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Señor Presidente Tito Asfura:

Abg. Ruth M. Lafosse

Permítame comenzar con algo sencillo y honesto, le llamo “Tito” porque así le llama la gente, es la manera en que un país habla de alguien que ha caminado entre su gente, se que hay otro en particular, pero este me parece más correcto por su investidura,  y que, después de muchos años de intentarlo, hoy carga sobre sus hombros una responsabilidad histórica.

Lo que hoy vive Honduras no es simplemente el resultado de una elección. Es la culminación de una de las lichas cívicas más duras y más decisivas de nuestra historia reciente. Durante todo este tiempo recien pasado cuatro anos, el país entero entendió que no solo estaba en juego un gobierno, sino algo mucho más profundo, la posibilidad misma de seguir siendo una República, de no perder nuestros valores, nuestra fe democrática y nuestra esperanza como nación.

En el centro de esa defensa estuvieron las instituciones electorales. Tanto el CNE como el TJE fueron sometidos a un asedio implacable, ataques externos, presiones políticas, persecución abierta desde el Ministerio Público y, lo más grave, intentos de sabotaje desde dentro por parte de algunos de sus propios miembros. Fue un verdadero cerco institucional. Un complot para quebrar la legalidad desde todos los flancos. Y, sin embargo, hubo personas que resistieron. Hubo mujeres que sostuvieron el proceso bajo una presión que pocos países soportarían, defendiendo no un cargo, sino un principio elemental: que el voto del pueblo no se negocia, no se manipula y había que sostenerlo para alcanzar la alternabilidad del poder publico.  

Alrededor de esa defensa institucional, se levantó una ciudadanía que ya no estuvo dispuesta a callar, hubo una voz cívica firme, cada vez más consciente de lo que estaba en riesgo. Las iglesias acompañaron ese clamor, la fe sostuvo lo que parecía quebrarse, y la esperanza dejó de ser un discurso para convertirse en entereza cotidiana. En ese mismo espíritu, varios espacios de comunicación y programas de debate cumplieron un papel decisivo al sostener, día tras día, un mensaje simple pero fundamental, “ Tu voto cuenta” ” Todos a votar”  Esa pedagogía cívica permanente ayudó a que miles de hondureños no se resignaran y entendieran que participar también era una forma de defender la democracia.

El mundo también lo entendió así. La OEA, la Unión Europea, el gobierno de los Estados Unidos, algunos de sus congresistas, su voz fuerte y decidida, el Embajador de Francia en Honduras, de forma especial albergo a una Consejera que arriesgaba la vida por sotener la voluntad del pueblo, todos ellos  siguieron de cerca lo que ocurría en Honduras, porque ya no se trataba de una simple disputa política. No estaba en juego una ideología contra otra,  estaba en juego evitar que el país cayera en un abismo donde el crimen organizado, el trafico de drogas,  y el poder sin límites terminaran por apropiarse de la nación, de nuestros hijos y de nuestro futuro.

En medio de este escenario usted llegó hasta aquí. No por casualidad ni por atajo. Su triunfo es también el resultado de años de perseverancia, de insistir cuando muchos creían que ya no había espacio, de volver a intentarlo cuando las circunstancias parecían cerrarse. Esta victoria no es solo electoral, es la confirmación de una trayectoria política que supo resistir, esperar y construir, incluso en los momentos más adversos.

No podemos negar que como país cargamos errores del pasado. Errores que profundizaron nuestras crisis políticas, económicas y sociales y que dañaron la confianza ciudadana. Pero lo más doloroso fue constatar cómo, en el momento más crítico, una parte de la justicia optó por el silencio o por la instrumentalización política. Ese silencio y a veces esa complicidad estuvo a punto de hacer colapsar por completo el Estado de derecho.

Hubo un instante en que la democracia ya no podía sostenerse solo con recursos legales, ni por ella misma, solicitamos auxilio. Fue entonces cuando, como sociedad, nos vimos obligados a recurrir al último dique constitucional. Y la respuesta llegó. Las Fuerzas Armadas, afirmaron con claridad que cumplirían lo que manda la Constitución y la declaratoria del CNE. Ese acto cerró la puerta al abismo y evitó una ruptura irreversible.

Hoy estamos aquí,  cansados, golpeados, pero de pie. No celebrando solo un triunfo electoral, sino la posibilidad de seguir siendo país,de seguir siendo libres dentro de nuestra debil democracia. Y también con una nueva conciencia ciudadana, dispuesta a respaldar a su gobierno cuando sea para el bien de Honduras, y decidida a señalarlo con firmeza cuando el camino se aparte del interés nacional.

Le deseamos sabiduría, fortaleza y la guía de Dios. Que gobierne con integridad, con honestidad y con conciencia histórica. Porque después de todo lo que hemos vivido, Honduras no puede permitirse volver a perderse.

Felicidades, señor Presidente.
Su mayor victoria empieza hoy, estar a la altura de un pueblo que aprendió a defender su democracia.

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