidad y los combustibles repercuten directamente en la cadena de producción y distribución de alimentos, transporte y servicios. A esto se suma la reducción de cosechas provocada por la sequía, especialmente en granos básicos, lo que podría elevar aún más los precios de productos esenciales.

Para las familias hondureñas, el resultado es una pérdida progresiva del poder adquisitivo. Hogares que ya destinan gran parte de sus ingresos a alimentación y energía enfrentan mayores dificultades para cubrir necesidades básicas.

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Datos del Banco Central de Honduras (BCH) reflejan el impacto de los choques externos de oferta derivados principalmente de las tensiones geopolíticas internacionales, que han provocado alzas en el precio del petróleo en el mercado global. Este comportamiento repercute directamente en el costo de los combustibles, la generación de energía y el transporte, presionando los precios internos.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró en abril de 2026 un incremento mensual de 1.73%, mientras que la inflación interanual se ubicó en 5.56%, superior al 4.39% registrado doce meses atrás y temporalmente fuera del rango de tolerancia establecido por la autoridad monetaria de 4.00% ± 1 punto porcentual.

En este estudio el BCH señala que el 66.2% de los 405 bienes y servicios que integran la canasta del IPC reportaron aumentos de precios, evidenciando una afectación generalizada en la economía doméstica.

Juan Valladares, productor.

Incertidumbre climática

Productores agrícolas advierten que la falta de lluvias y las altas temperaturas ya están afectando la planificación del ciclo agrícola 2026. El dirigente del sector productor de granos básicos, Juan Valladares, expresó que muchos agricultores aún no deciden si sembrarán este año debido a la ausencia de sistemas de riego, falta de financiamiento y la inexistencia de garantías de precios para sus cosechas.

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La preocupación se extiende a todo el sector agropecuario. En la ganadería ya se reportan afectaciones por la reducción de pastos y la escasez de agua. El presidente de la Asociación de Ganaderos y Agricultores de Atlántida (AGAA), Margarito Vásquez, advirtió que las altas temperaturas y la falta de lluvias comienzan a impactar la producción de leche y carne en la zona norte del país.

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En el sur, el sector acuícola también enfrenta pérdidas, así lo dio a conocer el presidente de la Asociación de Pequeños y Medianos Acuicultores del Sur (Apemasur), Wilmer Cruz, quien alertó que las altas temperaturas hasta de 42 grados centígrados en la zona y el invierno tardío están provocando una elevada salinidad en las fincas camaroneras, generando mortalidad masiva del producto y severas pérdidas económicas para la industria.

Mientras tanto, desde la Federación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Honduras (Fenagh), Héctor Ferreira, en comunicación con Proceso Digital, dijo que “estamos preocupados pero debemos de ponernos alerta y comprometidos a trabajar para evitar pérdidas importantes”, al tiempo que llamó al sector a prepararse mediante medidas de adaptación como perforación de pozos, construcción de lagunas de almacenamiento de agua, almacenamiento de pastos y descarte de animales menos productivos y la reforestación.

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Cesar Quintanilla, experto en cambio climático.

“Súper Niño” amenaza a Honduras

Para el especialista en cambio climático César Quintanilla, Honduras enfrenta un escenario crítico por el avance del calentamiento global y la posible llegada de un fenómeno de “Súper Niño” a partir del segundo semestre de 2026, situación que podría provocar una reducción de hasta el 40% en el caudal de los ríos y una caída cercana al 50% en las lluvias a nivel nacional.

Quintanilla, en entrevista con Proceso Digital, alertó que el país ya experimenta temperaturas extremas y una disminución acelerada de las reservas de agua subterránea, reflejada en el descenso de los mantos freáticos y las dificultades cada vez mayores para encontrar agua en distintas regiones del territorio hondureño.

Según el experto, el fenómeno comenzaría a desarrollarse desde junio y para octubre existe una alta probabilidad de que evolucione a un “Súper Niño”, generando un fuerte estrés hídrico en gran parte del país, especialmente en las zonas sur, centro y occidente, donde el corredor seco ya presenta severos daños por largos períodos sin lluvias.

“El escenario puede ser de una sequía prolongada desde la canícula, afectando directamente los ciclos de siembra y cosecha, así como la reducción del cauce de los ríos”, señaló.

El especialista explicó que esta situación tendría un impacto directo en el sistema energético nacional, debido a la alta dependencia de Honduras de la generación hidroeléctrica. La disminución de los caudales podría traducirse en problemas de abastecimiento y mayores costos en la producción de energía.

Asimismo, advirtió que la crisis climática también amenaza la seguridad alimentaria del país. La alteración de los ciclos de lluvia reduciría considerablemente la producción de granos básicos, mientras que la escasez de agua y forraje afectaría la producción de carne y lácteos.

Coincidió con los expertos en temas energéticos que la crisis climática también tiene repercusiones directas sobre el sistema energético nacional. La disminución de lluvias afecta los embalses hidroeléctricos y obliga a incrementar el uso de generación térmica, mucho más costosa y dependiente del petróleo.

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El economista del Fosdeh, Mario Palma.

Mayor pobreza y crisis económica

El economista del Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras, Mario Palma, advierte que la inflación golpea con más fuerza a los sectores de menores ingresos, ampliando la desigualdad y elevando los niveles de vulnerabilidad social.

Palma, consultado por Proceso Digital, amplió que la combinación de sequía, aumento en los costos de generación eléctrica, crisis energética e inflación está poniendo en riesgo el poder adquisitivo de las familias hondureñas, especialmente de los hogares de menores ingresos.

Palma explicó que el acceso al agua se ha convertido en un factor determinante para la economía nacional, debido a que sectores estratégicos como la agricultura y la producción energética dependen directamente del recurso hídrico.

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“El agua es lo que en economía se conoce como un factor limitante. Aunque exista tierra, fertilizantes o inversión, si no hay agua simplemente no se puede desarrollar la actividad productiva”, por ello cuando se habla de sequía la situación se torna delicada, señaló.

Advirtió que la falta de agua incrementa los costos de producción, reduce los rendimientos agrícolas y amenaza la generación de divisas para el país, especialmente en momentos en que ya existe preocupación por posibles pérdidas derivadas del fenómeno de El Niño.

Palma también coincidió sobre el impacto en el sistema energético nacional, señalando que la energía es uno de los insumos fundamentales para las empresas y para el bienestar de los hogares hondureños, por lo que cualquier incremento internacional en los precios de los combustibles termina trasladándose a mayores costos de producción eléctrica y, posteriormente, a presiones inflacionarias.

El economista señaló que los conflictos internacionales, particularmente las tensiones en el Medio Oriente, están provocando aumentos en los precios de los combustibles a nivel mundial, situación que ya comienza a reflejarse en Honduras con mayores presiones inflacionarias y preocupa especialmente el incremento sostenido de los precios en los últimos meses.

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Concluyó en acuerdo con los demás analistas consultados que, si a este escenario se suma una sequía prolongada asociada al fenómeno de El Niño, Honduras podría enfrentar durante 2026 una combinación crítica de escasez de alimentos, incremento en las tarifas energéticas, caída en la producción agrícola y pérdida acelerada del poder adquisitivo, que pueden profundizar los niveles de pobreza y desigualdad.

En este contexto, expertos consideran urgente que el país impulse políticas integrales que incluyan inversión en energía renovable, reducción de pérdidas en la ENEE, fortalecimiento de la producción agrícola resiliente al clima y estrategias de protección social para las familias más afectadas.

La convergencia entre crisis climática, presión energética e inflación ya no es una advertencia futura sino una realidad palpable, que los distintos sectores productivos empiezan a reportar con tendencia a agravarse y los efectos se sienten en los bolsillos de la población. LB

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